Dinero metálico en la América colonial

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 22 de febrero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5020.

[Este artículo se ha extraído de A History of Money and Banking in the United States (2002)]

 

Como avanzada de Gran Bretaña, la América colonial por supuesto usó libras, peniques y chelines británicos como moneda. Gran Bretaña tenía oficialmente un patrón plata, defiendo al chelín como igual a 86 granos Troy de plata pura y con la plata así definida como moneda de curso legal para todas las deudas (es decir, los deudores estaban obligados a aceptar la plata a ese tipo). Sin embargo Gran Bretaña también acuñó oro y mantuvo un patrón bimetálico al fijar la guinea de oro, con un peso de 129,4 granos de oro igual en valor a cierto peso en plata. De esa manera el oro se convirtió en la práctica también en moneda de curso legal. Por desgracia, al establecer el bimetalismo, Gran Bretaña se vio perpetuamente sujeta al mal conocido como ley de Gresham, que indica que cuando el gobierno sobrevalora obligatoriamente una moneda e infravalora otra, la moneda infravalorada abandonará el país o desaparecerá atesorada, mientras que la moneda sobrevalorada se usará como circulante. De ahí la expresión popular de la Ley de Gresham: “La mala moneda desplaza a la buena”. Pero lo importante  es que el triunfo de la “mala” moneda es el resultado, no de una perversa competencia del libre mercado, sino del gobierno utilizando el poder de determinar obligatoriamente la moneda de curso legal para privilegiar una moneda sobre la otra.

En la Gran Bretaña de los siglos XVII y XVIII, el gobierno mantuvo una relación de acuñación entre oro y plata que constantemente sobrevaloraba el oro e infravaloraba la plata en relación con los precios mundiales de mercado, con el resultado de las desaparición y huida al exterior de las buenas monedas de plata y una afluencia de oro y del mantenimiento en circulación de solo monedas de plata desgastadas y “de peso ligero”. Los intentos de rectificar las relaciones fijas bimetálicas fueron siempre escasos y tardíos.[1]

En las poco pobladas colonias americanas, el dinero, como pasa siempre, apareció en el mercado como un producto útil y escaso y empezó a servir como medio general de intercambio. Así, las pieles de castor y las cuentas (wampum) se usaron como dinero en el norte para intercambios con los indios y también sirvieron como dinero el pescado y el maíz. El arroz se usó como dinero en Carolina del Sur y el uso más extendido de un producto como dinero fue el tabaco, que servía de moneda en Virginia. La libra de tabaco fue la unidad de moneda en Virginia, con recibos de almacén de tabaco circulando como dinero respaldados al 100% por el tabaco en el almacén.

Mientras que los productos como dinero continuaron atendiendo de forma satisfactoria a las áreas rurales, a medida que crecía la economía colonial, los americanos importaron monedas de oro y plata para utilizarlas como medios monetarios en centros urbanos y en el comercio internacional. Se importó moneda inglesa, pero también hubo monedas de oro y plata de otros países europeos. Entre las monedas de oro que circulaban en América estaban la guinea francesa, el “joe” portugués, el doblón español y monedas brasileñas, mientras que las monedas de plata incluían coronas y libras francesas.

Es importante darse cuenta de que el oro y la plata son productos internacionales y que por tanto, cuando no se prohibía por decreto del gobierno, eran perfectamente capaces de servir como monedas patrón. No hay necesidad de tener un gobierno nacional monopolizando la acuñación y de hecho las monedas extranjeras de oro y plata constituyeron buena parte de las acuñaciones en Estados Unidos hasta que el Congreso prohibió el uso de monedas extranjeras en 857. así que si se permite prevalecer un libre mercado en un país, las monedas extranjeras circularán naturalmente. Las monedas de plata y oro tenderán a ser valoradas en proporción a sus pesos respectivos y la relación entre plata y oro la establecerá el mercado con su oferta y demanda relativas.

Manipulaciones del chelín y el dólar

Con mucho la principal moneda metálica que circulaba en América era el dólar español de plata, definido como 387 granos de plata pura. El dólar estaba dividido en “piezas de a ocho” o “bits”, siendo cada una un octavo de dólar. Los dólares españoles llegaron a las colonias de Norteamérica a través del lucrativo comercio con las Indias occidentales. El dólar español de plata había sido la principal moneda del mundo desde principios del siglo XVI y se extendió en parte debido a la gran cantidad de producción de plata en las colonias españolas en Latinoamérica. Sin embargo fue más importante que el dólar español, del siglo XVI al XIX, fue relativamente la moneda más estable y menos envilecida del mundo occidental.[2]

Como el dólar de plata español consistía en 387 granos y el chelín inglés en 86 granos de plata, esto significaba que la relación natural de libre mercado entre las dos monedas sería de 4 chelines y 6 peniques por dólar.[3]

Las quejas constantes, tanto de contemporáneos como de algunos historiadores posteriores, derivaban de una supuesta “escasez de dinero”, especialmente de metálico en las colonias, supuestamente justificando numerosos planes de papel moneda para arreglar esa “escasez”. En realidad no hubo tal escasez- Es verdad que Inglaterra, en un intento mercantilista de acaparar metálico, siguió acuñando bajo su propia prerrogativa y prohibió acuñar en las colonias; también prohibió la exportación de moneda inglesa a América. Pero esto no eliminó el metálico de América, pues, como hemos visto, los americanos podían importar moneda española y extranjera, incluyendo inglesa, de otros países. De hecho, como veremos, fueron las emisiones de papel moneda las que llevaron, por la ley de Gresham, a los flujos al exterior y la desaparición del metálico en las colonias.

Con su propio mercantilismo, los gobiernos coloniales pronto trataron de atesorar su propio metálico envileciendo sus patrones del chelín en términos de dólares españoles. Aunque sus pesos naturales dictaban una relación de 4 chelines y 6 peniques por dólar, Massachusetts, en 1642, empezó un proceso colonial general de devaluación competitiva de los chelines. Massachusetts decretó arbitrariamente que el dólar español se valoraría en 5 chelines: la idea era atraer un influjo de dólares de plata españoles en esa colonia y subvencionar las exportaciones de Massachusetts al hacer sus precios más bajos en términos de dólares. Pronto le siguieron Connecticut y otras colonias, cada una aumentando cada vez más la devaluación anterior. El resultado fue aumentar al oferta de unidades nominales de cuenta devaluando el chelín, inflando los precios locales y así llevando al estímulo exportador temporal a un rápido final. Finalmente el gobierno inglés detuvo esta práctica inútil e inflacionista en 1707.

Pero los gobiernos coloniales ya habían encontrado otra flecha, mucho más inflacionista, para su arco: la invención del papel moneda fiduciario.

 

 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo se ha extraído de A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II (2002).



[1] Al final del siglo XVII y principios del XVIII, los británicos mantuvieron relaciones fijas de acuñación que iban de 15,1 a 1 de granos de plata respecto del oro a alrededor de 15,5 a . Aún así, la relación del mercado mundial, establecida por las fuerzas de la oferta y la demanda, era de alrededor de 14,9 a 1- Así que la plata estaba constantemente infravalorada y el oro sobrevalorado. En el siglo XVIII el problema fue a peor, pues el aumento la producción de oro en Brasil y el declive de la plata en Perú llevó a la relación de mercado a 14,1 a 1, mientras que las relaciones de acuñación fijadas por el gobierno británico seguían siendo las mismas.

[2] El nombre “dólar” viene de “tálero”, el nombre dado a la moneda de peso similar, el “Joachimsthaler” o “schlicken thaler”, emitido desde principios del siglo XVI por el Conde de Schlick en Joachimsthal, en Bohemia. Los Joachimsthalers pesaban 451 granos Troy de plata. Estas monedas tuvieron tanto éxito que se acuñaron táleros similares en Borgoña, Holanda y Francia; el que tuvo más éxito fue el tálero de María Teresa, que empezó a acuñarse en 1751 y constituyó una porción considerable de la moneda americana desde entonces. Las “piezas de a ocho” españolas adoptaron el nombre de “dólar” después de 1690.

[3] Como 20 chelines hacen 1₤, esto significa que la relación natural entre las dos divisas era de 1₤ = 4,44$.

Published Tue, Feb 22 2011 7:02 PM by euribe