Propiedad privada y dinero en Aristóteles

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 7 de diciembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3902.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

 

Las opiniones del gran filósofo Aristóteles son especialmente importantes porque toda la estructura de su pensamiento tuvo una influencia enorme e incluso dominante en el pensamiento económico y social de la Alta y Baja Edad Media, que se consideraba a sí mismo aristotélico.

Aunque Aristóteles sigue la tradición griega de desdeñaba la búsqueda de dinero y era poco partidario del laissez-faire, expuso un argumento mordaz a favor de la propiedad privada. Quizá influenciado por los argumentos sobre la propiedad privada de Demócrito, Aristóteles realiza un ataque convincente al comunismo de la clase dirigente propuesto por Platón. Denunciaba el objetivo de Platón de la unidad perfecta del estado mediante el comunismo apuntando que esa unidad extrema va contra la diversidad de la humanidad y contra las ventajas recíprocas que todos obtienen a través del intercambio comercial. Luego Aristóteles hacía una comparación punto por punto de la propiedad privada frente a la comunal. Primero, la propiedad privada es mucho más productiva y por tanto lleva al progreso. Los bienes de propiedad en común de un gran número de gente recibirán poca atención, pues la gente principalmente atenderá a su propio interés y evitará cualquier tarea que puedan endosar a otros. Por el contrario, la gente dedicará su mayor interés y atención a sus propios bienes.

Segundo, uno de los argumentos de Platón a favor del propiedad comunal es que ésta lleva a la paz social, pues nadie envidiaría o trataría de apoderarse de la propiedad de otro. Aristóteles replicaba que la propiedad comuna llevaría a un conflicto continuo e intenso, pues cada uno se quejaría de que había trabajado más duro y obtenido menos que otros que han hecho poco y se llevan más del almacén común. Además, indicaba Aristóteles, no todos los crímenes y revoluciones se producen por motivos económicos. Como expuso agudamente Aristóteles, “los hombres no se vuelven tiranos para no pasar frío”.

Tercero, La propiedad privada está claramente implantada en la naturaleza humana: su amor a sí mismo, al dinero y a la propiedad están ligados en un amor natural a la propiedad exclusiva. Cuarto, Aristóteles, gran observador del pasado y del presente, apuntaba que la propiedad privada a existido siempre y en todas partes. Imponer la propiedad comunal en la sociedad sería olvidar la historia de la experiencia humana y lanzarse a lo nuevo y no intentado. Abolir la propiedad privada probablemente crearía más problemas de los que resolvería.

Finalmente, Aristóteles entrelaza sus teorías económicas y morales ofreciendo la brillante idea de que sólo la propiedad privada da a la gente la oportunidad de actuar moralmente, es decir, de practicar las virtudes de la benevolencia y la filantropía. La obligación de la propiedad privada destruiría esa posibilidad.

Aunque Aristóteles critica la avaricia, se opone a cualquier limitación (como la que defendía Platón) de la acumulación individual de propiedad privada. En su lugar, el educación debía enseñar a que la gente reprimiera voluntariamente sus deseos y eso les llevara a limitar sus propias acumulaciones de riqueza.

A pesar de su convincente defensa de la propiedad privada y su oposición a límites obligatorios a la riqueza, el aristócrata Aristóteles era tan completamente desdeñoso acerca del trabajo y el comercio como sus predecesores. Por desgracia, Aristóteles acumuló problemas para los siguientes siglos al acuñar una falsa distinción, proto-galbraithiana, entre necesidades “naturales”, que deberían satisfacerse, y deseos “no naturales”, que son ilimitados y deberían abandonarse. No hay ningún argumento razonable para demostrar por qué, como creía Aristóteles, los deseos cubiertos por el trabajo de subsistencia o trueque son “naturales”, mientras que aquéllos satisfechos por los mucho más productivos intercambios por dinero son ratifícales, “no naturales” y por tanto reprensibles. Los intercambios por ganancias monetarias se denuncian simplemente como inmorales y “no naturales”, en concreto actividades como venta al detalle, comercio al por mayor, transporte o contratación de mano de obra. Aristóteles tenía una animadversión especial contra el comercio al detalle, que por supuesto sirve directamente al consumidor, y al que le hubiera gustado eliminar completamente.

Aristóteles es poco consecuente con sus elucubraciones económicas. Pues aunque condena el intercambio monetario como inmoral y no natural, también alaba esa red de intercambios como mantenedora de la unidad de la ciudad mediante un dar y tomar mutuo y recíproco.

La confusión del pensamiento aristotélico entre analítica y “moral” también se ve en su exposición del dinero. Por un lado, ve que el crecimiento del dinero facilitaba en gran medida la producción y el intercambio. También ve que el dinero, el medio de intercambio, representa la demanda general y “agrupa a todos los bienes”. También el dinero elimina el grave problema de la “doble coincidencia de deseos”, en la que cada participante tiene que querer directamente los bienes de otro hombre. Ahora cada persona puede vender bienes por dinero. Además, el dinero sirve como almacenamiento de valor para ser usado en compras en el futuro.

Sin embargo, Aristóteles creo un gran problema para el futuro condenando moralmente el préstamo con interés como “no natural”. Como el dinero no puede usarse directamente y se emplea sólo para facilitar los intercambios, es “estéril” y no puede por sí mismo incrementar la riqueza. Por tanto la carga de intereses, que Aristóteles consideraba incorrectamente que implicaba una productividad directa del dinero, era duramente condenada como contraria a la naturaleza.

Aristóteles hubiera hecho mejor evitando esa precipitada condena moral y tratar de averiguar por qué, de hecho, los intereses se pagan universalmente. ¿No podría haber en ello algo “natural” en los tipos de interés después de todo? Y si hubiera descubierto la razón económica de la carga y pago de intereses, quizá Aristóteles habría entendido por qué dichas cargas son morales y no antinaturales.

Aristóteles, como Platón, era hostil al crecimiento económico y defendía y sociedad estática, lo cual se ajusta a su oposición a la búsqueda de dinero y la acumulación de la riqueza. La agudeza del viejo Hesíodo sobre el problema económico que significa la asignación de recursos escasos para la satisfacción de deseos alternativos fue prácticamente ignorada tanto por Platón como por Aristóteles, que en su lugar aconsejaban la virtud de rebajar los deseos propios para ajustarse a los medios que hubiera disponibles.

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Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.

Published Tue, Dec 8 2009 12:58 PM by euribe

Comments

# Murray, mi mentor intelectual

Wednesday, January 11, 2012 11:26 AM by Mises Daily en español

Por Gene Epstein. (Publicado el 7 de abril de 2011) Traducido del inglés. El artículo original