¿Para qué vale la datación de los ciclos económicos del NBER?

Por Frank Shostak. (Publicado el 26 de septiembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4741.

 

El 20 de septiembre de 2010, el National Bureau of Economic Research (NBER), la institución que data las subidas y bajadas de los ciclos de negocio, decidió que la recesión de EEUU acabó en junio de 2009. Esta conclusión se basa en el análisis de los datos clave de actividad económica como el Producto Interior Bruto (PIB) y la Renta Interior Bruta (RIB), que parecen haber llegado a un mínimo en el segundo trimestre del año pasado (ver tabla). En opinión del comité de datación del NBER, como una recesión influye ampliamente en la economía y no se limita a un sector, tiene sentido prestar atención a mediciones amplias de actividad económica agregada como el PIB y la RIB.

Figure 1 Figure 2

El mínimo de junio de 2009 indica el fin de la recesión que empezó en diciembre de 2007, lo que significa que la recesión duró 18 meses, haciendo de ella la más larga desde la Segunda Guerra  Mundial. Antes las recesiones más largas de postguerra fueron las de 1973-75 y 1981-21, durante ambas 16 meses. Desde 1959, el NBER ha identificado ocho recesiones (ver tabla; el área sombreada indica una recesión).

Figure 3

El NBER define así la recesión:

Una recesión es una disminución significativa de la actividad económica en toda la economía, que dure más de unos pocos meses, normalmente visible en el PIB real, el ingreso real, el empleo, la producción industrial y las ventas al por mayor y al por menor. Una recesión empieza después de que la economía llega a un pico de actividad y termina cuando la economía llega a su mínimo.

Nos parece que la definición del NBER no ofrece una explicación completa de qué es una recesión. En su lugar, describe las distintas manifestaciones de una recesión. Y eso es precisamente lo malo de ella.

El decir que una recesión trata de una disminución en el PIB real durante varios meses, sólo se describe qué es una recesión, pero no se explica. Evidentemente, las cosas disminuyen durante una recesión. Lo que uno quiere saber es por qué están cayendo. Para explicar un fenómeno, hace falta conocer las causas primarias que dieron lugar a éste.

La razón principal por la que la definición del NBER se limita a describir manifestaciones en lugar de las causas subyacentes de una recesión es porque los economistas ortodoxos sostienen que no pueden conocer dichas causas. Opinan que las fuentes de recesión son distintos accidentes que derivan de diversos factores como una cambio repentino en la psicología de la gente o distintos acontecimiento inesperados políticos o de otro tipo. En resumen, esas causas son de una naturaleza inesperada.

Si las causas de las recesiones son imprevisibles, nos parece que no hay forma de que nadie puede hacer siquiera una previsión inteligente del curso futuro de la economía. Desde esta perspectiva, la información que ofrece el NBER no es de mucha utilidad para los empresarios.

La información de que la economía ha estado en una fase de recuperación desde junio del año pasado no es de mucho valor si hay una constante amenaza de que una repentina sacudida al azar pudiera producir otra severa crisis económica.

Después de todo, lo que quiere conocer un empresario es hacia dónde se dirige la economía. Sin embargo, sin un conocimiento bien articulado de las fuerzas motrices subyacentes no es posible ofrecer una respuesta con sentido a esta cuestión. Incluso la información relativa a la duración media de la expansión identificada por el NBER es de poca ayuda dada la enorme variación de esta media: la media entre 1854 y 2009 fue de 42 meses, entre 1854 y 1919 fue de 27 meses, entre 1919 fue de 35 meses y entre 1945 y 2009, de 59 meses.

Ahora bien, en un mercado libre no intervenido podríamos prever que la economía estaría sometida a distintas sacudidas pero es difícil prever un fenómeno de ciclos económicos recurrentes.

De acuerdo con Rothbard:

Antes de la Revolución Industrial aproximadamente a finales del siglo XVIII, no había regularmente auges y declives constantes. Habría crisis económicas repentinas cuando algún rey hacía la guerra o confiscaba la propiedad de sus súbditos, pero no había ninguna señal de los peculiares fenómenos modernos de movimientos generales y bastante regulares en la fortuna de los negocios, de expansiones y contracciones.[1]

El fenómeno del ciclo de auge y declive está ligado en cierto modo al mundo moderno. ¿Pero cuál es el enlace? Un examen cuidadoso de esto revelaría que el enlace es en realidad en sistema bancario moderno, que está coordinado por el banco central.

La fuente de recesiones resulta ser el supuesto “protector” de la economía: el propio banco central.

Una mayor investigación nos mostraría que el fenómeno de las recesiones no trata de las debilidades de la economía tal y como las presenta el NBER y la mayoría de los economistas, sino de la liquidación de diversas actividades que aprovecharon las políticas monetarias laxas del banco central. He aquí cómo.

Definiendo la naturaleza de los ciclos de auge y declive

Para los economistas del NBER, así como para otros expertos económicos, la llamada economía se explica en términos de PIB real, lo que nos parece que lleva probablemente a conclusiones erróneas.

Ahora, el PIB real supuestamente muestra el total de los bienes y servicios reales finales producidos. ¿Pero puede calcularse ese total?

Para calcular un total, hay que sumar varias cosas. Para sumar cosas, deben tener alguna unidad en común. Sin embargo, no es posible sumar neveras a coches y camisas para obtener el total de bienes finales.

Como el total de la producción real no puede definirse de ninguna forma con sentido, evidentemente no puede cuantificarse. Para superar este problema, los economistas utilizan el gasto monetario total en bienes, que dividen por un pecio medio de esos bienes. ¿Pero es posible el cálculo de un precio medio?

Supongamos que se realizan dos transacciones. En la primera, un televisor se intercambia por 1.000$. En la segunda, se intercambia una camisa por 40$. El precio del tipo de intercambio de la primera transacción es de 1000$/1 televisor. El precio en la segunda transacción es de 40$/1 camisa. Con el fin de calcular el precio medio, debemos sumar estos dos ratios y dividirlos por dos. Sin embargo, 1000$/1 televisor no puede sumarse a 40$/1 camisa, lo que implica que no es posible establecer un precio medio.

Como el PIB se expresa en términos de dólares, ajustados mediante un deflactor de precios dudoso, hay una alta probabilidad de que la fluctuaciones del llamado PIB real se produzcan por fluctuaciones en la cantidad de dólares inyectados en la economía. De aquí diversas declaraciones de la mayoría de los economistas diciendo que la tasa de crecimiento de la economía real no es más que un reflejo de la tasa de crecimiento de la oferta monetaria y no tiene nada que ver con el verdadero crecimiento real, que no puede cuantificarse.

Una vez se ha determinado una recesión en términos de PIB real, no sorprende que el banco central parezca ser capaz de compensar los efectos recesionistas que aparecen. Por ejemplo, inyectando más dinero en la economía, las acciones del banco central parecen ser eficaces porque el PIB real mostrará una respuesta positiva a esta inyección después de un tiempo.

Por el contrario, un vez que el banco central endurece su postura y ralentiza el ritmo de inyección monetaria, la llamada economía en términos de PIB real le sigue: se pone en marcha una recesión.

Como la fluctuaciones en el PIB real son un reflejo de las fluctuaciones en la oferta monetaria, nos parece que, al contrario del pensamiento popular, un aumento en la tasa de crecimiento del PIB real debería verse como el reflejo de un empobrecimiento económico en lugar de un crecimiento económico.

Por el contrario, una caída en la tasa de crecimiento del PIB real podría verse como un reflejo de menor presión en el proceso de formación de riqueza y por tanto como positivo para el crecimiento económico. ¿Por qué?

Adviertan que una política monetaria laxa del banco central pone en marcha un intercambio de algo por nada, que produce una desviación de la riqueza real de actividades generadoras de riqueza a actividades no generadoras de riqueza. En el proceso, esta desviación debilita a los generadores de riqueza y esto a su vez debilita su capacidad de aumentar la riqueza real en general. Observen que a una política monetaria laxa después de un tiempo le sigue un fortalecimiento en la tasa de crecimiento del PIB real y un debilitamiento en el proceso de formación de riqueza real.

De nuevo al contrario del pensamiento popular, lo que pasa aquí no es que se fortalece la economía, sino que se debilita. En este sentido, la expansión de las actividades que surgen al amparo de una política monetaria laxa se asocia con lo que se califica como un “auge” económico, que es en realidad una falsa prosperidad económica que lleva al empobrecimiento económico.

Una vez que el banco central refuerza su postura monetaria, esto reduce el ritmo de la inyección monetaria y después de un tiempo el del crecimiento del PIB real. Adviertan que un ralentizamiento de la inyección monetaria ralentiza el desvío de la riqueza real de productores de riqueza a productores de no riqueza. (Adviertan también que, respecto del plazo, la previa política monetaria laxa tiende a aumentar la inflación de precios en el momento en que se pone en marcha la presente postura de reforzamiento. Esto significa que las actividades no productivas afrontan ahora una caída en la tasa de inyección monetaria y un aumento en la inflación de precios. Esto se suma a la erosión de su poder adquisitivo).

Las actividades que surgen al amparo de la previa política monetaria laxa (actividades no productivas) ahora tienen menor apoyo de la oferta monetaria: entran en problemas.

La liquidación de diversas actividades no productivas a causa de una postura monetaria más rígida del banco central se asocia a una caída en la tasa de crecimiento del PIB real, lo que se ve como una mala noticia para la mayoría de los comentaristas, incluyendo el NBER.

Sin embargo, en realidad ahora hay menos presión en el proceso de la generación de riqueza. Esto significa que una caída en la tasa de crecimiento del PIB real está realmente asociada al fortalecimiento de los fundamentales subyacentes de la economía.

Podemos concluir así que, contrariamente al NBER y al pensamiento popular, una caída en la tasa de crecimiento en el PIB real es la manifestación del fortalecimiento de los fundamentales de la economía mientras que el fortalecimiento en la tasa de crecimiento en el PIB real refleja el debilitamiento de los fundamentales de la economía.

Máximos, mínimos y oferta monetaria

Una vez observado que el banco central ha adoptado una postura monetaria más rígida y consecuentemente la tasa anual de crecimiento de la oferta monetaria empieza a frenarse, podemos ver esto como el inicio de la fase de liquidación, o el principio de una recesión en términos de PIB real. (No hace falta decir que son buenas noticias para los fundamentales económicos).

Mientras se mantenga la tendencia a la baja en la inercia del crecimiento de la oferta monetaria, la fase de liquidación también permanecerá intacta. Una vez que la tendencia se invierte, es decir, una vez que el banco central cambia su postura rígida y consecuentemente la tendencia creciente de la moneda empieza a subir, esto establece una plataforma para el fin de una recesión y una nueva fase de empobrecimiento económico. Aquí el fin de una recesión es el principio de la construcción de nuevas actividades no productivas o un fortalecimiento de cualquier tipo de actividades no productivas que hayan sobrevivido. Observen que como los cambios en la oferta monetaria afectan a la economía después de un tiempo, esto es en sí mismo una información importante respecto del futuro estado de la actividad económica en términos de PIB real.

Así que, en lugar de datar las fluctuaciones del PIB real sin prestar atención a las causas de estas fluctuaciones, es más útil seguir los movimientos de la oferta monetaria para tomar sentido del estado de la economía.

Ahora bien, la razón clave para la llamada recuperación presente de la economía en términos de PIB real y otros indicadores económicos como la producción industrial es un fuerte aumento en nuestra medición monetaria AMS entre mayo de 2007 y agosto de 2009. (La tasa anual de crecimiento de la AMS saltó del 0,6% en mayo de 2007 al 14,3% en agosto de 2009).

Nos parece que, después de un plazo, la caída en la tasa anual de crecimiento de la AMS del 14,3% en agosto de 2009 al 2,5% en julio de este año, probablemente empiece a socavar el índice de crecimiento de distintos indicadores económicos clave. En el marco de un ahorro aún creciente este tipo de información puede ser muy útil para las empresas Una vez realizada la limpieza de diversas actividades no productivas, esto ofrece un ámbito más amplio para actividades generadoras de riqueza en los próximos meses.

Figure 4

Como resultado de la postura monetaria laxa del banco central puede aparecer una situación en la que la capacidad de los generadores de riqueza para producir ahorros quede seriamente dañada, que no se genere suficiente riqueza. Prestando atención al tamaño de la inyección monetaria y a cómo responden los distintos indicadores económicos a esta inyección, podemos hacer también ciertas previsiones cualitativas respecto del estado del proceso de generación de riqueza.

Por ejemplo, dada la mediocre respuesta de indicadores como el de desempleo al fuerte aumento en la tendencia creciente de la AMS, esto señala la probabilidad de que los ahorros no estén en buena situación. En consecuencia, supuesta una probable renovación de una política de inyección agresiva de la Fed, esto no presagia nada bueno para el proceso de generación de riqueza el los próximos meses.

Conclusión

El 20 de septiembre de 2010, el NBER decidió que la recesión de EEUU había acabado en junio de 2009. Esta conclusión se basaba en los datos del PIB real. Frente al análisis del NBER, no parece que lo que importa para una verdadera recuperación económica no es un rebote en el PIB real como tal, sino un fortalecimiento en el proceso de formación de riqueza real. Dado el hecho de que los movimientos del PIB reflejan pasadas inyecciones monetarias opinamos que un rebote en el ritmo de crecimiento del PIB probablemente refleje un debilitamiento en el proceso de formación de riqueza, lo que es una mala noticia para la economía. Nuestro análisis indica que una caída en la tendencia al crecimiento de la AMS desde agosto del año pasado probablemente socave el ritmo de crecimiento del PIB en los próximos meses. Para la mayoría de los expertos, estos serán malas noticias económicas. Por el contrario, nosotros pensamos que el retroceso previsto va a ser realmente una buena noticia para el proceso de generación de riqueza.

 

 

Frank Shostak en investigador adjunto en el Instituto Mises y colaborador habitual en Mises.org.



[1] Murray N. Rothbard, en The Austrian Theory of the Trade Cycle and Other Essays, The Mises Institute, 1983.

Published Mon, Sep 27 2010 8:07 PM by euribe