Los defectos de la banca de reserva fraccionaria

Por Thorsten Polleit. (Publicado el 23 de diciembre de 2010).

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4880.

                         

En un post de blog del 1 de noviembre de 2010 titulado “Could the World Go Back to the Gold Standard?”, Martin Wolf, el principal comentarista económico del Financial Times, llegaba a la conclusión de que “no podemos volver y no volveremos al patrón oro”.

De entre una serie de argumentos que la economía ortodoxa ha levantado contra la conveniencia y viabilidad del patrón oro, Wolf presenta una línea de razonamiento que puede servir bastante bien como punto de partida para debatir su postura. Wolf escribe:

Los economistas de la escuela austriaca quieren abolir la banca de reserva fraccionaria. Pero sabemos que ésta es una consecuencia natural de las fuerzas del mercado. Es un desperdicio mantener una reserva del 100% en un banco si los depositantes no necesitan su dinero casi todo el tiempo. Los bancos tienen un fuerte incentivo para prestar parte del dinero depositado en ellos, expandiendo así la oferta agregada de dinero y crédito.

Los austriacos no piden establecer por decreto un patrón oro

Para poner el balón en juego, los economistas austriacos (en particular los de tradición misesiana-rothbardiana) piden inflexiblemente reemplazar el dinero fiduciario con dinero de libre mercado, dinero que se produce por la interacción libre de la oferta y demanda de dinero.

Una recomendación así tiene una base ético-económica firme: el dinero del libre mercado es el único orden monetario que es compatible con los derechos de propiedad privada, el principio que gobierna la sociedad del libre mercado.

El foco en los derechos de propiedad privada no solo se deduce de la teoría de los derechos naturales (en la tradición lockeana), sino que puede en último término justificarse sobre la base del irrefutable y evidente axioma de la acción de humana, como ha demostrado Hans-Hermann Hoppe.[1]

Por tanto los austriacos defienden la privatización de la producción del dinero, cerrando los bancos centrales y dejando que el mercado decida qué tipo de dinero que usar la gente. El gobierno no tendría que desempeñar ningún papel activo en el funcionamiento de un sistema monetario de  libre mercado.

Se podría sostener la opinión de  que los metales preciosos (en particular, el oro y la plata, y hasta cierto punto el cobre) serían los medios de intercambio aceptados universalmente al ser elegidos libremente. En otras palabras, podrían convertirse en dinero una vez que la gente pudiera elegir libremente en asuntos monetarios.

Sin embargo los economistas austriacos no pedirían establecer un patrón oro, mucho menos un patrón oro con banca central (patrocinada por el gobierno): defenderían una moneda del libre mercado, bajo la que, presumiblemente, el oro se convertiría en la moneda libremente elegida.[2]

La banca de reserva fraccionaria viola los derechos de propiedad

Ocupémonos ahora de la banca de reserva fraccionaria. Significa que un banco presta dinero que los clientes han depositado en él. La banca de reserva fraccionaria lleva así a una situación en la que dos individuos son propietarios de la misma cosa.[3]

La banca de reserva fraccionaria crea así un imposible legal: a través del préstamo bancario, el prestatario y el depositante se convierten en propietarios del mismo dinero. La banca de reserva fraccionaria lleva a obligaciones contractuales que no pueden cumplirse desde el principio.

Como apuntan Hoppe, Block y Hülsmann, “cualquier acuerdo contractual que implique presentar a dos personas diferentes como propietarios simultáneos de la misma cosa (o alternativamente a la misma cosa como propiedad simultánea de más de una persona) es objetivamente falso y por tanto fraudulento”.[4] Un “acuerdo de banca de reserva fraccionaria implica una imposibilidad y el fraude equivalente al comercio de elefantes voladores y círculos cuadrados”.[5]

La verdad es que la banca de reserva fraccionaria se suma a la violación de la naturaleza de la ley de los derechos de propiedad. Y por tanto el argumento de que la banca de reserva fraccionaria representa una economización monetaria sensata (un argumento que aporta Wolf contra el patrón oro) no se sostiene.

Argumentar a favor de la banca de reserva fraccionaria sería en realidad equivalente a decir que es legal (o legítimo o incluso lícito) que A haga lo que quiera con la propiedad de B sin solicitar el consentimiento de este último.

Sin embargo ¿qué pasa si ambos, banco y depositante, acuerdan voluntariamente que los depósitos monetarios debería usarse para transacciones de crédito vía la emisión de medios fiduciarios? Incluso y acuerdo voluntario así violaría la ley de los derechos de propiedad.

Mientras que el banco y el depositante se benefician (o esperan hacerlo) de un acuerdo así, ¿qué pasa con los que reciben los medios fiduciarios? Se les atería engañosamente a intercambiar bienes y servicios contra algo (los medios fiduciarios) que ya se ha declarado propiedad de otros, algo con lo que el vendedor  presumiblemente no estaría de acuerdo si hubiera conocido la verdadera naturaleza del acuerdo.

¿Qué pasa si todos los agentes del mercado acuerdan voluntariamente emplear la banca de reserva fraccionaria? La conclusión anterior no cambiaría: la banca de reserva fraccionaria voluntariamente aceptada representaría un sistema monetario cuya propia naturaleza violaría la de la ley de los derechos de propiedad privada. Produciría un caos económico de la máxima escala.

La banca de reserva fraccionaria no ha aparecido “naturalmente”

Lo cierto es que la banca de reserva fraccionaria no es, como apunta Wolf, “una consecuencia natural de las fuerzas del mercado”. Es un resultado de la ley del gobierno y ha sido sostenida por ésta.

En un sistema de libre mercado, la práctica de la banca de reserva fraccionaria sería ilegal por su propia naturaleza. Así que la banca de reserva fraccionaria acabaría (más pronto que tarde) bajo los auspicios de una ley en funcionamiento de derechos de propiedad privada.

La razón por la que la banca de reserva fraccionaria ha existido durante bastante tiempo se debe la ley del gobierno, que, por supuesto, debe distinguirse de la ley natural de los derechos de propiedad. Por supuesto, el gobierno puede hacer legal a la banca de reserva fraccionaria en un sentido formal. Sin embargo ni siquiera la ley del gobierno cambia la naturaleza de las cosas. Como dijo sucintamente Murray Rothbard:

los bancos de reserva fraccionaria (…) crean dinero de la nada. Esencialmente lo hacen de la misma forma que los falsificadores. Los falsificadores también crean dinero de la nada imprimiendo algo que parece dinero o un recibo de almacenamiento de dinero. De esta manera extraen fraudulentamente recursos a la gente, de la gente que ha ganado honradamente su dinero. De la misma manera  los bancos de reserva fraccionaria falsifican recibos de almacenamiento de dinero, que luego circulan entre la gente como equivalentes a dinero. Hay una excepción a la equivalencia: La ley no trata a los recibos como falsificaciones.[6]

La banca de reserva fraccionaria bajo un dinero metálico frente a un dinero fiduciario

En un régimen de dinero metálico (como el patrón oro), la banca de reserva fraccionaria, como demuestran los economistas austriacos, es en la práctica una forma de falsificación. Sin embrago, ¿qué pasa con la banca de reserva fraccionaria bajo un sistema de dinero fiduciario?

Bajo dinero fiduciario, las responsabilidades de los bancos frente a sus clientes (en lo que se refiere a los depósitos a la vista) se pagan en forma de dinero base o dinero del banco central, un tipo de dinero que solo pueden producir lo bancos centrales (patrocinados por el gobierno).

Los bancos centrales tienen le monopolio de la producción del dinero base. Pueden aumentar la oferta de dinero base de una vez en cualquier cantidad que consideren políticamente deseable. Es el banco central el que determina en último término si los bancos pueden cumplir o no con sus obligaciones de pago.

Bien puede ser que el banco central decida, una vez que a un banco sus clientes le reclamen pagar en efectivo sus depósitos a la vista, ofrecer la suficiente cantidad de billetes, prestándoselos al banco o comprando parte de los activos de dicho banco.

Sin embargo lo esencial es que los bancos que operan bajo una banca de reserva fraccionaria en un régimen de dinero fiduciario crean obligaciones contractuales que no pueden cumplir desde el principio. Rothbard apunta que

no constituye ninguna diferencia lo que se considere como dinero o efectivo en la sociedad, ya sea oro, tabaco o incluso papel moneda fiduciario del gobierno. La técnica piramidal de los bancos sigue siendo la misma.[7]

La incómoda verdad acerca de la banca de reserva fraccionaria

Los economistas austriacos, y Ludwig von Mises en particular, han demostrado que la banca de reserva fraccionaria bajo un dinero metálico causa necesariamente problemas económicos a grane Scala. Esto ocurre porque los bancos se dedican entonces a la expansión de la circulación del crédito, es decir, emiten dinero a través de préstamos sin soporte de ahorro real.[8]

El crédito bancario de circulación es inflacionista y causa desequilibrios económicos y exceso de deuda del sector privado, sobre todo por parte de los gobiernos. Es asimismo la verdadera causa del ciclo de “auge y declive”.

Esto último abre a su vez la puerta para dosis de intervencionismo público cada vez mayores (regulaciones, nacionalizaciones, controles de precios, etc.) que, con el tiempo, erosionan e incluso destruyen los mismos principios en los que se basa la sociedad del libre mercado.

Esta conclusión no cambia cuando hay una banca de reserva fraccionaria bajo dinero fiduciario. El dinero fiduciario (o, para ser más precisos, su producción) es por sí mismo una violación del principio de libre mercado y la banca de reserva fraccionaria se añade en el impulso de las consecuencias económicas del dinero fiduciario.

Con el fin de preservar la cooperación social próspera y pacífica, debe sostener como verdadera la conclusión contraria a la de Wolf: esto es, que podemos volver a la moneda fuerte y lo haremos y que el patrón oro es una forma particular que es completamente aceptable desde una perspectiva ético-económica, siempre y cuando sea libremente elegido por la gente.

 

 

Thorsten Polleit es Profesor Honorario en la Escuela de Finanzas y Gestión de Frankfurt.



[1] Hans-Hermann Hoppe, “On the Ultimate Justification of the Ethics of Private Property”, en The Economics and Ethics of Private Property: Studies in Political Economy and Philosophy, 2ª ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2006), pp. 339-345.

[2] Murray Rothbard pedía un retorno al dólar 100% oro. Sin embargo esto no contradice la dicho anteriormente, ya que la recomendación de Rothbard se basa en la precondición de que “si la gente quiere y desea aferrarse a sus dólares o francos, entonces solo hay una forma de alejar el dinero del estado, de desnacionalizar verdaderamente el dinero de una nación. Y éste es desnacionalizar el propio dólar (o el marco o el franco). Solo la privatización del dólar puede acabar con el dominio inflacionario del gobierno de la oferta monetaria de la nación”. Ver Murray N. Rothbard, “The Case for a Genuine Gold Dollar”, en The Gold Standard: Perspectives in the Austrian School, Llewellyn H. Rockwell, Jr., ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1992), p. 5. La recomendación de Rothbard de definir de nuevo el dólar como un peso de un producto del mercado, es decir, el oro, se basa en (i) la idoneidad de usar metales preciosos, especialmente el oro como dinero y, aún más importante, (ii) el hecho de que el gobierno de EEUU confiscó el oro en 1933, por lo que la redefinición de dólar en oro sería la elección natural.

[3] Para una explicación detallada, ver Jesús Huerta de Soto, Money, Bank Credit, and Economic Cycles (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2006), esp. el capitulo  3, “Attempts to Legally Justify Fractional-Reserve Banking”, pp. 115-165. [Publicado en España como Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (Madrid: Unión Editorial, 2009)]

[4] Hans-Hermann Hoppe, con Jörg Guido Hülsmann y Walter Block, “Against Fiduciary Media”, en el Quarterly Journal of Austrian Economics, vol. 1, nº 1, pp. 21-22.

[5] Ibíd., p. 26.

[6] Murray N. Rothbard, The Mystery of Banking, 2ª ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2008), p. 98.

[7] Ibíd., p. 100.

[8] El crédito de circulación (o Zirkulationskredit) significa que los bancos, al extender un préstamo a un consumidor o empresa, aumentan la existencia de dinero. Por el contrario, el crédito de metálico (o Sachkredit) significa que un banco extiende un préstamo a un consumidor o empresa simplemente transfiriendo dinero ya existente del ahorrador al inversor. Para una explicación más detallada, ver Ludwig von Mises, The Theory of Money and Credit (Indianapolis: Liberty Fund, 1981), pp. 296-310. [Publicado en España como La teoría del dinero y del crédito (Madrid: Unión Editorial, 1997)].

Published Mon, Dec 27 2010 7:54 PM by euribe