¡No es la demanda agregada, estúpido!

Por Jeremie T.A. Rostan (Publicado el 4 de mayo de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4284.

 

De acuerdo con la principal asesora económica de Obama, el actual porcentaje de desempleo en dobles dígitos se debe evidentemente a un “déficit en la demanda agregada”. De hecho, la ex profesora de la Universidad de Berkeley en California, Christina Romer, llegó a decir al Wall Street Journal que, hasta que su jefe de gabinete le aconsejó no hacerlo, pretendió titular un reciente discurso como “Es la demanda agregada, estúpido”.[1]

E igualmente evidente es para ella el remedio que sigue a su diagnóstico: el estímulo agresivo del gobierno debería ayudar a los bancos pequeños y a los estados de la unión quebrados a superar su falta de liquidez.

Por supuesto sigue sin estar claro cómo podrían ser consistentes esas políticas con la promesa de  disciplina monetaria de la actual administración tras el atracón de gasto. De hecho, los único “evidente” acerca de ese diagnóstico y prescripción es que son muy útiles para la banda de Obama. Primero, hacen a los espíritus animales del mercado responsables del actual desempleo masivo, excluyendo así que bien podría ser consecuencia de camino progresista de izquierdas seguido desde 2008. Segundo, incluso ayuda a defender seguir cometiendo los mismos errores y da una buena excusa para no ser fiscalmente razonables y expandir el poder del gobierno.

Al contrario de lo que pretende Christina Romer, el “abrumador peso de la evidencia” no está claramente a favor de su teoría keynesiana. Hay un campo en que el porcentaje de desempleo es más alto que en ningún otro lugar: la construcción, con un 24,5%.[2] De hecho 1 de cada 6 trabajadores en paro en un trabajador de la construcción. Añadiendo los trabajos de movimiento de materiales, la construcción en conjunto representa un cuarto del desempleo total.

Asimismo, los estados donde las condiciones del empleo son peores, son, con la excepción de Michigan, también aquéllos que se beneficiaron más de la burbuja inmobiliaria  y el auge de la construcción: Nevada (13,4%), California (12,5%) y Florida (12,5%).

Puede parecer evidente, la recesión se originó en un ciclo de auge y caída de la vivienda. Comparado con hace 5 años, el número de viviendas autorizadas por permisos de construcción es un 65% menor. Y los precios de esas nuevas casas son, de media nacional, en torno al 15% más bajas que el máximo histórico al que llegaron hace 3 años. Entre 2006 y 2008, cayeron hasta un 50% en ciertos lugares, como San Diego, California.

Claramente, las consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria llevaron a una caída en el empleo y los salarios en la construcción. A medida que se desarrollaba la burbuja inmobiliaria, la construcción podía ofrecer más a trabajadores de otros sectores: entre 2001 y 2008, los salarios de los trabajadores de la construcción subieron hasta un 25%. Como consecuencia, el número de trabajadores en el sector aumentó un 30%, tres veces más que el crecimiento total de la mano de obra entre 2000 y 2010.

Ahora que ha explotado la burbuja, debería producirse un movimiento en sentido contrario, con bajas de salarios que redirijan a los trabajadores hacia otras ocupaciones. Aún así, los salarios sólo detuvieron su aumento por un tiempo durante la segunda mitad de 2008, recuperando su tendencia al alza en 2009.

Figure 1

Esta claro que esto es una receta para un desempleo masivo. Aún así, no tiene nada que ver con un déficit en la demanda agregada y todo que ver con la inflexibilidad de los salarios.

Hay al menos dos razones por las que los salarios son particularmente inflexibles en la construcción. La primera es que los trabajadores de este sector tienen uno de los niveles más altos de afiliación sindical, por encima del 20%. El hecho de que los sindicatos hayan aceptado hace tiempo el keynesianismo como perfecta justificación para su causa, se ilustra a la perfección en el siguiente extracto de un post en la web de la AFL-CIO:

Mientras muchos empresarios están empujando a la baja salarios y beneficios (…) los salarios de los sindicatos de la construcción están ayudando a mantener los estándares. Por ejemplo, los trabajadores de los sindicatos de la construcción en Massachussets ganan de media 13$ por hora más que los trabajadores no sindicados. Cuando se incluyen los beneficios, ganan de media 28,35$ por hora más que sus colegas no sindicados. Estos salarios generan innumerables beneficios para la economía de Massachussets, produciendo más de 2.000 millones de dólares en ingresos adicionales para los miembros de los sindicatos de la construcción y una ganancia total en ingresos de 1.740 millones para todas las familias de Massachussets.

Cuando las economías estatales caen en picado en todo el país, los salarios de sindicatos de la construcción ayudan a potenciar la economía de Massachussets.

Esta declaración puede parecer increíble: ¿cómo puede alguien atreverse a decir que los salarios por encima del mercado en la construcción, en la que la oferta de mano de obra excede con mucho la demanda, puede ayudar a la economía? ¿Cómo puede pensarse que gastar dinero es la solución, independientemente del valor real de los servicios recibidos por la sociedad a cambio de salarios artificialmente altos? ¿Cómo se puede estar tan ciego ante la relación entre este disparate y el alto desempleo?

Sin embargo hay pocas diferencias entre las opiniones expresadas por los líderes sindicales y los asesores presidenciales. Hay quien dice que Obama y sus asesores simplemente están devolviendo a los sindicatos los apoyos recibidos durante la campaña. Personalmente, no creo en esas teorías conspirativas: confían en la irreal suposición de que el gobierno sabe realmente qué está haciendo.

Sin embargo, es verdad que la inclusión de la provisión Davis-Bacon de la Ley de Recuperación (Recovery Act), heredada del New Deal, apoya las fanatiosas reclamaciones de los sindicatos, obligando a las administraciones estatales a pagar salarios sindicados a los trabajadores de los proyectos de construcción financiados con dinero de estímulos. En consecuencia, las obras públicas empujan al alza los costes de empleo de los proyectos privados de construcción.

Es verdad que ésta no es la única forma en que la intervención del gobierno dañó recientemente a la “demanda agregada”:

Las solicitudes masivas de crédito han creado una gran oportunidad para que los bancos inviertan en deuda pública, en lugar de en otras cosas. Como consecuencia, los bancos comerciales han aumentado su gasto en deuda pública en un tercio entre 2008 y 2010.

Figure 2

Además, la prodigalidad federal produjo la subsiguiente consecuencia de aumentar la preocupación sobre una inflación futura, así como en la presión fiscal, incertidumbre que tienen un efecto dañino en los “espíritus animales” de los empresarios.

Por supuesto, aún más importante es la reciente ley sanitaria, cuya aprobación había sido en buena parte prevista, al menos como riesgo. Por un lado, implica mayores costes para compañías con una gran base de empleados: precisamente de las que dependen las condiciones generales del empleo. Por otro lado, su complejidad (y, de hecho, su secreto) debe haber tenido un impacto terrible en las contrataciones a largo plazo por parte de los pequeños negocios.

Muchos se quejan ahora de que se siga enseñando al hipótesis de los mercados eficientes como elemento clave de la economía financiera. ¿Qué deberían decir acerca de explicación del “déficit de la demanda agregada” para las crisis y recesiones? De hecho, la misma idea de una escasez de demanda agregada es algo absolutamente sin sentido.

La Ley de Say es muy sencilla: la demanda agregada es la oferta agregada. Quizá tenga sentido distinguir entre oferta y demanda a nivel microeconómico, porque todos los intercambios indirectos son intercambios de unidades de bienes por unidades de dinero. Pero no tiene sentido hacerlo al nivel macro, en el que los intercambios indirectos se completan, en el sentido de que quienes reciben unidades de dinero las intercambian por las unidades de los bienes deseados o las añaden a sus existencias de efectivo, modificando así el poder de compra del dinero y el valor monetario de todos los bienes.

Así, nunca puede haber ninguna escasez de la demanda agregada, pues la demanda agregada no es sino la oferta agregada expresada por la oferta de dinero. Imaginemos una economía que produce 100 bienes al año y tiene una existencia fija de dinero de 150 monedas. Cada año, las personas gastan 80 monedas en consumo e invierten 20. Las 50 monedas restantes quedan en existencias de efectivo y, en el agregado, nunca están en circulación. Para simplificar, supongamos que, en esa situación, cada bien vale 1 moneda y no hay desempleo.

Un día, por alguna razón, los individuos aumentan su existencia de efectivo, lo que significa que “atesoran” más monedas que antes. De repente, gastan y ahorran, respectivamente, sólo 72 y 18. Así que se añaden 10 monedas a los balances de caja. Aunque la oferta agregada no se ve afectada (100 bienes), la demanda agregada (la oferta de dinero) baja a 90 monedas. Esto significa claramente que, céteris páribus, cada bien vale ahora sólo 0,9 monedas, es decir, que 1 moneda ahora vale más que 1 bien. Se gasta menos dinero en la economía, pero la unidad monetaria vale más. La producción (oferta agregada) no se ve afectada y los balances de caja han aumentado.

Es verdad que esta metáfora propia de Hume es engañosa: el dinero, como dijo Hayek, es un “enlace flojo”, en el sentido de que la estructura de precios necesita tiempo para adaptarse a los cambios en la oferta de dinero. Pero esto significa a su vez que nunca jamás puede haber ninguna escasez de demanda agregada (nivel de gasto, oferta de dinero) en la economía y que lo mejor que puede hacer un gobierno cuando el consumo o la inversión disminuyen es laisser faire.

Inyectar dinero en la economía por miedo a una escasez de la demanda agregada sólo distorsionaría una estructura de precios que ya se está adaptando a los nuevos patrones de gasto. Por desgracia, esto es exactamente lo que la principal asesora económica de Obama está prescribiendo como cura para unos niveles anormales de desempleo.

 

 

Jérémie T.A. Rostan es agregado de filosofía. Enseña filosofía y economía en San Francisco, California. Ha escrito una guía de estudio de los Principios de Economía de Carl Menger, preparada en 2008 para distribución a través de Mises.org.



[1] David Wessel, “Romer: It's aggregate demand, stupid”, 17 de abril de 2010.

[2] Salvo que se especifique otra cosa, todos los datos proceden de la Oficina de Estadísticas Laborales.

Published Wed, May 5 2010 2:03 PM by euribe