El sueño liberal de un rey laissez faire

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 3 de febrero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4940.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

 

Un problema que cualquier pensador liberal de laissez faire debe afrontar es: Concediendo que la interferencia del gobierno debería ser mínima, ¿qué forma debería tomar ese gobierno? ¿Quién gobernaría?

Para los liberales franceses de finales del siglo XVII y del siglo XVIII parecía haber solo una respuesta: el gobierno es y siempre será el mando de un monarca absoluto. Los rebeldes opositores habían sido aplastados al principio y mediados del siglo XVII y desde entonces solo podía concebirse una única respuesta: el rey debía convertirse a las verdades y sabiduría del laissez-faire. Cualquier idea de inspirar o promover un movimiento de oposición masiva contra el rey estaba fuera de lugar; no formaba parte de ningún diálogo concebible.

Los fisiócratas,  como antes los liberales clásicos en el siglo XVIII, no eran simples teóricos. La nación había ido mal y ellos poseían una alternativa política que trataban de promover. Pero si la monarquía absoluta era la única forma concebible de gobierno para Francia, la única estrategia para los liberales era sencilla, al menos sobre el papel: convertir al rey. Y así la estrategia de los liberales clásicos, de los esfuerzos del abad Claude Fleury y su capaz alumno el arzobispo Fénelon a finales del siglo XVII, a los fisiócratas y Turgot a finales del siglo XVIII, fue convertir al gobernante.

Los liberales estaban bien colocados para seguir la estrategia de lo que podría llamarse su proyecto de “revolución desde arriba”. Porque todos tienen un puesto alto en la corte. El arzobispo Fénelon puso sus esperanzas en el delfín, haciendo al duque de Borgoña un ferviente liberal clásico. Pero hemos visto que esos planes cuidadosamente trazados se hicieron cenizas cuando el duque murió por enfermedad en 1711, solo cuatro años antes de la muerte del propio rey Luis.

Medio siglo más tarde, el Dr. Quesnay, trabajando a través de Madame de Pompadour, utilizó su posición en la corte para tratar de convertir al gobernante. El éxito en Francia fue solo parcial. Cuando Turgot, que estaba de acuerdo con los fisiócratas en el laissez-faire, se convirtió en ministro de finanzas y empezó a poner en práctica reformas liberales radicales, pronto se encontró con un muro de oposición atrincherada que le depuso del cargo solo dos años después. Sus reformas fueron revocadas con irritación. Los principales fisiócratas se exiliaron bajo el rey Luis XVI, su periódico fue suprimido rápidamente y se ordenó a Mirabeau cancelar sus famosos seminarios de las tardes de los martes.

La estrategia de los fisiócratas resultó ser un fracaso y éste se debió a algo más que los caprichos de un monarca concreto. Pues incluso aunque se hubiera podido convencer al monarca de que la libertad conducía a la felicidad y prosperidad de sus súbditos, sus propios intereses son habitualmente maximizar los ingresos del estado y por tanto su propio poder y riqueza.

Además, el monarca no gobierna solo, sino como la cabeza de una coalición gobernante de burócratas, nobles, monopolistas privilegiados y señores feudales. En resumen, gobierno como cabeza de una élite del poder o “clase dirigente”. Es teóricamente concebible pero difícilmente probable que un rey y el resto de la clase dirigente corra a abrazar una filosofía y una economía política que acabaría con su poder y le pusiera en la práctica fuera de combate. Ciertamente no ocurrió en Francia y así después del fracaso de los fisiócratas y Turgot llegó la Revolución Francesa.

En todo caso, los fisiócratas se las arreglaron para convertir a algunos gobernantes, aunque no al monarca de Francia. Su principal discípulo entre los gobernantes del mundo (y uno de los más entusiastas y encantadores) fue Carlos Federico (1728-1811) margrave del ducado de Baden en Alemania. Convertido por las obras de Mirabeau, el margrave escribió un resumen de la fisiocracia y procedió a tratar de instituir el sistema en su reino. El margrave propuso un libre comercio del grano en la Dieta Alemana y en 1770 introdujo el impuesto único del 20% del “producto neto” agrícola en tres villas de Baden.

Administrando el experimento estaba el ayudante principal del margrave, el entusiasta fisiócrata alemán Johann August Schlettwein (1731–1802), profesor de economía en la Universidad de Giessen. Sin embargo el experimento se abandonó un pocos años en dos villas aunque el impuesto único continuó en la villa de Dietlingen hasta 1792. Durante unos pocos años, el margrave también trajo a du Pont de Nemours para que fuera su consejero y tutor de su hijo.

En una reunión notable, el ferviente margrave de Baden preguntó a su maestro Mirabeau si el ideal fisiócrata era hacer innecesarios o no a los gobernantes soberanos. Tal vez podría hacer una reforma que los hiciera dejara de existir. El margrave había descubierto el corazón anarquista (o al menos republicano) que subyacía en la doctrina libertaria y de derechos naturales del laissez-faire. Pero Mirabeau, entregado como todos los fisiócratas a la monarquía absoluta, se echó atrás, recordando severamente a su joven alumno que aunque el papel del soberano idealmente sería limitado, seguiría siendo el propietario del dominio público y el preservador del orden social.

Muchos otros gobernantes de Europa tuvieron al menos interés por la fisiocracia. Una de los más entusiastas fue Leopoldo II, gran duque de la Toscana, luego emperador de Austria, que ordenó a sus ministros consultar a Mirabeau y desarrolló algunas reformas fisiócratas. Un compañero de viaje fue el emperador José II de Austria. Otro entusiasta fisiócrata fue Gustavo II, rey de Suecia, que otorgó a Mirabeau la gran cruz de la recién fundada Orden de Vasa, en honor a la agricultura. Du Pont fue a su vez nombrado Caballero de la Orden. En términos más prácticos, cuando se suprimió el periódico fisiócrata tras la caída de Turgot, el rey Gustavo y el margrave de Baden se unieron en pedir a du Pont que editar un periódico que se publicaría en sus reinos.

Pero la apelación fisiócrata a la monarquía perdió el pequeño efecto que pudiera tener con la aparición de la Revolución Francesa. De hecho tras la revolución la fisiocracia, con su tendencia proagrícola y devoción a la monarquía absoluta, se vio desacreditada en Francia y el resto de Europa.

 

 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith

Published Fri, Feb 4 2011 7:03 PM by euribe