El liberalismo clásico y el impuesto único sobre los terrenos

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 6 de enero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4824.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

 

Los libertarios de los derechos naturales y el laissez faire siempre afrontan varios problemas o lagunas en su teoría. Uno son los impuestos. Si todo individuo ha de tener derechos inviolables de propiedad y esos derechos van a ser garantizados por el gobierno, los impuestos, en sí mismos una infracción a los derechos de propiedad, presentan un problema inmediato para los teóricos del laissez faire. ¿Qué altos han de ser y quién debe pagarlos?

El liberalismo clásico, aunque incompleto, había nacido en Francia como oposición al absolutismo estatista del rey Luis XIV en las últimas décadas del siglo XVII y primeros años del XVIII. Un programa favorito de estos liberales, establecido por Marshal Vauban y el Señor de Boisguilbert, entre otros, era un impuesto único, un impuesto proporcional sobre toda renta o propiedad: La idea era que este impuesto simple, directo y universal reemplazaría a la monstruosa y agobiante red impositiva que había crecido en la Francia del siglo XVII.

Para resolver el problema de los impuestos, el Dr. Quesnay y los fisiócratas idearon si impuesto único original (l'impôt unique): un impuesto sobre los terrenos. La idea era que el impuesto fuera bajo y que sería proporcional y limitado solo a un impuesto a los terrenos y los terratenientes.

La justificación del impôt unique deriva de la singular visión fisiocrática de que solo la tierra es productiva. La tierra produce porque crea materia, mientras que todas las demás actividades, como el comercio, las manufacturas, los servicios, etc. son “estériles”, aunque se reconocen como útiles, porque sólo mezclan o transforman la materia sin crearla. Como solo la tierra es productiva y todas las demás actividades son estériles, de esto se deduce, según los fisiócratas, que cualquier otro impuesto acabaría trasladándose a la tierra a través del sistema de precios. Por tanto, la alternativa es gravar a la tierra indirecta y remotamente, afectando y distorsionando las actividades económicas o gravar a la tierra abierta y uniformemente a través del impuesto único, librando así la a la actividad económica de una temida carga fiscal.

Desde el punto de vista de la teoría económica, la famosa idea fisiocrática de que solo la tierra es productiva debe considerarse extravagante y absurda. Indudablemente es una tremenda pérdida en las ideas comparada con Cantillon, que identificaba a la tierra y el trabajo como factores productivos originales y a los empresarios como los motores de la economía de mercado. Es indudablemente cierto que la agricultura era en aquel entonces la ocupación principal y que la mayor parte del comercio era el transporte y venta de productos agrícolas, pero eso escasamente disculpa o excusa el absurdo de la doctrina de la tierra como único factor productivo.

Es posible que una explicación de esta extraña doctrina sea aplicar a los fisiócratas la idea de del Profesor Garrison de la visión básica del mundo de Adam Smith. Smith, en una versión menos estrafalaria del sesgo fisiocrático, sostenía que solo la producción material (en contraste con los servicios intangibles) es “productiva”, mientras que los servicios inmateriales son improductivos. Garrison apunta que el contraste  aquí realmente no se da entre bienes materiales e inmateriales, sino entre bienes de capital y de consumo, que son básicamente o servicios directos o una serie de servicios que estarán disponibles en el futuro.

Por tanto para Smith el trabajo “productivo” es solo el trabajo que se dirige a bienes de capital, a construir capacidad productiva para el futuro. El trabajo en servicio directo a los consumidores es “improductivo”. En resumen, Smith, a pesar de su reputación como defensor del libre mercado, rechaza aceptar las asignaciones del libre mercado a la producción de bienes de consumo frente a los bienes del capital: preferiría más inversión y crecimiento del que prefiere el mercado.

De la misma manera, ¿no podría ser cierto que los fisiócratas tuvieran una visión similar? Los fisiócratas también  destacaban los bienes materiales y la agricultura era el principal producto material. Los fisiócratas estaban asimismo muy preocupados con el conocimiento económico, con aumentar la inversión y la producción nacional y especialmente con mayores inversiones de capital en agricultura. De hecho a los fisiócratas les desagradaba la opción del libre mercado y querían fortalecer la demanda de consumo de productos agrícolas en particular. Un alto consumo de productos agrícolas era beneficioso, de acuerdo con los fisiócratas, mientras que un alto consumo de bienes manufacturados promueve gastos “improductivos” y desplaza a las deseables compras de productos agrícolas.

Algunos economistas han llegado a especular con que los fisiócratas habrían estado encantados con una política de apoyo a los precios agrícolas. El Profesor Spiegel cree que si los fisiócratas hubieran tenido que afrontar una alternativa entre laissez faire e intervención a favor de apoyos a los precios agrícolas, habrían elegido la intervención. Los medios para resolver el problema económico que destacaba en sus mentes era el desarrollo de la agricultura local en lugar de la confianza incondicional en la iniciativa privada en un marco de competencia.[1]

Tal vez la forma de aplicar la idea de Garrison sea la actitud común de Smith y los fisiócratas sobre las leyes de usura. A pesar de su defensa generalmente coherente de los derechos de propiedad absolutos e inviolables y de la libertad de comercio dentro de una nación y sin ella, Quesnay y los fisiócratas defendían las leyes de usura, negando la libertad de prestar y pedir prestado. Adam Smith tenía la misma anomalía. Smith, como veremos más adelante (capítulo 16) y como apuntaba Garrison, seguía esta postura en un esfuerzo consciente por desviar al crédito de “improductivos” consumidores y especuladores de alto riesgo y altas cuotas de interés hacia inversores “productivos” de bajo riesgo.

Igualmente Quesnay denunciaba las restricciones a la inversión y el crecimiento de capital que generaban los altos tipos de interés y la competencia de prestatarios improductivos que se apoderan del crédito que de otra forma iría a la agricultura capitalizada. Las leyes de usura se mantenían por bases morales tradicionales de supuesta “esterilidad” del dinero. Pero para los fisiócratas, toda actividad excepto la agricultura era “improductiva” y así el problema era más bien la competencia que imponían al “sector productivo” esos préstamos. Como dice Elizabeth Fox-Genovese “Quesnay (...) argumenta que el alto tipo de interés constituye nada más y nada menos que un impuesto a la vida productiva de la nación, a aquéllos que no piden prestado tanto como los que sí lo hacen”.[2]

Es verdad que parte de la atención de los fisiócratas estaba aquí en la deuda pública y es indudablemente cierto que la deuda pública aumenta los tipos de interés y desvía capital de sectores productivos a improductivos. Pero hay dos fallos n esa postura. Primero, no toda deuda no agrícola es deuda pública y por tanto no todos los tipos de interés más altos son un “impuesto” a los productores. Las leyes de usura no solo perjudicarían a la deuda pública sino asimismo a otras formas de préstamo.

Y segundo, parece raro permitir la deuda pública y luego tratar de compensar sus desafortunados efectos con la postura de hacha de carnicero de imponer restricciones a la usura. Sin duda sería más sencillo, más directo y menos distorsionador atajar el problema en su origen y pedir la eliminación de la deuda pública. Las leyes de usura solo hacen peores las cosas y dañan el crédito libre y productivo.

Así que Quesnay (hijo de un granjero acomodado) estaba mucho más interesado en subvencionar el crédito a los granjeros y mantener alejados a los prestatarios en competencia que en acabar con la deuda pública.

Hay otra forma de explicar la actitud fisiócrata hacia la tierra como único productor. Y es concentrarse en el propuesto impôt unique. Más en concreto, los fisiócratas sostenían que las clases productivas eran los granjeros, que arrendaban los terrenos a los terratenientes y los cultivaban realmente. Los terratenientes eran solo parcialmente productivos, parcialmente por los adelantos de capital que habían hecho a los granjeros.

Pero los fisiócratas estaban seguros de que todos los rendimientos de los granjeros desaparecían por su competencia por arrendar terrenos, así que en la práctica todo el “producto neto” (produit net - el único producto neto en la sociedad) se lo apropiaban los terratenientes de la nación.

El Profesor Norman J. Ware ha interpretado la fisiocracia y su énfasis en la única productividad de la tierra como simplemente una racionalización de los intereses de la clase terrateniente. Esta hipótesis ha sido tomada en serio por muchos historiadores del pensamiento económico. Pero preguntémonos: ¿Qué tipo de doctrina interesada dice “Por favor, hagan que todos los impuestos recaigan en mí”? Los beneficiarios de las políticas fisiócratas sin duda serían todas las clases económicas excepto los terratenientes, incluida la propia clase de granjeros del Dr. Quesnay.[3]

 

 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.



[1]  Henry William Spiegel, The Growth of Economic Thought (2ª ed., Durham, NC: Duke University Press, 1983), p. 192. [Publicado en España como El desarrollo del pensamiento económico (Barcelona: Ediciones Omega, 1986)].

[2] Elizabeth Fox-Genovese, The Origins of Physiocracy (Ithaca: Cornell University Press, 1976), p. 241.

[3] He recogido esta idea de las lecciones del Profesor Joseph Dorfman sobre historia del pensamiento económico en la Universidad de Columbia. Hasta donde yo sé, esta opinión no se ha publicado antes.

Published Fri, Jan 7 2011 8:33 PM by euribe