La economía sumergida en una página

Por Danny G. LeRoy (Publicado el 26 de mayo de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4429.

 

¿Qué es la economía sumergida?

  1. No es algo sumergido. No es una estructura física ni un lugar. El término peyorativo “economía sumergida” se usa para describir actividades de compraventa que se producen fuera del ámbito de las autoridades. Normalmente los bienes y servicios que se intercambian incluyen, entre otros, drogas, sexo, electrónica, software, películas, música y servicios de construcción de edificios.
  2. Los mercados son procesos que implican la interacción de compradores y vendedores. Cuando el papel del gobierno se limita a proteger personas y propiedad privada frente a la agresión el robo, los procesos de mercado transpiran sin impedimentos. Las oportunidades de consumo se maximizan mientras los empresarios desarrollan recursos para producir bienes y servicios buscando satisfacer la miríada de deseos de los consumidores.
  3. Cuando el gobierno interfiere en los procesos del mercado mediante impuestos, regulaciones y prohibiciones, van más allá de proteger a los individuos y la propiedad privada de la agresión y el robo. El privilegio de monopolio otorgado por el gobierno en forma de cárteles obligatorios de fabricantes o patentes, no protege los derechos de propiedad: los invade. El objetivo del intervencionismo público es controlar el comportamiento productor y consumidor de los individuos. En otras palabras, las autoridades centrales quieren influir el lo que hacemos con nuestro cuerpo y con lo que tenemos, aparentemente por nuestro bien.
  4. Esto pone a ese intervencionismo público en una posición difícil, particularmente con respecto a la prohibición de marihuana, hachís o cocaína y servicios sexuales. Al hacer ilegal la producción, publicidad y consumo de estos bienes y servicios, se necesitan fuerzas de orden quitándolas de la protección de personas y propiedades para dirigirlos a perseguir, capturar, sancionar o arrestar a consumidores, proveedores o vendedores voluntarios. Están intentando detener procesos de mercado, la interacción entre compradores y vendedores voluntarios. Esta actividad represora no sólo es muy costosa: tampoco es muy efectiva. De hecho, la evidencia sugiere que prohibir las drogas y la prostitución es contraproducente.
  5. Cuando algo se convierte en ilegal, la demanda de consumo no se desvanece. Por el contrario, los consumidores buscan medios alternativos, más costosos y arriesgados, de satisfacer sus deseos. Los precios son más altos de lo que serían en otro caso y la diversidad, calidad y cantidad de producto son menores. A la vista de la demanda suprimida y el potencial de ganar mucho dinero, personas capaces de evitar a las autoridades dirigen su energía y recursos a satisfacer esta demanda. La ilegalidad de la actividad permite a los intermediarios pedir precios más altos a los consumidores y rebajar los precios pagados a cultivadores de cáñamo, coca y amapola del opio. Da lugar a cárteles de droga, redes de prostitución y violencia asociada a la protección de “sus” territorios.
  6. La “guerra contra la droga” del gobierno ha sido a la vez un tremendo triunfo y un abrumador fracaso. Los luchadores contra la droga han tenido mucho éxito. Todos hemos visto imágenes en los medios de comunicación de redadas policiales con grandes cantidades de dinero, drogas y armas de fuego. Sin embargo, esto no ha tenido ningún impacto en los mercados locales. Las drogas ilegales están disponibles casi en cualquier lugar y a precios que han caído con el tiempo en términos reales. La cantidad de hierba que podía comprarse por 10$ en un instituto local en 1980, por ejemplo, es prácticamente la misma que la que podría obtenerse hoy por 10$.
  7. Los defensores de la prohibición pueden apuntar algunos aspectos positivos. La cantidad demandada de drogas blandas, como la marihuana y el hachís es probablemente menor de la que sería en otro caso. Puede decirse lo mismo de la prostitución. Pero es difícil creer que los efectos deseados son en todas partes lo suficientemente grandes como para justificar el coste humano de su prohibición en términos de vidas perdidas y destruidas.

 

 

Danny LeRoy es profesor asociado de economía agrícola en la Universidad de Lethbridge en Alberta, Canadá.

Published Wed, May 26 2010 6:11 PM by euribe