Digamos no a la intervención en Libia

Por Llewellyn H. Rockwell Jr. (Publicado el 18 de marzo de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5127.  

Tras la autorización de la ONU gestionada por EEUU de actuaciones militares letales en Libia, el régimen asesino del coronel Gaddafi dijo inmediatamente que detendría todas las matanzas. Eso puso a la guerra de Obama en pausa, por el momento. Parece que el coronel chalado ha aprendido una o dos cosas acerca de la política exterior estadounidense. Si simulas favorecer los objetivos declarados del imperio y cumples con sus declarados dictados, puedes hacer por lo demás lo que todo gobierno en el mundo está estructurado para hacer: mantenerse en el poder a toda costa.

Gaddafi aprendió esta lección hace aproximadamente una década, cuando, con mucha parafernalia, anunció que detendría su programa de armamento nuclear y se uniría a la guerra contra el terrorismo. Entonces Estados Unidos decidió poner a él y a su régimen entre los chicos buenos del mundo y procedió a exponerlo como un ejemplo de estadista inteligente. Luego procedió a profundizar y reforzar su control despótico sobre sus ciudadanos, todo con la bendición implícita de Estados Unidos.

Durante semanas, los funcionarios estadounidenses han estado execrando los sangrientos ataques de Gaddafi contra su pueblo, pero ¿tienen realmente Estados Unidos un problema con una dictadura de este tipo? Este hecho lo desconocen los estadounidenses, pero en Oriente Medio, y en las naciones árabes en particular, los intereses comerciales estadounidenses se consideran como una fuerza de liberación, pero no el gobierno de EEUU. Estados Unidos ha sido la clave del poder de dictaduras en Oriente Medio durante décadas, entre las cuales están Arabia Saudita, Jordania y Yemen.

Así que es una especie de broma que Estados Unidos puede impulsar una guerra contra Libia para salvar al país de una dictadura. Es más probable que el asunto real sea aquí el mismo que inspiró las guerras contra Iraq: la propiedad y control del petróleo. E incluso si la libertad fuera el motivo ¿cuán en la historia moderna la guerra ha traído realmente ésta al pueblo? Todas las guerras de estados nación acaban hoy en día en muertes masivas de civiles, destrucción de infraestructuras, agitación política interminable (véanse Afganistán e Iraq), grandes gastos y amargura por doquier.

La guerra no logrará este objetivo declarado. Podría incluso reforzar el poder de Gaddafi. Pero digamos que acaba muerto, como Saddam Hussein. ¿Qué pasa luego? El nuevo gobierno será nombrado por el vencedor y nunca obtendrá ninguna credibilidad, igual que en Iraq. El pueblo odiará a los conquistadores extranjeros aún más que a los déspotas locales y este resentimiento no es un buen fundamento para un futuro de libertad.

El presidente Obama probablemente vea la perspectiva de una guerra con bastante animación, igual que Bush, Clinton, Bush, Reagan y otros antes que él. Pero esta vez hay un problema. Estados Unidos simplemente no puede permitirse que le vean atacando a otro país musulmán más (aunque sea esto lo que está haciendo) en un momento en que todo el mundo sabe que la política exterior de EEUU está basada principalmente en eliminar los sentimientos antiislámicos en todo el mundo y llevarse el petróleo.

Por esta razón, la administración Obama debe buscar la cobertura de Naciones Unidas y la cooperación de otros estados árabes. Inglaterra y Francia han sido fieles, pero no Alemania no otros estados árabes, así que la operación podría acabar siendo más peliaguda de lo que supuso inicialmente el presidente.

Supongamos por un momento que el gobierno de EEUU quisiera realmente librar al pueblo de Libia de un hombre malvado. ¿Cuál es la forma correcta de hacerlo? Está la opción del asesinato, a la que me opongo pero que en todo caso sería una opción mejor que la guerra. ¿Qué pasa con los legendarios asesinos de la CIA que pueden abatir a cualquiera en el planeta siguiendo órdenes de la superioridad? ¿Dónde están ahora?

Recuerden que en los últimos días antes de la última guerra en Iraq, un portavoz de Saddam llegó a proponer un duelo entre Bush o Cheney y Saddam o su vicepresidente. No era una mala sugerencia. Hubiera sido una opción mucho mejor tanto para Iraq como para Estados Unidos, pero entonces el gobierno no hubiera obtenido lo que quería de la guerra, que era una oportunidad de hacer estallar todo, gastar carretadas de dinero, incitar ardor guerrero en la población e inspirar otro brote de ardor nacionalista para ayudar a consolidar el poder del régimen que hacía la guerra.

¿Es posible oponerse a Gaddafi y a la vez oponerse a ka guerra contra Gaddafi? Por supuesto que sí. Es una postura de que deberían adoptar todos los estadounidenses. De la misma forma, es posible oponerse a la administración Obama pero asimismo oponerse a que un ejército extranjero le deponga para liberarnos.

En los primeros días de las manifestaciones en Libia contra Gaddafi, los manifestantes llevaban carteles oponiéndose a cualquier intervención extranjera. Sigue siendo la mejor postura. No debería haber guerra, ni bloqueos, ni imposiciones de una “zona sin vuelos”, no nada más. Estados Unidos a apoyado y respaldado a Gaddafi durante una década. El daño ya está hecho. Ir a la guerra solo lo agravaría.

Por el bien de la libertad y los derechos humanos, debemos decir no a la guerra. Debemos asimismo decir no a todas las formas de intervención exterior que apoye dictaduras hasta que se convierten en embarazosas políticamente para Washington DC.

 

Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente del Instituto Ludwig von Mises en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de The Left, the Right, and the State

Published Wed, Mar 23 2011 10:13 PM by euribe