Emprendedores: Los verdaderos ganadores del “Nobel de la Paz”

Por Chris Brown. (Publicado el 2 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/story/3800.

 

Vivimos en tiempos ridículos en que se premia la buena apariencia para acciones malvadas. El Presidente Obama ha ganado el Premio Nobel de la Paz, mientras se intensifican sus esfuerzos de guerra. Pero quienes son verdaderos promotores de la paz necesitan atención, pues no es concebible que nunca reciban ese ostentoso reconocimiento por sus nobles esfuerzos. Esos individuos son quienes toman riesgos en un mundo de incertidumbre y ahorran o piden prestado para empezar un negocio. Esos emprendedores promueven la paz sirviendo a los consumidores mejor que el empresario vecino a través de transacciones voluntarias en el mercado, en lugar de la burocracia que manda en el gobierno.

Como parte de mis cursos sobre emprendimiento, tengo estudiantes que quieren empezar su propio negocio escuchando a nuevos empresarios comentar sus antecedentes, sus razones para empezar el negocio y sus esfuerzos para establecerlo. Los estudiantes normalmente encuentran fascinantes e inspiradores a estos oradores, pero también salen con una sensación del la enorme cantidad de esfuerzo, capital, riesgo e incertidumbre que implica empezar un negocio. Muchos de estos estudiantes  deciden que ya no quieren empezar su propio negocio. Se dan cuenta de que también los empresarios tienen un jefe: el consumidor. Mises lo expresó así: “La propiedad de los medios de producción no es un privilegio, sino una responsabilidad social”.

Un orador, que recientemente inauguró un pequeño restaurante mexicano (no son habituales en Australia), ahorró dinero durante 20 años y luego pidió un préstamo bancario de 1 millón de dólares australianos, con su casa y coche como garantías. Los retrasos en la aprobación por parte de los funcionarios de la administración significaron pagar una renta de 7.000 dólares al mes durante varios meses para un restaurante vacío. Este emprendedor dijo que tratar con la administración local fue la batalla más difícil y descorazonadora que tuvo que afrontar. (Obtener crédito de los bancos, dijo, no fue un problema).

Este emprendedor sigue trabajando siete días a la semana, desde la mañana hasta el anochecer para establecer su negocio. Después de seis meses y sin haber llegado a recuperar su dinero, se daba cuenta de que su negocio sólo valía las ventas del día siguiente. Como dijo Mises: “No hay seguridad y algo como un derecho a mantener cualquier posición adquirida en el pasado” (La acción humana).

Sabía que tenía que innovar continuamente mediante productos y servicios de mejor calidad, mejor gestión de las operaciones y los recursos y un precio más adecuado. También sabía que sus competidores cercanos intentaban hacer lo mismo.

Los estudiantes inevitablemente le preguntaron si lo haría de nuevo, sabiendo lo difícil que es establecer un negocio y después de ver contradichos algunos de los mitos que rodean al empresario mediante su experiencia. “Seguro”, respondió con confianza” “… si ves el riego quizá no deberías empezar el negocio. Estaba tan apasionado con la cocina mexicana que vi una oportunidad”. Este emprendedor estaba apasionado por servir a sus clientes comida mexicana, una acción tan simple, tan pacífica y tan lejana de la fuerza y la guerra.

Esos esfuerzos, en mi opinión, no es sólo que bordeen lo heroico, sino que son dignos de un nobel de la paz. No puedo sino apuntar qué absurdo es (en contraste con las acciones voluntarias, coordinadas y pacíficas de los emprendedores) que prácticamente cualquier burócrata político reciba un premio que nada tiene que ver con la paz. Son los aparentemente pequeños esfuerzos de millones de trabajadores y apasionados empresarios lo que hace difícil entender por qué un nobel de la paz siga dándose a quien vive de los frutos de los esfuerzos de los empresarios. No sólo el Presidente Obama depende de la fuerza de los impuestos para su posición, sino además decide cuánto y en qué debe gastarse con el dinero de los demás. El gobierno únicamente consume los esfuerzos y el capital de los individuos. Premiar a un burócrata político es añadir insultos al daño.

El Presidente Obama no sólo está en guerras en el extranjero en algunas naciones, también tiene guerras económicas con casi todas las naciones, incluida la suya, a través de barreras al comercio e inflación, que a menudo llevan a la guerra real. Ludwig von Mises tuvo gran lucidez en este aspecto. Mises advirtió la relación entre guerras comerciales con el extranjero y guerras con el extranjero. Cuando los países comercian libre y frecuentemente hay menos necesidad de protegerlos con soldados e ir a la guerra por los recursos. Cuando se permite a los empresarios la producción y el comercio, los incentivos económicos para iniciar la guerra y la conquista se minimizan. Mises expuso esta idea sucintamente cuando escribió: “La guerra es la alternativa a la libertad de inversión extranjera que realiza el mercado de capitales internacional” (La acción humana).

Murray Rothbard también reconoció los posibles resultados de la intervención política frente al proceso del mercado:

“Será casi inevitable para un mundo tan autista [el intercambio con coerción sin recibir nada a cambio] verse fuertemente marcado por la violencia y la guerra perpetua. Como cada hombre puede ganar de sus conciudadanos sólo a sus expensas, la violencia prevalecería y parece bastante posible que los sentimiento de mutua hostilidad fueran dominantes” (Hombre, Economía y Estado).

Contrastemos esto con la soberanía individual que se encuentra en el mercado. Los empresarios sólo obtienen beneficios ofreciendo algo que los individuos compren voluntariamente. Obviamente no pueden forzar a nadie a comprar su producto. Si supieran ex ante que su producto tiene una demanda garantizada, habría poco riesgo. Y si los empresarios no satisfacen al consumidor, obtienen pérdidas. Pérdidas constantes (sin apoyo gubernamental) llevan a los empresarios a dejar de realizar operaciones sin beneficio. Paradójicamente, el gobierno recompensa sus pérdidas con más fondos y trabajo.

Por el contrario, acerca de los beneficios sociales del proceso de mercado, Rothbard escribió:

“Por otro lado, en un mundo de cooperación social voluntaria a través de intercambios mutuamente beneficiosos, donde la ganancia de un hombre es la ganancia de otro, es evidente que se ofrece un gran espacio al desarrollo de la simpatía social y la amistad humana. Es la sociedad pacífica y cooperativa la que crea condiciones favorables para los sentimientos de amistad entre los hombres” (Hombre, Economía y Estado).

Cuantos más emprendedores puedan realizar acciones pacíficas y coordinadas que intenten satisfacer las demandas de los consumidores, menos probable será la guerra. Sin duda, los nobles emprendedores que contribuyen al intercambio pacífico y voluntario de propiedades como parte de proceso de coordinación del mercado son dignos de premios por la paz. Los burócratas políticos, que actúan como parásitos en la remuneración de estos emprendedores deberían ser descalificados por su propia naturaleza.

-------------------------------------  

Chris Brown es profesor en la Escuela Empresarial de los Graduados de Australia an la Universidad de Swinburne. También dirige el blog Austro-libertarian.

Published Tue, Nov 3 2009 2:20 PM by euribe