La economía de los vales en la Depresión

Por Clifford F. Thies. (Publicado el 30 de junio de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4521.

De acuerdo con Paul Krugman, una causa que contribuye a la depresión es el atesoramiento y, respecto de éste, no tengo nada en contra.[1] Es en relación con al capacidad del mercado de ocuparse del problema del atesoramiento, frente a la necesidad de la intervención del gobierno a causa de éste, en lo que discrepo.

Remontándonos a 1999, cuando Krugman escribió El retorno de la economía de la depresión, fue recibido con extrañeza. Era un libro delgado, escrito con un tipo de letra grande, corto de economía y largo de narración. Supuestamente trataba de la “década perdida” de Japón, cuando (según Krugman) no había aumentado suficientemente su deuda nacional. Aún así, la deuda nacional de Japón es del 200% del PIB, que es con mucho el porcentaje más alto de todas las economías desarrolladas.

Recientemente, Krugman ha publicado una actualización del libro, The Return of Depression Economics and the Crisis of 2008.[2] Su preocupación es que en la actualidad Estados Unidos, con un déficit presupuestario del 12% del PIB no está aumentando su deuda nacional suficientemente rápido.

Por desgracia, la premisa del libro se basa en una falsa suposición referida al atesoramiento. Para ilustrar el problema del atesoramiento, Krugman usa el ejemplo de la cooperativa de cuidado de niños de Capitol Hill en la década de 1970. Tal y como Krugman describe esta cooperativa, consistía en abogados y otras personas acomodadas que decidieron que, en lugar de contratar canguros en el mercado, harían turnos para cuidar de los niños de los otros. (Un economista debería preguntarse inmediatamente por qué esta gente no emplea la ley de la ventaja comparativa y niega oportunidades a los jóvenes emprendedores. Pero dado que lo hicieron, no sorprende que erraran al diseñar un acuerdo cooperativo compatible con incentivos).

El acuerdo de cooperativa obligaba a sus miembros a obtener servicios de canguro solamente de los demás y para hacerlo usarían “vales”, distribuidos por la cooperativa, para el servicio. Sin embargo los miembros de la cooperativa atesoraron los vales que tenían para tenerlos disponibles cuando realmente necesitaran servicios de canguro, en lugar de usarlos libremente para salir. Y como poca gente estaba comprando servicios de canguro, nadie podía estar seguro de adquirir vales ofreciendo servicios de canguro, lo que solo servía para reforzar la tendencia a atesorar vales.

Después de probar varias “soluciones” al estilo New Deal al problema del atesoramiento, como obligar a los miembros a salir al menos dos veces al mes, a la cooperativa se le ocurrió la idea de distribuir más vales. Los vales adicionales aplacaron las preocupaciones de los miembros que habían llevado al problema del acaparamiento y el mercado en servicios de canguro despegó.

Ustedes se preguntaran qué tiene que ver la historia de los canguros con las depresiones. Durante una depresión, la gente pierde la confianza en su capacidad de ganar dinero ofreciendo su trabajo y otros servicios productivos. Por tanto trata de crearse una reserva de efectivo, es decir, de “atesorar” dinero. Sin embargo, el atesoramiento de dinero rebaja la demanda de mano de obra y otros servicios productivos, generando una mayor pérdida de confianza e intensificando la necesidad de atesorar.

El impacto del atesoramiento puede ser particularmente severo dentro de un sistema de banca de reserva fraccionaria. En un sistema de banca de reserva fraccionaria, todo dólar sacado de los bancos por personas que busquen atesorar genera un reducción multiplicadora en la oferta monetaria. De hecho, sacar dinero de los bancos podría causar una corrida bancaria, haciendo que los bancos se vean forzados a la suspensión y a inmovilizar los fondos que sigan teniendo.

La historia monetaria de EEUU estaba caracterizada anteriormente por una serie de pánicos bancarios en los que la gente intentaba sacar su dinero de los bancos y forzaba a sus bancos a la suspensión. Ahora se caracteriza por la creación masiva de dinero, para disipar preocupaciones acerca de la liquidez de las reclamaciones financieras, con el riesgo de disparar una espiral inflacionista.

En el pasado, cuando los bancos suspendían, una gran parte del dinero que la gente tenía en sus bancos se convertía en ilíquida, lo que significaba que estaba indisponible para gastar, La combinación de confianza reducida del consumidor, inseguridad laboral, oferta monetaria reducida, dinero atrapado en bancos suspendidos y preocupación por quiebras bancarias adicionales hacían que la gente recortara sus gastos, ya fuera por falta de ingresos o para crear una reserva de efectivo. Esto generaba lo que los economistas keynesianos describen como una falta en la demanda agregada.

Debería apuntar que no estoy en absoluto convencido de que el “atesoramiento” sea una causa primaria del problema. Mi impresión es que el atesoramiento solo se inicia después de que la opinión pública se preocupa por la solidez del dinero o el sistema bancario y por tanto puede ser una causa secundaria. En la historia monetaria de EEUU, el dinero generalmente desaparecía durante las depresiones solo después de que los bancos se vieran forzados a la suspensión.

Durante las épocas de pánico ¿cómo se ocupaba el libre mercado de los problemas de las suspensiones bancarias y el atesoramiento? ¿El libre mercado simplemente se derrumbaba y esperaba a que el gobierno rescatara a la economía? ¿O se ocupaba el libre mercado eficazmente de estos problemas? ¿Y si durante las épocas de pánico el libre mercados e ocupaba eficazmente de los problemas del atesoramiento y la suspensión bancaria, que hizo diferente a la Gran Depresión de la década de 1930?

El atesoramiento antes de la década de 1930

En el momento de la Gran Depresión, el libre mercado había desarrollado un método muy efectivo para ocuparse de los problemas de la suspensión bancaria y el atesoramiento a través del uso de vales, o dinero de emergencia, por asociaciones de cámaras de compensación. Es verdad que ésta no fue la única medida empleada por el mercado para ocuparse de los problemas del atesoramiento y la suspensión bancaria. Pero los certificados de las cámaras de compensación fueron, con mucho, las más importantes.

De acuerdo con A. Piatt Andrew, tras el Pánico de 1907, cuando se emitieron 238 millones de dólares en certificados de cámaras de compensación, también se emitieron 96 millones de dólares en otras formas de vales, cuyo mayor componente fueron cheques escritos por empresarios.[3] Como detalla A.D. Noyes, tras el Pánico de 1893, la Cámara de Compensación de Nueva York emitió 38,3 millones de dólares en certificados y las demás cámaras en todo el país emitieron un total de 69 millones.[4] Estos certificados circularon durante unas 19 semanas, momento en que, al haber acabado el pánico, se retiraron de la circulación y se volvió a las operaciones normales. Tras el Pánico de 1907, la Cámara de Compensación de Nueva York emitió 85,4 millones de dólares en certificados y las demás cámaras en todo el país emitieron un total de 238 millones. Estos certificados circularon durante unas 22 semanas.

Se emitieron certificados de cámaras de compensación tras pánicos en 1873, 1884 y 1890. Un antecedente de los certificados de cámaras de compensación se utilizó ya en 1857. En 1857 se usaron para pagos interbancarios una especie de certificados de cámaras de compensación, respaldados por títulos emitidos por el Estado de Nueva York y el Tesoro de EEUU.[5] Este procedimiento se uso por consiguiente varias veces durante la década de 1860.

Fue en 1873 cuando los certificados de cámaras de compensación se empezaron a emitir como dinero de uso corriente. Abajo aparece la imagen de uno de los primeros certificados de cámaras de compensación emitidos en 1873 y uno de los últimos emitidos en 1907. Y, en la Tabla 1, doy las cantidades emitidas por la Cámara de Compensación de Nueva York de 1873 a 1907.

Figure 1

Cheque emitido por el National Park Bank of New York con la cantidad de 100$, estampado “pagable a través de la Cámara de Comercio” haciéndolo usable como dinero, emitido tras el Pánico de 1873.

Figure 2

En el tiempo del Pánico de 1907, se emitieron a menudo certificados de cámaras de compensación, como en el caso anterior, un certificado de 5$ emitido por la Cámara de Compensación de San Francisco.

Tabla 1

Fecha primera emisión

Fecha última emisión

Fecha primera cancelación

Fecha última cancelación

Total emitido

Máxima existencia

22/9/1873

20/11/1873

3/10/1873

14/1/1874

26,6 M

22,4 M

15/5/1884

6/6/1884

19/5/1884

23/9/1884

24,9 M

21,9 M

12/11/1890

22/12/1890

28/11/1890

7/2/1891

16,6 M

15,2 M

21/6/1893

6/9/1893

6/7/1893

1/11/1893

41,5 M

38,3 M

26/10/1907

30/1/1908

14/11/1907

28/3/1908

101,1 M

88,4 M

Número de Certificados emitidos por la Cámara de Compensación de Nueva York de 1873 a 1907. (Fuente: Sprague, History of Crisis under the National Bank System. Washington, DC: GPO, 1910. pp. 432-433.)

¿Cómo funcionaban los certificados de cámaras de comercio? Inicialmente, los certificados los emitían los bancos miembros de las cámaras en denominaciones redondas, basándose en “fondos buenos” atestiguados por la asociación de la cámara de compensación. Después, algunas de las asociaciones de cámaras de compensación emitieron directamente certificados, respaldados por activos identificados del banco y garantizados por los bancos miembros de la cámara de compensación.

Los certificados normalmente se entregaban a un empresario, que los usaba para pagar las nóminas. Los trabajadores que recibían los certificados los entregaban, como si fuera dinero a distintos comerciantes, lo que no equivale a decir que los comerciantes estuvieran que aceptarlos, ya que no eran dinero de curso legal. Los receptores de los certificados podían usarlos para liquidar sus préstamos en los bancos miembros de la cámara de compensación. Si no, podían usar ellos mismos usar los certificados como dinero.

Fíjense en mi cambio de decir que los certificados se usarían “como si fuera dinero” a decir que los certificados se usarían “como dinero”. Como una de las definiciones del dinero es la de lo que se usa como medio general de intercambio, una vez que la gente empezó a utilizar los certificados como dinero, se convirtieron en dinero.

Sin embargo (y esto es lo importante) mientras la oferta de certificados fue pequeña en comparación con la necesidad de los deudores de dinero con el que pagar sus préstamos, los certificados se usaban a la par o casi. Así, la forma en que funcionaban los certificados era que se creaban en el proceso de realizar préstamos y se destruían en el proceso de pagarlos. Durante el breve plazo de su existencia, circulaban como vales, es decir, como dinero por un periodo limitado de tiempo, bajo condiciones de emergencia.

En este punto podría continuar con una larga explicación de las limitaciones de la magia de la creación de dinero que implicaban los certificados de cámaras de comercio y de los riesgos que implicaban. Sin embargo, para el propósito actual me basta con apuntar que mientras la asociación de cámaras de comercio actuara razonablemente vigilando a sus miembros para que todos los certificados estuvieran suficientemente respaldados, la comunidad se beneficiaba enormemente de la creación de liquidez durante un pánico.

Liquidez en la Gran Depresión

Entonces ¿por qué no se produjo el mismo fenómeno durante la Gran Depresión? Me alegro de que me hagan esa pregunta. Demuestra que les interesan los hechos reales de la historia en lugar de la jerigonza que les dieron en la escuela pública.

La razón por la que los banqueros y otros no rescataron a nuestro país de la peor oleada de suspensiones bancarias y atesoramiento en la historia de nuestra nación es que el gobierno se lo impidió. Durante marzo de 1933, en medio de un terrible pánico bancario, los banqueros del país, junto con comerciantes y muchos otros, estaban listos para emitir cientos de millones de dólares en certificados de cámaras de compensación. Pero el gobierno intervino y dijo “¡no!”.

Antes de 1933, los banqueros en su mayoría se resistieron a reclamar vales. Sin embargo una serie de localidades se aprovecharon de ello. De acuerdo con el New York Times, a principio de 1933, unas 500.000 personas estaban usando alguna forma de vale.[6]

Algunos municipios emitieron vales para pagar salarios a sus trabajadores y para otros fines. Por ejemplo, Atlantic City, en Nueva Jersey, emitió vales durante 1932, aceptados por el ayuntamiento para el pago de impuestos atrasados. De acuerdo con el New York Times, “Los vales [de Atlantic City] han tenido una amplia circulación y muchos han llegado a la oficina del recaudador de impuestos Lewis L. Mathis para el pago de multas”.[7]

En otros casos, las asociaciones de voluntarios emitían vales junto con sus ayudas a los parados. Por ejemplo, en Freeport, Nueva York, el Comité de Desempleo de Freeport, con el apoyo de “prácticamente todas las tiendas” del pueblo, emitieron 50.000$ en “vales de sello”. Este dinero de emergencia iba a emitirse a personas en pago por trabajos en proyectos laborales y luego gastado en las tiendas del pueblo que los aceptaran.

El vale de sello iba a recircular dentro del pueblo durante el año siguiente. Iba a cumularse un fondo para su redención mediante la compra de los sellos unidos al vale, a un tipo del 2% semanal de su valor facial. Aunque la idea de los vales de sello fue uno de los planes más ingeniosos que se hicieron durante la Gran Depresión, debería considerarse que, en una economía de libre mercado, esos tiempos difíciles habitualmente dan lugar a panaceas que de alguna manera resuelven el problema subyacente.[8]

Aunque los bancos se habían resistido previamente a pedir vales, en marzo de 1933, los problemas de suspensiones bancarias y atesoramiento se habían hecho insoportables. Tras la elección de Franklin D. Roosevelt y la posibilidad de una legislación radical (incluso de gobierno por decreto) la gente en todo el país se apresuró a sacar su dinero de los bancos. Los bancos estaban cayendo como moscas y en un estado tras otro, se estaban declarando “vacaciones bancarias” o restringiendo las retiradas de depósitos a un 5% de los saldos. En algunos lugares, se declaró la moratoria de los pagos de deudas y había una creciente sospecha de que el oro sería embargado.

En lugar de aplacar los temores de la opinión pública, las intervenciones solo empeoraron las cosas. El dinero empezó a desaparecer, incluyendo en particular las monedas y los billetes de pequeñas denominaciones. La gente corría a las máquinas de cambio de moneda de las lavanderías y los vendedores dejador de aceptar billetes de alta denominación para compras pequeñas.

El 4 de marzo, cuando el gobernador Lehman declaró unas vacaciones bancarias de dos días en Nueva York, el sentimiento de los banqueros cambió drásticamente a favor de los vales. Ese día, la Cámara de Compensación de Nueva York anunció un plan de urgencia para emitir certificados de cámara de comercio tras la reapertura de los bancos. En la imprentas de la American Bank Note Company en el Bronx, los equipos empezaron a trabajar a toda prisa para producir 200 millones de dólares en vales para la Cámara de Compensación de Nueva York, en denominaciones de 1$ a 50$, con órdenes adicionales de banqueros en Baltimore, Boston, Chicago, Detroit, Filadelfia y otros lugares.

En toda la ciudad de Nueva York, los comerciantes y otros vendedores empezaron a anunciar su disposición a aceptar los vales, así como cheques bancarios y también anunciaron su voluntad de extender crédito a los clientes habituales. De acuerdo con el New York Times “Había algo ingenuo en la ansiedad del público por poner sus manos en el nuevo medio de intercambio prometido”.[9]

Sin embargo representantes de las asociaciones de las cámaras de compensación de Nueva York, Filadelfia, Baltimore y Richmond fueron convocados a Washington DC por el secretario del tesoro. Después de unos pocos días de negociaciones, incluyendo una aparente aprobación de los planes de los banqueros, la autorización para proceder con la emisión de certificados fue denegada. El gobierno, ya lo ven, tenía una idea distinta de cómo ocuparse de los problemas del atesoramiento y las suspensiones bancarias.

En lugar de ocuparse de la Depresión mediante el método acrisolado de vales emitidos por bancos privados, el plan de la administración Roosevelt implicaba la suspensión de patrón oro, seguida de la devaluación y la abrogación de la cláusula del oro, la cartelización de los bancos del país, la National Recovery Act, la Wagner Act, la sopa de letras de las agencias y el principio de un gobierno en constante expansión.

Para dar una analogía entre las soluciones privada y pública, sería como si una cooperativa de canguros decidiera que la forma de ocuparse de los vales de canguros sea quitar los niños a sus padres y ponerlos en orfanatos organizados y gestionados por la cooperativa, en lugar de simplemente emitir vales adicionales para proporcionar liquidez al mercado de canguros.

En cualquier caso, la no emisión de vales durante la Gran Depresión no fue un fallo del mercado. La no emisión de vales fue una parte del plan de la Administración Roosevelt para aumentar enormemente el tamaño del gobierno en este país.

 

 

Clifford F. Thies es el titular de la Cátedra Eldon R. Lindsay de Libre Empresa en la Universidad de Shenandoah en Winchester, Virginia.



[1] Ver Paul Krugman, The Return of Depression Economics (Nueva York: W.W. Norton, 1999), pp. 8-11. [Publicado en España como El retorno de la economía de la depresión (Barcelona: Crítica, 2000)]

[2] Paul Krugman, The Return of Depression Economics and the Crisis of 2008 (Nueva York: W.W. Norton, 2008).

[3] A. Piatt Andrew, “Substitutes for cash in the Panic of 1907”, Quarterly Journal of Economics (Agosto de 1908).

[4] A.D. Noyes, Forty Years of American Finance (Nueva York: Putnam, 1909).

[5] J.S. Gibbons, The Banks of New York, Their Dealers, The Clearing House and the Panic of 1857 (Nueva York: Greenwood Press, 1968), p. 364.

[6] New York Times, 15 de enero de 1933, IV:8.

[7] New York Times, 3 de marzo de 1933, p. 36.

[8] Para una explicación de varias de estas panaceas, incluyendo los vales de sello, ver Margaret Myers, Monetary Proposals for Social Reform (Nueva York: Columbia University Press, 1940).

[9] New York Times, 7 de marzo de 1933, p. 5.

Published Wed, Dec 29 2010 6:21 PM by euribe