La fantasía de la redistribución de la riqueza

Por Lorenz Kraus (Publicado el 12 de noviembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4819.

 

Leer Mises: The Last Knight of Liberalism ha sido un maravilloso viaje a través de la historia de la economía austriaca. Guido Hülsmann hace excelentes introducciones a los asuntos económicos que preocupaban a Mises y los hombres de su tiempo, haciendo que los temas mucho más fáciles de leer de lo que podía imaginar. Algunos de estos asuntos siguen provocando ideas hoy en día, más de 100 años después de su primera exposición.

En el capítulo 11, vemos cómo se ocupó Mises del asunto de los que tienen frente a los que no tienen. En particular, distinguía entre bienes de capital y de consumo. Los bienes de consumo benefician principalmente sólo a una persona cada vez. Un hombre disfruta de los beneficios de una camisa concreta mientras él la lleva puesta. Los bienes de capital benefician a muchos consumidores a la vez. Entonces, ¿por qué la fijación marxista en la propiedad estatal de la compañía eléctrica cuando sus consumidores tienen electricidad? Mises apunta que un consumidor no necesita poseer la planta para tener electricidad.

Con esto en mente, ¿cómo cambiaría la sensación convencional de distribución de la riqueza si excluyésemos los bienes de capital? En Estados Unidos, el 1% de la población posee el 38% de la riqueza (en 2001). ¿Pero qué parte de ese 38% de la riqueza queda para ese 1% si se excluyen los bienes de capital? Probablemente el 95% de su riqueza está ligada a derechos sobre bienes de capital. Así que la distribución de la riqueza del consumo es mucho más estrecha de lo que lo estudiosos imaginan. Todo el mundo tiene acceso a agua corriente, teléfonos, patatas fritas y televisión. Eso es lo que cuenta en un nivel de vida.

Mises no ayuda a comprender que la idea de alcanzar la igualdad redistribuyendo riqueza es directamente una fantasía. No podemos redistribuir bienes de consumo: ¿Cómo podrían millones de mujeres llevar el mismo abrigo de piel, las mismas joyas de la corona o los mismos zapatos que hay en el armario de Imelda Marcos? ¿Cómo podrían millones de hombres caber en el jacuzzi de Hugh Hefner? Un mendrugo de pan no puede repartirse indefinidamente entre muchas bocas.

Igualmente, no podemos trocear y distribuir entre la gente un horno y seguir teniendo un horno que funcione. Debemos respetar la integridad de los bienes de capital para que funcionen. Una central eléctrica tendría que ser dividida en átomos para llegar a la igualdad.

Por su naturaleza, los bienes de capital no pueden redistribuirse entre la gente en ningún sentido que genere igualdad y riqueza. La redistribución de la riqueza, si se toma en serio, significa necesariamente la completa y total destrucción de la riqueza. Socialismo es nihilismo, la destrucción de los valores.

Los comunistas nunca distribuyeron satisfactoriamente la riqueza por igual. Esto es propio de la naturaleza de la riqueza. Como la riqueza no puede subdividirse (sólo pueden hacerlo los derechos sobre la riqueza) a las masas, se apropiaron de ella para su propia camarilla. Todos los demás morían de hambre. Así es como la integridad de la riqueza se reafirma a sí misma cuando alguien se la apropia. Los socialistas no pelean por el aire: su lucha es por esta estación de radio, esta imprenta, estos tanques o este trozo de carne rancia. La redistribución de riqueza es pura criminalidad y reclama más criminalidad después de la apropiación, como lobos peleando por los despojos o matones deshaciéndose de sus cómplices.

Y aún así cientos de millones de personas han pensado que la redistribución de la riqueza llevaría a la ganancia personal. La redistribución de riqueza de Obama trajo destrucción económica. Cuando Obama agitaba la bandera roja y llamaba a la masa a la idea de extender la riqueza a su alrededor ¿qué imaginaba esta gente? Podrían haberse dado cuenta de que no existiría riqueza, incluso si se apropiaran de ella y la redistribuyeran meticulosamente, y si se hubieran dado cuenta de eso, Obama habría abandonado el escenario entre risas. La diferencia entre Obama venerado y echado de la sala es un electorado educado con este grano de pensamiento misesiano.

Mises distinguía en bienes de capital y bienes de consumo en el debate de la redistribución: esta idea nos es valiosa en nuestro tiempo. El debate del cálculo socialista es pasado remoto, pero la noción de que la riqueza puede redistribuirse y seguir existiendo no se reconoce generalmente como una contradicción. Desprestigiar la riqueza la destruye.

La redistribución de la riqueza es un oxímoron. Este hecho reduce a cenizas los impulsos del estado de bienestar. El estado del bienestar es directamente algo destructor desde la cabeza a la cola.

El capitalismo genera una mayor propiedad de los medios de producción porque la propiedad privada es su distintivo. Sólo en una economía capitalista, en la que los derechos pueden subdividirse en participaciones y comerciarse con ellas libremente, puede una mayor propiedad de bienes de capital mantener su carácter de riqueza. Aquí la gente vende voluntariamente propiedad: el nuevo propietario gana propiedad de bienes de capital. Hay un mecanismo capitalista real  para que ocurra esto. Casi todos pueden comprar una participación en los medios de producción bajo el capitalismo. Nadie tiene que morir. No se derrama sangre.

¿Dónde en el socialismo, campesino, presentas tu demanda de tu parte de las escuelas públicas, correos o prisiones? No hay mecanismo similar para mostrar tu propiedad de la acería, fábrica de automóviles, mina de carbón, banco o parque natural nacionalizados y no queda mucho de una mina o fábrica después de que es nacionalizada o quemada.

Quitamos los derechos de propiedad y la riqueza se desvanece. Volvemos al saqueo de lo común y a la destrucción mutua asegurada. Eso es realmente lo que pretenden Obama y los enemigos del mercado. La nacionalización de la sanidad significa sanidad de “una nación, una jeringuilla”.

No creen en la fantasía de que redistribuir la riqueza triga igualdad en los resultados. ¡Quieren que lo creas!

 

 

Lorenz Kraus es graduado MBA del Instituto Politécnico de Rensselaer, interesado en innovación estratégica para iniciar una ciudad internacional de la libertad. Su sitio web es TaxFreeSociety.com.

Published Fri, Nov 12 2010 7:18 PM by euribe