Desempleo masivo en nombre de Norma Rae

Por Doug French. (publicado el 22 de septiembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/story/3722.

 

Hace treinta años, Sally Field ganó el Óscar a la Mejor Actriz por su valerosa interpretación de Norma Rae, una trabajadora viuda de una fábrica textil de un pequeño pueblo del Sur. Incluso quienes no hayan visto la película completa han visto fotogramas o tráileres de una Field sudorosa de pie encima de un banco de trabajo mostrando sobre su cabeza un pedazo de cartón con UNION escrita en letras negras.

La escena representada ocurrió tal cual con la mujer que inspiró la película, Crystal Lee Sutton, que actuó en desafío después de ser despedida por copiar un folleto de la fábrica que reivindicaba que los trabajadores negros deberían llevar el sindicato del que ella, junto con el organizador Eli Zivkovich, estaban haciendo propaganda en la fábrica textil J.P. Stevens en Roanoke  Rapids, Carolina del Norte.

LaSra. Sutton murió el 11 de septiembre, víctima de un cáncer cerebral y los líderes sindicales están utilizando su muerte para renovar el interés por la Employee Free Choice Act (EFCA) [Ley de Libre Elección del Empleado]. Como la afiliación a los sindicatos de ha desplomado en el último medio siglo de más del 35% de todos los trabajadores en 1945 a poco más del 12% actualmente (y sólo un 7,6% si no se incluyen los funcionarios), los líderes sindicales ven la EFCA como una baza para incrementar la afiliación y así su influencia política.

A veces la prensa se refiere a la EFCA como la ley de “ver las cartas”, porque una disposición clave eliminaría el requerimiento de que los empleados elijan un sindicato como agente negociador mediante voto secreto. Pero si un sindicato es capaz de obtener firmas en cartas de autorización de la mayoría de los empleados, la EFCA obligaría a que el sindicato esté certificado por el National Labor Relations Board (NLRB) [Comité Nacional de Relaciones Laborales].

Por supuesto, los sindicatos pueden acosar a los empleados (y lo hacen) todas las horas del día y de la noche, coaccionándoles a firmar cartas de certificación. Un empleado asustado que sólo quiere que le dejen en paz, votaría algo muy diferente si le dieran la oportunidad de depositar su voto en secreto en lugar de tener dos matones a su puerta por la noche.

La provisión de ver las cartas de la ley a sido un pararrayos para las discusiones en las radios y televisiones de la derecha y el Invertor’s Business Daily informa de que el Senado esta proponiendo un acuerdo de compromiso que eliminaría esta provisión pero seguir “alcanzando los objetivos de los trabajadores”.

El Senador demócrata por Pennsylvania  Arlen Specter, que necesita desesperadamente el apoyo de los sindicatos para su reelección, dice que la EFCA no puede aprobarse sin incluir el sistema de ver las cartas. Pero la propuesta de Specter “enmendaría el mercado laboral requiriendo: elecciones con voto secreto más rápidas en los lugares de organización; mayores sanciones por despedir organizadores; dar a los sindicatos igual acceso a los lugares de trabajo sin las empresas hacen reuniones obligatorias sobre elecciones sindicales y arbitrajes obligatorios cuando nuevos sindicatos y empresarios no lleguen a un acuerdo cobre el convenio”, informa IBD.

Aunque los líderes sindicales insisten en que el sistema de ver las cartas debe incluirse los expertos laborales saben que la provisión de arbitraje obligatorio de la EFCA es mucho más dañina para los empresarios y, a su vez, para el empleo. Esta obliga a que el gobierno actúe tras 90 días y ponga de acuerdo al empresario y el sindicato si no se ha finalizado un convenio. El gobierno designaría un árbitro que impondría los términos de salarios y beneficios para la compañía para los dos próximos años.

Esencialmente, los sindicatos saben que el gobierno apoyaría su posición negociadora. Demandarían convenios escandalosos sabiendo que los árbitros del gobierno “dividirían al niño”, aunque los términos sean inviables para el empresario.

Así que puede eliminarse el sistema de ver las cartas, pero lo realmente venenoso para la economía reside en el arbitraje obligatorio que pondría al Tío Sam en todas las mesas de negociación del país.

La Sra. Sutton fue detenida por la policía tras su improvisada protesta en l fábrica J.P. Stevens. La Amalgamated Clothing and Textile Workers Union obtuvo el derecho a representar a los trabajadores. Pero el convenio tardó una década en negociarse. Y los líderes sindicales, como Leo Gerard, presidente de la USW International, pedía desesperadamente que el gobierno interviniera en las negociaciones. “[Los trabajadores] nunca pueden organizarse por las acciones agresivas e ilegales empleadas impunemente empresas que contratan consultores anti-sindicatos”, escribe Gerard en The Hill's Congress Blog. “Esto es trágico para los Estados Unidos, porque los buenos salarios en convenios fueron críticos para crear y son críticos para sostener a la clase media de la nación”.

El comentario del Sr. Gerard implica que lo que es bueno para los sindicatos es bueno para todo el trabajo. Por supuesto, no es cierto. “Nadie ha tenido éxito en el esfuerzo por demostrar que el sindicalismo pueda mejorar las condiciones y elevar el nivel de vida de quienes estén dispuestos a ganarse su salario”, escribió Ludwig von Mises.

En un momento en que las tasas de desempleo aumentan, el incremento de la sindicalización hará precisamente que la mano de obra sea mucho más cara, con la consecuencia de menos trabajadores contratados y más despidos. Incluso el crítico de cine del New York Times Vincent Canby reconocía en su crítica de Norma Rae en 1979, que la razón de que Crystal Lee Sutton tuviera un trabajo de 2,65$ por hora (más de 10,50$ de hoy en día) en la industria textil porque “el muy publicitado boom industrial en el Sur tras la Segunda Guerra Mundial fue en buena medida la consecuencia de las salarios más bajos (no sindicalizados) que alejaron a los fabricantes de estados del Nordeste y el Atlántico Central”.

Y lo mismo pasa hoy con las compañías no sindicalizadas Toyota, Hyundai y Kia que fabrican sus productos en el sur, mientras que las muy sindicalizadas General Motors y Chrysler sólo sobreviven en Detroit gracias al rescate del gobierno. La ciudad del motor lidera todas las áreas metropolitanas de más de un millón de población con un desempleo del 17,7% en julio. Y las noticias son igual de malas en “la nueva Detroit”, Las Vegas. El nivel de desempleo de agosto llegó aun récord histórico en la Ciudad del Pecado del 13,4%. Como Nevada es un estado con derecho al trabajo, pocos asocian a Las Vegas con los sindicatos, pero la Unión Local 226 de Trabajadores Culinarios tenía 60.000 miembros antes de que la economía se fuera la cuneta, llevando a Hal Rothman a describir a Las Vegas como “la ciudad más sindicalizada de los Estados Unidos” en su libro Neon Metropolis. Las tasas de desempleo de ambas ciudades son considerablemente superiores a la media nacional del 9,7%.

“La gran mayoría de los trabajadores estadounidenses se mantiene tercamente sin afiliarse a pesar de los esfuerzos de los sindicatos, el gobierno federal, su corte de intelectuales y los medios de comunicación de masa”, escribe Morgan Reynolds en Mises.org. pero si los grandes sindicatos y sus amigos en el gran gobierno consiguen su propósito, en nombre de Norma Rae, las Crystal Lee Sutton del mundo quedarán desempleadas.

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Douglas French es presidente del Mises Institute y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply. Es doctor en economía de la University de Nevada, Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su comité de tesis.

Published Wed, Sep 23 2009 12:50 PM by euribe