Cuidado con la deuda pública

Por Thorsten Polleit. (Publicado el 4 de marzo de 2010).

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4116.

                         

        I.      Los incentivos para tener y emitir deuda pública

Mucha gente invierte sus ahorros en deuda pública. Son obviamente de la opinión de que la deuda pública ofrece un rendimiento atractivo y representa muy poco riesgo.

Pero esperen un momento. ¿Qué representa la deuda pública? ¿Quién paga los intereses de esta deuda? ¿Y quién la devuelve?

Un bono del estado representa un préstamo al sector público y el gobierno usa los fondos para financiar sus desembolsos: paga a políticos, funcionarios, grupos favorecidos, seguridad social, gastos militares, infraestructuras, etc.

El gobierno recurre a la financiación por deuda porque los ingresos fiscales normalmente no cubren sus desembolsos. Pero ¿por qué no aumenta los impuestos o frena el gasto para cubrir la diferencia financiera?

A la gente no le gusta pagar impuestos. Al mismo tiempo sí les gusta recibir beneficios financieros del gobierno. A su vez, quienes están en el gobierno adoran hacer feliz a la gente dándole dinero, lo que es la mejor manera de asegurarse la reelección.

De todos los instrumentos financieros disponibles, la deuda pública es, económicamente hablando, el más atractivo desde el punto de vista del gobierno y del electorado.

Primero, a través de la financiación por deuda el gobierno puede financiar dádivas y hacerlas recaer en el contribuyente. El electorado puede disfrutar de beneficios financieros por los que no tiene que pagar.

Los contribuyentes sólo tienen que soportar los costes del tipo de interés de la deuda pública, mientras que la devolución de la deuda se transfiere a futuras generaciones de contribuyentes.

Segundo, la gente tiende a comprar deuda pública voluntariamente, así que puede emitirse fácilmente nueva deuda y colocarse entre los ahorradores sin generar oposición política.

Tercero, la deuda pública se considera riesgo bajo: el gobierno tiene el poder fiscal (es decir de expropiar a los contribuyentes) por lo que los inversores en deuda pública tienen razones para estar bastante seguros de que recobrarán su inversión más un interés.

Y cuarto, la economía de ideología socialista hace todo lo que puede para legitimar la deuda pública: por ejemplo, dice habitualmente que los desembolsos públicos financiados a crédito estimulan la producción y el empleo.

Sin embargo esto es un error. El gobierno no crea nuevos bienes mediante gasto financiado a crédito. La financiación de deuda permite al gobierno aumentar considerablemente su control sobre los recursos escasos, recursos que de otra manera estarían disponibles para proyectos alternativos de inversión.

Como los beneficios no obtenidos por las inversiones no realizadas normalmente no son visibles, la indignación de la gente acerca del gasto público inútil financiado a crédito permanece en la sombra.

      II.      Los incentivos para atender la deuda pública

Hay otra importante cuestión a responder: ¿por qué los contribuyentes actuales están dispuestos a pagar la deuda pública acumulada en el pasado, deuda de la que no tienen por qué responsabilizarse y de la cual no se beneficiaron?

La respuesta es ésta: porque hacerlo mantiene la calidad del crédito público. Porque si la calidad del crédito público se mantiene favorable desde el punto de vista de los inversores, los gobernantes y gobernados pueden continuar recurriendo a financiar la deuda.

Sin embargo el cuadro cambia radicalmente si la financiación de la deuda se convierte en intolerable para gobernantes y gobernados.

Una vez que la nueva deuda se hace demasiado costosa (por ejemplo, cuando los tipos de préstamo exceden cierto nivel o el nivel de deuda supera cierto umbral) el incentivo económico para los gobernantes y gobernados de atender la deuda pública disminuye rápidamente. En realidad, puede desaparecer completamente.

“¿Por qué seguir pagando una deuda que acumuló otra gente?”, se preguntarán los contribuyentes. “¿Por qué seguir gastando dinero en algo de lo que ya no nos beneficiamos?”

Y los gobernantes se preguntan, “¿Por qué meternos en la actividad negativa políticamente de poner impuestos a la gente si ni nosotros ni nuestros ciudadanos podemos emitir más deuda?”

Por supuesto, si la deuda pública está en buena parte en manos del electorado, el gobierno y sus gobernados tienen un fuerte incentivo para seguir atendiendo la deuda pública, al menos en principio.

Sin embargo, si la deuda pública ha llegado a un nivel que limita la expansión económica y rebaja los ingresos fiscales y si no pueden eliminarse otros desembolsos del gobierno por razones políticas, la deuda tendrá que atenderse con nuevas dosis de deuda pública, una situación que, tarde o temprano, lleva al colapso de la calidad del crédito público.

Si la deuda pública está principalmente en manos de grupos que no tienen voz directa en la fijación de políticas públicas (como, por ejemplo, tenedores de Bonos en otros países o un grupo minoritario del electorado), el incentivo para los gobernantes y la mayoría de los gobernados para renegar de la deuda pública se hace bastante alto.

Actualmente la mayoría de inversores en deuda pública no esperan que el gobierno realmente devuelva su deuda. Lo que esperan es que el bono público que venza se refinancie. Eso significa que un inversor espera hoy que haya inversores en el futuro que presten voluntariamente dinero al gobierno.

Aplicando el mismo razonamiento, los futuros inversores deben asimismo esperar que, cuando sus títulos venzan, haya otros inversores aún más allá en el futuro que presten voluntariamente dinero al gobierno.

Así que, si los inversores de hoy perdiesen la confianza en que haya inversores en el futuro para refinanciar la deuda pública que vaya venciendo, porque teman (correcta o erróneamente) que ni el gobernante ni los gobernados tengan un incentivo para seguir atendiendo la deuda pública, empezarían los problemas.

Lo que ocurre es que los inversores empiezan a deshacerse de la deuda pública. Los precios de los títulos caen y, al tiempo, aumentan los costes de financiación del gobierno.

Es fácil darse cuenta de que invertir en bonos emitidos por naciones que no tienen capacidad, no digamos voluntad, de devolver su deuda, es un negocio como mínimo bastante arriesgado.

    III.      El incentivo para la inflación

Últimamente la preocupación del inversor ante la posibilidad de que los gobiernos no atiendan su deuda ha ido aumentando, de acuerdo con las señales de los precios enviadas por los mercados financieros. Por ejemplo, los diferenciales (spread) de los credit-default swaps (CDS) han aumentado drásticamente en todos los grandes mercados de deuda pública.

Dicho de forma sencilla, un diferencial de CDS puede interpretarse como el precio de asegurar al tenedor del título frente a un impago. En ese sentido, cuanto mayor sea el diferencial del CDS, mayor es la probabilidad desde el punto de vista de los inversores de que el prestatario pueda impagar su deuda.

Figure 1
Diferenciales de CDS, vencimiento a cinco años, puntos básicos

La última tendencia ascendente de los diferenciales de CDS (que se mantiene por debajo de los niveles vistos a finales de 2008 y principios de 2009) se ha activado por los crecientes temores acerca de la calidad del crédito de Grecia: la capacidad y voluntad de sus dirigentes de continuar atendiendo la deuda del sector público.

Este acontecimiento ha servido evidentemente como un recordatorio para muchos: los inversores han sido cada vez más conscientes de la muy delicada situación financiera de muchos gobiernos, un hecho que había sido ignorado durante mucho tiempo.

Sin embargo, la creciente preocupación acerca de los impagos de deuda pública puede ser exagerada. Los inversores deberían recordarse que imprimir nuevo dinero para pagar la deuda pública es, al menos desde el punto de vista del gobierno, económicamente más atractivo que dejar sin pagar dicha deuda pública.

No debería resultar una sorpresa si acaba resultando que el peligro real es, como ha pasado a menudo, más la inflación que el impago. Como advertía Ludwig von Mises,

“Si un gobierno no está en posición de negociar préstamos y no se atreve a gravar con nuevos impuestos por miedo a que los efectos económicos financieros y generales se revelen demasiado claramente y demasiado pronto, con lo que perdería apoyo para su programa, siempre considera necesario adoptar medidas inflacionistas”.[1]

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Thorsten Polleit es Profesor Honorario en la Escuela de Finanzas y Gestión de Frankfurt.



[1] Mises, Ludwig von (2006 [1923]), "Stabilization of the Monetary Unit — From the Viewpoint of Theory," en: The Causes of Economic Crisis and Other Essays Before and After the Great Depression, ed. Greaves, Percy L. Jr., p. 39.

Published Fri, Mar 5 2010 12:48 PM by euribe