La pesadilla de 1923 y su causa

Por Patrick Barron. (Publicado el 24 de enero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4984.

[When Money Dies: Lessons from the Great German Hyperinflation of 1923Adam Fergusson • Londres: William Kimber & Company, 1975 • 256 páginas]

 

¿Siente la necesidad de una buena historia de horror al estilo antiguo, una que la ponga los pelos de punta? ¿Tal vez una que haga que la bilis le suba a la garganta? Bueno, no se moleste en releer El exorcista de Peter Blatty, Frankenstein, de Mary Shelley o Drácula, de Bram Stoker. Para un relato detallado del descenso de todo un país a la desesperación y la barbarie, lea When Money Dies: Lessons from the Great German Hyperinflation of 1923, de Adam Fergusson.

Publicado por primera vez en 1975, reimpreso en 2010 y disponible a través del Instituto Mises, When Money Dies debería disipar la idea de que el gobierno de los hombres es superior al gobierno de la ley. ¿Por qué “el gobierno de la ley”? Porque fue la violación del estado de derecho por los propios gobiernos la que suplantó el pacífico orden liberal de un sistema monetario internacional basado en el oro por uno en que los bancos centrales, a instancias de los gobiernos, pudieron imprimir medios fiduciarios sin límites.

La implicación completa de este cambio se vio en la Alemania de Weimar, el primer experimento del pueblo alemán con la democracia representativa, en el que la sociedad civilizada cayó víctima de los males de la impresión de moneda. A todos los efectos prácticos, el marco alemán no valía el papel en que estaba escrito. El Reichsbank llegó a emitir el billete de mayor denominación nunca impreso en la historia mundial, el billete de cien billones de marcos, que nadie aceptaría como pago. Tenga cuidado si cree que no puede pasar hoy.

A través de la descripción detallada y casi día a día de Fergusson del intento del gobierno de atrapar su rabo alrededor del círculo inflacionista (y la patética y desgarradora respuesta de la gran masa del pueblo alemán, que trataba de sobrevivir cuando el dinero se convertía en inútil), mis pensamientos siguen volviendo a los Estados Unidos modernos. Realmente se me puso el pelo de punta  y la bilis me subió a la garganta cuando me di cuenta de que no había cambio nada esencialmente en nuestro sistema monetario. Esto es, los hombres, en lugar de la ley, controlan nuestro dinero y su comprensión de la misma naturaleza del dinero no es distinta de la que era hace casi un siglo.

Para quienes creen que e banco central de Alemania destruyó su propia moneda para conseguir evitar los pagos de indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial, Fergusson da dos muestras de evidencia convincente en sentido contrario: Una, que no hay evidencia escrita de que los banqueros alemanes hayan buscado este objetivo de forma secreta, y hay muchas evidencias escritas. Dos, en todo caso, Alemania estaba forzada por el tratado de Versalles a pagar sus indemnizaciones el oro o en bienes reales en todo caso.

Así que debemos buscar en otro lugar la causa de gran inflación de la moneda. Y no no necesitamos mirar más allá de los hombres en puestos de poder que eran ignorantes en teoría monetaria y tenían todos los incentivos para no conocer dicha teoría.

La producción de dinero se estaba politizando en todo el mundo antes de la Primera Guerra Mundial. (Mmm, me pregunto si hay aquí un enlace de causa y efecto). En lugar de respaldar con oro la moneda circulante al menos en un grado marginal, los bancos centrales desarrollaron una estrategia de eliminar todas las restricciones impuestas a su inflación de oferta monetaria por el hecho de que la cantidad de oro no podría inflarse.

Por muy difícil que resulte creerlo, Fergusson presenta una explicación convincente de que los banqueros centrales de Europa no creían que la cantidad de dinero tuviera nada que ver con el nivel de precios. Y supongo que usted pensará que nuestros gobernantes actuales de la Fed comprenderán al menos esto. Bueno, si fuera así, no inflarían la oferta monetaria, no harían declaraciones de que están buscando un tipo de inflación del 2% con el fin de alcanzar el pleno empleo.

Por cierto, el pleno empleo fue una de las principales justificaciones para las políticas monetarias inflacionistas del Reichsbank. Así que nada ha cambiado. Los banqueros centrales siguen creyendo que la política monetaria puede rebajar la tasa de desempleo.

Veamos lo que pasó en la Alemania de Weimar. Cuando una pequeña inflación monetaria fracasó en curar los males, se prescribió una dosis algo más fuerte y luego dosis cada vez más fuertes hasta que reinó el caos. Las declaraciones actuales no son distintas. La Fed y sus apologistas del dinero fácil educados keynesianamente piden aún más inflación monetaria. Así que ahora tenemos la QE2 y quizá la QE3 y la QE4. No se han descartado más intervenciones ¿y qué las impediría? Nada. El fracaso de cada atracón monetario se convierte en la justificación para el siguiente. Además las ventajas a corto plazo son irresistibles. Los rescates son alabados por todos los que consiguen el dinero y los mismos apologistas emiten su aprobación propagandística, que luego se disemina por parte de unos medios de comunicación de masas ignorantes a un populacho que ignora la economía.

Pero la conclusión más importante que puede obtenerse de la experiencia de la gran hiperinflación alemana es que la expansión monetaria es un preludio y facilitador de la guerra. El rechazo del patrón oro es el común denominador que subyace la beligerancia de las potencias europeas en torno al paso del siglo XIX al XX. (Estados Unidos se demoró un poco, pero solo un poco).

La capacidad de imprimir dinero en cantidades ilimitadas es la razón por la que el siglo XX fue el más brutalmente destructivo de la historia. El dinero impreso permite a los gobiernos embarcarse en el aventurerismo bélico, porque les permite confiscar recursos y premiar a componentes clave. Incluso en las horas más negras de la Alemania de Weimar, había quienes sabían cómo beneficiarse del caos. Eran tanto la escoria de la sociedad como la crema de la sociedad. La escoria eran los delincuentes comunes y la crema las élites industriales y financieras conectadas políticamente. La clase media soportó la parte del león del coste y fue destruida. ¿Les suena este principio?

Hoy, con el fin de beneficiarse de la expansión monetaria uno debe o bien vivir del estado del bienestar u obtener un rescate del demasiado grande para caer. Repetimos que nada ha cambiado. La clase media pelea por llegar a fin de mes mientras que los grupos de presión conectados políticamente se benefician. Entretanto, los hombres que ayer eran poco más que extorsionadores bien pagados, exprimiendo a los gobiernos estatales para beneficio de los grupos de intereses creados, ahora envían tropas estadounidenses, como si fueran soldados de juguetes, a todos los rincones del mundo.

Pasaron los días de una política exterior no intervencionista. Y pasaron para siempre los días de la responsabilidad personal y de vivir por tus propios medios. Por eso debemos conceder el mérito a quien lo merece: al dinero fiduciario producido en cantidades ilimitadas y desparramado sobre quienes apoyan al gobierno.

Esto no puede perdurar. Para echar un mareante vistazo al abismo que nos espera, lean When Money Dies.

 

 

Patrick Barron es consultor privado en el sector bancario. Enseña en la Escuela de Grado de Banca en la Universidad de Wisconsin en Madison y economía austriaca en la Universidad de Iowa, en Iowa City, donde vive con su mujer de 40 años.

 

Published Mon, Jan 24 2011 9:12 PM by euribe