El sueño de una vivienda para las masas

Por Anne Wheeler (publicado el 9 de septiembre de 2009)

 

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/story/3683.

 

“Vivienda asequible” es un viejo eslogan e incluso un digno objetivo. Estuvo a nuestro alcance hace poco tiempo, al final de la crisis inmobiliaria, cuando las “McMansiones” podían comprarse a precios irrisorios. ¿Y qué hicieron los legisladores? Pusieron todos los medios posibles para elevar los precios tanto como fuera posible.

Si miramos atrás, podemos ver que hubo una vez un verdadero movimiento a favor de una vivienda masiva en propiedad.

Conduzca por cualquier barrio antiguo, de Berkeley a Chicago y sabrá lo que es un bungalow. Hay un gran porche en la fachada de una sencilla casa de un piso, cuyo ladrillo y madera combina con el paisaje que la rodea. Tiene ventanas de cristal de diferentes formas y colores.

Pero la misma belleza de estas casitas genera preguntas. Esos barrios los crearon trabajadores y oficinistas de fábricas, gente corriente de clase media y baja. ¿Cómo iban a poder pagar por los trabajos de carpintería y cristalería con sus sueldos relativamente bajos? ¿Qué pasó en los Estados Unidos de en 1920 que estas casas se extendieron como hongos por todo el país?

La construcción de esas casas deriva del movimiento Arts and Crafts, un grupo intelectual británico preocupado por la recuperación de la artesanía y de promover el amor a la naturaleza y el arte. Pero todo los que requiere tiempo, habilidad y esfuerzo también cuesta dinero, lo que ponía a todos estos objetos artesanos fuera del alcance del trabajador británico medio. El socialismo parecía la respuesta perfecta para este problema esencial, siendo el ideal que los trabajadores pudieran realmente permitirse esos trabajos. Sin embargo fue el capitalismo y no el socialismo el que hizo posible los ideales del movimiento a través del bungalow americano.

Cuando ahora pensamos en el “movimiento Arts and Crafts”, nuestra mente piensa inmediatamente en una lámpara o en una silla de roble, pero el movimiento se inició realmente como una organización social y política.

Sus fundadores, William Morris y John Ruskin , reaccionaron ante la ornamentación excesiva y el excesivo volumen de objetos que había normalmente en las viviendas victorianas.

Idealizaron a los artesanos medievales, creyendo que los males de las sociedad sólo podrían curarse volviendo a formas de producción previas a la Revolución Industrial.. Ruskin veía especialmente a los bienes producidos en fábricas como “fraudulentos”, inferiores en calidad y faltos de valor estético, privando al trabajador de cualquier placer en su creación.[1] Gustav Stickley, el famoso fabricante estadounidense de muebles, imaginaba que todos los materiales del hogar se harían a mano.[2]

Al menos nadie puede acusar a los fundadores del movimiento de Arts and Crafts de no practicar con el ejemplo: de hecho, William Morris llegó a cultivar las plantas necesarias para hacer sus tintes para los tejidos de sus tapices.

Parte del credo del Arts and Crafts era que incluso los trabajadores peor pagados tenían derecho a disfrutar de bellas artesanías en sus hogares.[3] O, como escribió Morris, “¿Qué negocio podemos hacer con el arte si no podemos compartirlo?”. Pero ¿cómo podrían ser accesibles a las clases inferiores esos jarrones, muebles, azulejos artísticos, papeles pintados, etc.?

Era un problema que ninguno de los miembros del movimiento podía resolver: la única gente que podía permitirse sus encantadores objetos hechos a mano eran los muy ricos. Al intentar resolver esta contradicción, acudieron al socialismo, la teoría económica que estaba entonces rabiosamente de actualidad. Sin duda en una sociedades la que todos recibirían un “salario justo”, los trabajadores podrían disfrutar por fin del arte igual que los ricos.

El propio Morris abandonó pronto la artesanía y se convirtió en el fundador de la Liga Socialista Británica, llegando a escribir su manifiesto. A pesar de los cientos de artículos y discursos, el pueblo inglés nunca apoyó los esfuerzos de Morris para poner en práctica sus ideas. Incapaz de comprometerse entre el socialismo y el arte, el movimiento Arts and Crafts simplemente no prosperó.

Pero cuando el movimiento Arts and Crafts llegó a América sufrió un cambio radical. Como la mayoría de los trabajadores americanos de inicios del siglo XX tenían mayores salarios que nunca, el socialismo no resultaba popular. En 1921, el Partido Socialista había descendido a 14.000 miembros.[4]

Sin embargo, a nivel humano la nación estaba lista para un cambio de estilo de las coloridas casas victorianas de estilo recargado que habían dominado hasta entonces la arquitectura estadounidense. Al buscar la próspera clase media, casas sencillas, prácticas y asequibles, nació el bugalow americano.

Sorprendentemente, lo británicos nunca pensaron en usar el bangla indio como modelo para casas pequeñas. Por el contrario, las constructoras americanas vieron su potencial.

El salario medio de un trabajador en 1920 era de 1489$ al año.[5] Sears and Roebuck Co. fue una de las primeras compañías en darse cuenta del enorme potencial de estas familias jóvenes y creo la casa en kit. Fue un producto brillante: una casa por 900$ que podía estar enviarse completa con marcos, paredes, aislamientos, luces, accesorios de baño, muebles de cocina… todo.

Mediante las instrucciones  alguien con cierta habilidad podía ensamblar todo por sí mismo, lo que ecaja exactamente con el ideal de la artesanía. Además, las casas estaban bien construidas. Estaban hechas de ladrillo sólido o piedra y sustentadas en vigas de madera consistente (esto era antes, cuando un dos-por-cuatro era rea realmente dos pulgadas por cuatro; vaya ahora a la tienda de bricolaje y mídalas).

Otras compañías se subieron al carro, añadieron más casas a sus catálogos y ofrecieron muchas opciones a las ya existentes. No importaba si se podía gastar 200$ o 2000$, había un kit de vivienda apropiado para cada uno.(6)

Imagínese: dos tercios del salario de un año compran la casa familiar. En nuestro mercado inmobiliario actual, la mayoría de las hipotecas se pagan en más de 30 años.

Las compañías de casas en kit se aseguraban de que las cosas siguieran siendo sencillas: sus vendedores distribuían coloridos y detallados catálogos con las diferentes plantas y extras opcionales. La clase trabajadora estadounidense compró los kits de bungalows por cientos de miles.

¿Pero para qué sirve si esas casas son sólo basura de aspecto barato? ¿Qué psó con la idea de proveer de arte a las masas? Bueno, durante los 1920 los constructores de viviendas tomaron muchas de las ideas de Arts and Crafts y las adaptaron para hacerlas viables.

Pensemos, por ejemplo, en la reverencia por los materiales naturales, especialmente los locales. Resulta que éstos son los más baratos. Puede costar menos usar piedras de río en California, ladrillo en el Medio Oeste y madera en la Costa Este, porque ésos son los materiales más fácilmente disponibles. Además, siempre que se usa piedra, arcilla o madera de la zona tiene buen aspecto: la casa se adapta a su entorno natural (un punto crucial en los escritos de Stickley).

Y en lugar de rechazar de plano el uso de maquinaria, los diseñadores de bungalows las usaron solamente para las partes repetitivas y que consumían tiempo en la creación, de forma que los artesanos tuvieran tiempo para la partes realmente artísticas; por ejemplo, esas hermosas puertas vidriadas de las vitrinas. El artesano creaba los diseños, elegía los colores que quería y luego simplemente dejaba que el cristalero realizara su trabajo. El resultado era una bella pieza e genuina artesanía que se veía perfecta en la ventana principal.

Ahora que la moda en los hogares se orienta hacia la simplicidad, las líneas limpias sin ornamentación se ven elegantes y sofisticadas. La moda ayudó a hacer las casas más asequibles.

La estandarización de los planos junto con las medidas de los materiales han supuesto mayores ahorros en los precios, al tiempo que dejan espacio a los gustos individuales de los propietarios. Cuando los planos especifican, por ejemplo, una vitrina para la vajilla en el comedor, el propietario puede optar por la madera tradicional del lugar o la caoba. Para las paredes puede elegir troqueles de tema hispano o un diseño geométrico de Frank Lloyd Wright. Para la pintura puede elegir tonos pastel o tierra. También puede añadir cualquier tipo de detalle espacial de artesanía a su bungalow por un pequeño precio adicional.

Es paradójico que los empresarios capitalistas tan denostados por el movimiento Arts and Crafts se convirtieran en sus salvadores. Las máquinas que los socialistas consideraban como la ruina de la tradición artística, conservaron todas las fabulosas telas de William Morris y los muebles de madera de Gustav Stickley para las casas de los trabajadores fabriles estadounidenses. Así que la próxima vez que pase por delante de uno de esos antiguos barrios de clase obrera, disfrute del arte y la artesanía de esos bungalows. La casa del sueño americano: obtenida a través del libre mercado.

 

 

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Ann Wheeler vive en Denver y trabaja como profesora de lenguas clásicas.



[1] John Ruskin, Unto this Last, 1860.

[2] En la revista The Craftsman.

[3] William Morris, Art and Socialism, 1884.

[4] www.marxisthistory.org

[5] Scott Derks, The Value of a Dollar, 2004.

(6) Rosemary Thornton, The Houses that Sears Built, 2004.

 

Published Tue, Sep 22 2009 10:00 PM by euribe