El diario de Burns muestra el mito de la independencia de la Fed

Por Doug French. (Publicado el 27 de diciembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4919.

[Inside the Nixon Administration: The Secret Diary of Arthur Burns, 1969–1974 • Arthur Burns • University Press of Kansas, 2010 • 144 páginas]

 

La idea de la independencia del banco central es uno de los grandes mitos de la edad moderna. La idea se presenta constantemente y se usan las mismas palabras. Todo presidente y potencial candidato presidencial jura que la independencia de la Fed es sacrosanta. Incluso antes de convertirse en presidente, Barack Obama hablaba con reverencia del trabajo de Ben Bernanke. “El senador Obama dejó claro su respeto a la independencia del Sistema de Reserva Federal y la importancia especial de su papel durante periodos de incertidumbre económica”, dijo el portavoz de Obama en el Senado, Michael Ortiz, a Reuters en julio de 2008.

En mayo, el presidente actual de la Fed dijo en una conferencia en Tokio que a él y a otros banqueros centrales debe dejárseles solos para guiar expertamente sus respectivas economías; de otra forma, dijo Bernanke, “la interferencia política en la política monetaria puede generar indeseables ciclos de auge y declive que en último término levarían a una economía menos estable y una mayor inflación”.

Para quienes se crean este sinsentido (o estén bajo la impresión de que los líderes políticos y los seguidores que les rodean son inteligentes, considerados y llevan en el corazón los mejores intereses para el país), una rápida lectura de un pequeño libro debería sacar del error de estas ideas al más ardiente amante de la democracia. Inside the Nixon Administration: The Secret Diary of Arthur Burns, 1969–1974 permite al lector echar un vistazo al despacho oval y debería hacerle reflexionar.

Esperen un momento: el presidente de la Fed no está en la Casa Blanca. El presidente y el banquero central principal solo se ven en el circuito de cócteles de Washington, asintiendo educadamente, pero manteniendo una distancia respetable. De otra forma, la gente hablaría.

Sin embargo, Arthur Burns estuvo muchísimo tiempo con Richard Nixos y su personal y asesores. Después de emplear la mayor parte de un día especialmente ajetrado en la Casa Blanca, acaba su anotación del 19 de enero de 1972 con “¡Vanidad! ¡Qué vanidad! ¿Por qué hombres maduros actúan tan tontamente?”

Esto dice un tipo que, cuando un periodista alemán les preguntó cómo podía haber apretado el gatillo de una política monetaria dañina, dijo que un presidente de la Fed tiene que hacer lo que reclama el presidente o “el banco central perdería su independencia”.

Hay numerosas notas en el diario de Burns que empiezan con “El presidente telefoneó”, “La reunión en Camp David”, “El presidente llamó y me dijo que fuera”. Es bueno que el Eccles Building y al Casa Blanca estén a solo unas pocas manzanas de distancia.

Burns estaba cercano a Nixon, pero aun así parece triste en su anotación inicial porque Nixon estuviera exultante el día de la toma de posesión en lugar de abrumado por el reto y la responsabilidad. Pocas notas después Burns escribe acerca de ir a TV para apoyar el paquete doméstico del presidente, lo que ocasionó una llamada de un agradecido Nixon que insistía a Burns acerca de la importancia de la lealtad. Pero cuando el presidente le llamó media hora más tarde sin ninguna razón aparente, Burns se pregunta, “¿Había estado bebiendo?” Recuerda a una escena patética incluida en la película Frost/Nixon.

El diario resulta realmente candente con las anotaciones de 1971, el año esencial en que se extinguieron los últimos restos del patrón. Escribiendo acerca de lo que se conoció como la reunión de la Cuadriada (la “troika” del secretario del Tesoro, el presidente del Consejo de Asesores Económicos y el director de la Oficina del Presupuesto junto con el presidente de la Fed) el 8 de marzo, Burns observaba:

El presidente parecía estar loco; hablaba como un hombre desesperado; despotricaba con odio contra la prensa; nos reprendió a algunos (aparentemente se refería a mí o a McCraken [el presidente del Consejo de Asesores Económicos] o a ambos) por no poner una cara alegre y optimista sobre cada noticia económica por muy desalentadora que fuera; presentó la teoría de que la confianza puede generarse mejor mostrándose confiado y dando un sesgo alegre a las noticias, si hacía falta.

Burns continúa escribiendo que Nixon haría cualquier cosa por obtener la reelección y creía que a pesar del ataque del presidente a la Fed, “sentía que el Presidente se estaba volviendo loco”.

Pocos días después, Burns pide una reunión privada con Nixon para aclarar algunos puntos, uno de los cuales era “que nunca hubo el más mínimo conflicto entre que yo hiciera lo que era correcto para la economía y que hiciera lo que servía a los intereses políticos de RN”. No es exactamente una definición de independencia.

Nixon prefería alguien que siempre dijera que sí, algo de lo que se dio cuenta Burns en el verano de 1971 pocos días antes de que se cerrara la ventanilla del oro, escribiendo “Lo que me sorprendió no fueron los pensamientos internos del Presidente, sino el desprecio (que mostró tan claramente) por otros hombres que pensaran por sí mismos y tuvieran además algo de conciencia”.

El presidente de la Fed escribe más de una vez que él no estaba a favor de cerrar la ventanilla del oro, pero que acabó teniendo que cerrarla porque el gobierno era incapaz de actuar y liderar. Pero por supuesto Burns y compañía estaban implantando la Nueva Política Económica de Nixon, que implicaba mucha acción con mano dura del gobierno: una congelación de precios y salarios, una recarga del 10% a las importaciones, una desgravación fiscal a la inversión del 10% y un cierre “temporal” de la ventanilla del oro que se convirtió en muy permanente.

Bruns escribía que “aseguré al presidente que apoyaría completamente su nueva programa”, a pesar de sus reservas acerca de la suspensión del oro. Sin embargo l preocupación de Nixon respecto de las próximas elecciones atemorizaba a Burns, que escribía que estaba “perdiendo la fe” en el presidente.

Burns tiene poco bueno que decir acerca de los manejos de Nixon. Y es especialmente duro con Pul Volcker, a quien se reverencia a menudo por domeñar posteriormente la inflación espoleada por las políticas de Nixon y la Fed de Burns. En lugar de retratarlo como una fortaleza, Volcker es descrito por Burns como flojo: “un hombre indecido, lleno de defectos y ansiedades”.

Burns había sido sacado de la facultad de la Universidad de Clumbia por Dwight D. Eisenhower para ser presidente del Consejo de Asesores Económicos. Este nombramiento inició la carrera de Burns en el gobierno y afortunadamente abrió el camino para la aceptación de la tesis doctoral de Murray Rothbard, The Panic of 1819, que Burns había bloqueado a pesar de conocer a Rothbard desde que éste era un niño y de que David Rothbard le pidió que cuidara de su hijo.

El diario de Burns es una página tras otra de juego sucio político, mentiras y traiciones, Nixon llegó a ejercer una presión negativa sobre Bruns y amenazarle con expandir el Consejo de Gobernadores de la Fed para diluir la influencia del presidente, todo para hacer que Burns siguiera las intervenciones económicas del presidente. Nada de eso parece necesario: el diario de Burns indicaría que el presidente lo tenía a sus órdenes.

No hay duda de que aún hay un camino muy frecuentado entre el Eccles Building y la Casa Blanca. Pero el mito persiste. El economista Mark Zandi dijo recientemente a Lori Ann LaRocco, de la CNBC:

Pienso que lo peor que podría ocurrir es que la Fed se politizara. Una Reserva Federal apolítica es la piedra angular de nuestro sistema financiero y de la economía en general. Así que nada es más importante que mantener la independencia de la Fed. Y el hecho de que esté implicada en el proceso político es algo molesto y desconcertante.

Sr. Zandi, el USS Independencia de la Fed hace tiempo que zarpó.

 

 

Douglas French es presidente del Mises Institute y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply y Walk Away: The Rise and Fall of the Home-Ownership Myth. Es doctor en economía de la Universidad de Nevada-Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su tribunal de tesis. French enseña en la Mises Academy.

 

 

Published Mon, Dec 27 2010 7:56 PM by euribe