¿Para qué hace falta este gigantesco aparato de “inteligencia”?

Por Robert Higgs (Publicado el 17 de diciembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4872.

[Del blog Beacon, del Independent Institute (2010)]

 

El 19 de julio de 2010, el Washington Post publicó el primero de tres largos reportajes de Dana Priest y William M. Arkin sobre las dimensiones del gigantesco aparato de actividades de “inteligencia” realizadas para combatir actos terroristas contra Estados Unidos, como los ataques del 11-S. Decir que esa actividad equivale a movilizar a todos los policías del país para detener las peleas callejeras en Camden solo da un indicio de su casi increíble desproporción con la supuesta amenaza.

Entre las conclusiones de Priest y Arkin de un estudio de dos años figuran las siguientes:

El mundo del top-secret que creó el gobierno en respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 se ha hecho tan grande, tan inmanejable y tan secreto que nadie sabe cuánto dinero cuesta, a cuánta gente emplea, cuántos programas tiene o exactamente cuántas agencias hacen el mismo trabajo.

Descubrimos lo que equivale a una geografía alternativa de Estados Unidos, una América Top-Secret oculta a los ojos del público y falta de supervisión. Después de nueve años de gastos y crecimiento sin precedentes, el resultado es que el sistema implantado para hacer seguros Estados Unidos es tan enorme que su efectividad es imposible de determinar.

Unas 1.271 organizaciones públicas y 1.931 empresas privadas trabajan en programas relacionados con el contraterrorismo, seguridad interior e inteligencia en cerca de 10.000 ubicaciones de todos los Estados Unidos.

Aproximadamente 854.000 personas, casi 1,5 veces la gente que vive en Washington DC, recibe dinero de la seguridad secreta.

En Washington y alrededores, se están construyendo o se han construido 33 complejos de edificios de inteligencia secreta desde septiembre de 2001. Juntos ocupan el equivalente a casi tres Pentágonos o 22 edificios del Capitolio, alrededor de 17 millones de pies cuadrados de espacio.

Muchas agencias de seguridad e inteligencia hacen el mismo trabajo, creando redundancias y despilfarro. Por ejemplo, 51 agencias federales y mandos militares, operando en 15 ciudades de EEUU, siguen los flujos de dinero desde y hacia las redes terroristas.

Los analistas que se ocupan de los documentos y conversaciones obtenidos por el espionaje exterior e interior comparten sus juicios publicando 50.000 informes de inteligencia cada año, un volumen tan grande que muchos son ignorados de forma rutinaria.

De acuerdo con el almirante retirado Dennis C. Blair, anterior director de la inteligencia nacional, después del 11-S “la actitud era, si merece la pena hacerlo, probablemente merezca la pena hacerlo en exceso”. Creo que esta explicación no llega al meollo del asunto. Tal y como suena, sugiere una especie de deseo insensato de acumular una pila de montañas de dinero, tecnología y personal por encima una montaña de dinero, tecnología y personal ya enorme por la única razón de la vaga noción de que más debe ser mejor. En mi opinión, la política nacional no funciona así.

Como informan Priest y Arkin, “El presupuesto de inteligencia de EEUU es enorme, anunciándose el año pasado en 75.000 millones de dólares, 2,5 veces el tamaño que tenía el 10 de septiembre de 2001. Pero esta cifra no incluye muchas actividades militares o programas domésticos de contraterrorismo”. Prácticamente todos los consultados por los reporteros les dijeron efectivamente que “la administración Bush y el Congreso dieron a las agencias más dinero del que eran capaces de gastar responsablemente”. Es verdad que recibieron más dinero del que eran capaces de gastar responsablemente, pero no más del que deseaban gastar irresponsablemente. Después de todo, no estaban gastando su propio dinero.

¿Por qué estarían estos cientos de organizaciones y subcontratas dispuestas a aceptar enormes cantidades de dinero de los contribuyentes cuando todo el mundo está de acuerdo en que el dinero no puede gastarse sensatamente y en que el sistema ya implantado no puede funcionar eficaz o eficientemente para alcanzar su fin declarado? La respuesta se contesta por sí misma. Es un botín y no escasean los apropiadores. De hecho estos bandidos inmóviles continúan demandando más dinero cada año.

¿Y para qué? El objetivo anunciado es identificar terroristas y eliminarlos para impedir que realicen sus malvados actos. Esto es a la vez una tarea pequeña e imposible.

Es pequeña porque el número de personas buscando realizar un acto terrorista de consecuencias sustanciales contra Estados Unidos y en situación de hacerlo no puede ser mayor de un puñado. Si el número fuera mayor, habríamos visto más ataques o intentos de ataque durante la pasada década: después de todo, el número de posibles objetivos es virtualmente ilimitado y los atacantes podrían haber causado daño de innumerables formas. La razón más probable por la que se hayan producidos tan pocos ataques o intentos de ataque es que muy pocas personas han estado intentando realizarlos. (Me refiero a intentos genuinos, no los planes absurdos implantados en las mentes de simples por agentes encubiertos del gobierno y luego proclamados cuando el FBI “captura” a las desafortunadas víctimas de la trampa del gobierno).

Así que la verdadera dimensión del problema del terrorismo que constituye la excusa para esos cientos de programas de depredación oficial contra los contribuyentes es pequeña: ni siquiera están en la misma categoría,, por ejemplo de reducir en un 20% los accidentes de automóvil o domésticos.

Además, al mismo tiempo, la tarea antiterrorista es imposible, porque el terrorismo en un simple acto disponible de alguna manera para cualquier adulto con determinación y acceso a los estadounidenses y su propiedad en el interior o el exterior. Simplemente es imposible detener todos los actos de terrorismo si a los terroristas se les ha dado suficientes agravios como para motivar causar daño contra los estadounidenses. Sin embargo sigue siendo una tontería hacer de la prevención de todos los actos terroristas el objetivo. Lo que no se puede hacer no se puede hacer, independientemente de cuánta gente y dinero dediques a hacerlo. Sin embargo podemos soportar algunas pérdidas por terrorismo igual que habitualmente soportamos algunas pérdidas por accidentes, enfermedades y delitos ordinarios.

La completa idiotez de pagar legiones de graduados de veintitantos años de Harvard y Yale (jóvenes que no pueden hablar árabe, farsi, pastún o cualquier otro lenguaje de las áreas que pretenden analizar y que no saben prácticamente nada de la historia, costumbres, cultura y tradiciones de esos lugares) indica que nadie espera seriamente que se produzca el resultado prometido por la inteligencia tras ese esfuerzo. Es como enviar a un ciego a encontrar una aguja en pajar enterrado en algún lugar en una ladera.

Que el esfuerzo masivo esté completamente descoordinado y sea escasamente capaz de comunicar los “descubrimientos” de una parte a otra solo refuerza la conclusión de que el objetivo no es detener el terrorismo sino obtener dinero de los contribuyentes y ponerlo en los bolsillos de los privilegiados. Incluso si el daño esperado por actos de terrorismo contra Estados Unidos fuera de 10.000 millones anuales, lo que parece una previsión demasiado alta, no tiene sentido gastar más de 75.000 millones cada año para prevenirlo, y sin duda no tiene ningún sentido gastar cualquier dinero solo para pretender que lo impedimos.

Lo que vemos aquí no es realmente una operación de “inteligencia” o contraterrorismo en absoluto. Es pura y simplemente un robo, alimentado por el miedo irracional y continuamente avivado por los defensores del gobierno que están ejercitando el poder y amasando un botín para “luchar contra el terrorismo”.

 

 

Robert Higgs socio distinguido en economía política en el Independent Institute y editor de The Independent Review. En 2007 recibió el premio Gary G. Schlarbaum por una vida dedicada a la causa de la libertad.

Este artículo se publicó originalmente como “Why This Gigantic 'Intelligence' Apparatus? Follow the Money”, en el blog Beacon, del Independent Institute, el 20 de julio de 2010.

Published Sat, Dec 18 2010 5:46 PM by euribe
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