¿Está lo peor aún por llegar?

Por William L. Anderson. (Publicado el 8 de enero de 2003)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/1138.

 

Mientras la caída económica se dirige hacia su tercer año, haciendo de ella la más larga en el periodo de posguerra, la Casa Blanca  anuncia otro paquete de “estímulo” más. Ahora, esta serie de propuestas no tiene que confundirse con “Estímulo I” o “Estímulo II” o incluso las acciones de “estímulo” en curso tomadas por Alan Greenspan y el Sistema de la Reserva Federal. No, esta propuesta se basa en la misma tontería que los demás paquetes legislativos emanados de Washington y que no solo han producido esta recesión sino que han bloqueado la recuperación real.

Es más, la cháchara de economistas y otros expertos sobre cuál es la acción de “estímulo” apropiada demuestra que la Revolución Keynesiana ha sido aún más influyente en la profesión económica de lo que los libros de texto no habrían hecho creer. De Milton Friedman a Larry Kudlow a Paul Krugman al Maestro Greenspan, la mayoría de los economistas pueden repetir orgullosamente lo que declaró el Presidente Richard Nixon el 15 de agosto de 1971, cuando presentó la “Fase I” de su desastroso programa económico: “Ahora todos somos keynesianos”.

El viejo chiste de que “si tomamos a todos los economistas del mundo y los pones en fila, nunca llegarás a una decisión” se ha desacreditado, al menos en lo que se refiere a proponer “soluciones” políticas a la economía moribunda.

Realmente la creencia de que el gobierno puede “estimular la demanda agregada” no empieza con Keynes, aunque parece que hay algunos economistas que realmente lo creen. Uno puede decir apropiadamente, creo, que la mayoría de la profesión económica no ha progresado mucho más allá de los mercantilistas del siglo XVIII y su bobada de que “la inflación estimula el comercio” que una y otra vez ha llevado a las economías nacionales a la ruina.

Aunque sospecho que la mayoría de los expertos realmente albarían las perspectiva de Kudlow y Krugman estando de acuerdo en que la forma de detener el embrollo económico es que la Fed imprimiera montones de nuevo dinero, la tragedia aquí es que ninguno tiene siquiera la más mínima idea de cómo se ha producido la crisis actual y qué debería hacerse. Si el gobierno continúa escuchando a esta novísima generación de maniáticos en la tradición de Silvio Gesell (el inflacionista italiano a quien Keynes calificó de “profeta”), podemos esperar seguir los pasos de Japón.

Como se ha escrito en esta página muchas veces, el auge de la década de 1990 (calificado entonces como la “nueva economía”) lo generó el crédito y de desmoronó por su propio peso de capitales mal invertidos. Por desgracia, la gente con poder político (y sus aliados en la academia y los medios) creen que nuestro problema actual no es más que un lapso en la “demanda agregada”, que puede curarse con algún dinero nuevo y firmando unos pocos miles de cheque gubernamentales para distintos proyectos federales y estatales derrochadores.

Aunque no parece haber escasez de consejos dados desde todos los ámbitos sobre cómo detener esta crisis, la respuesta es sencilla… y brutal: dejar que continúe la liquidación hasta que refleje los patrones adecuados de gastos y preferencias de consumo. En otras palabras, salvo que permitamos que una economía no intervenida realice los muy necesarios ajustes, la economía continuará deslizándose más y más hacia la ruina. Contrariamente a las creencias de los maniáticos charlatanes, la economía de EEU no es a prueba de depresiones.

Aunque la mayoría de los lectores de Mises.org conocen la masiva recesión de 1981-82, pocos recuerdan que la Fed actuó de una forma mucho más responsable de la que hemos visto bajo Greenspan estos últimos años. Primero, y más importante, la Fed permitió que subieran los tipos de interés niveles muy altos en respuesta a las altas tasas de inflación que habían asolado la economía de EEUU durante más de una década.

Aunque los altos tipos de interés ahogaron temporalmente a una serie de sectores alimentados por el crédito, como la vivienda y el agropecuario, lo que es más importante es que permitió que las malas inversiones masivas del auge previo se liquidaran rápidamente, permitiendo así una robusta recuperación. Aunque el Presidente Ronald Reagan obtuvo una victoria aplastante en las elecciones de 1984, poca gente recuerda que en 1982, cuando la recesión se agudizó, la mayoría de los expertos habían declarado a Reagan políticamente muerto y se hablaba abiertamente en círculos republicanos de que algún otro sería el candidato del GOP en 1984.

Si la Administración Reagan no hubiera permitido (aunque fuera inadvertidamente) que continuara el proceso de liquidación, es dudoso que la economía hubiera experimentado una fuerte recuperación en 1983 y 1984. Por desgracia, la administración de George W. Bush no ve las cosas de esta manera y el gobierno ha estado intentando desesperadamente impedir que se produzca la necesaria liquidación económica. Desde la Fed fijando tipos de interés a niveles cercanos a cero a subvenciones masivas a la vivienda a aranceles sobre la madera y el acero a la última reaparición de enormes subvenciones agropecuarias, por no mencionar los tambores de guerra de la llamada guerra contra el terrorismo, la Administración Bush no ha permitido que la economía se restablezca en sus proporciones correctas.

Aunque aplaudo los intentos del presidente de recortar la carga impositiva, sus planes para aumentar el gasto público y pagarlo con dinero prestado hacen que todo su paquete económico sea vacuo en el mejor de los casos. Además, los demócratas parecen estar recibiendo órdenes de Paul Krugman, que parece creer que la inflación junto con algunos cheques del ya quebrado Tesoro de EEUU curarán prácticamente cualquier dolencia económica.

La creencia de que nuestra crisis económica no es más que una falta de “demanda agregada” está sencillamente desencaminada en todos los sentidos. Primero, la “demanda agregada” es en sí misma un término fraudulento. Supone que todo el gasto (y todas las inversiones y capital, en realidad) son homogéneos, cuando claramente no lo son. Además, es imposible medir la “demanda agregada” e incluso la forma en que se muestra (con el Nivel de Precios del Consumo en el eje “y”) presupone que la inflación es la clave del consumo. Por decirlo de otra forma, la “demanda agregada”, es como dijo una vez el economista Roger Garrison, una forma de enseñar principios macroeconómicos “de saldo” al tratar de modelar toda la economía con solo curvas de demanda y oferta.

No solo esta metodología de medir la “demanda agregada” está terriblemente equivocada, sino que la creencia de que simplemente animando el “gasto del consumidor” poniendo más dinero en manos de la gente a través de la “magia” de la inflación es asimismo ridícula. Déjenme explicarme.

Maniáticos como Kudlow y Krugman escriben que si el gobierno encuentra una forma de aumentar rápidamente las rentas de los individuos, esa gente probablemente gaste una buena porción, si no todo, el nuevo dinero en cosas como un nuevo coche o televisor o algunos otros bienes. Los inventarios de esos bienes se liquidarán a los precios “antiguos” y la gente que venda esos bienes tendrán al menos una fuente momentánea de más empleo. (Donde difieren es en que Kudlow cree en más recortes impositivos en todas partes, mientras que Krugman solo quiere que la gente de bajos ingresos obtenga el nuevo dinero, ya que cree que será más probable que lo gasten inmediatamente).

Incluso si el escenario pintado por los maniáticos fuera cierto, no hay nada en su plan que lleve al crecimiento económico. En el mejor de los casos las cosas que han estado languideciendo en los almacenes y otras partes serán vendidas, pero eso no ofrece una señal a inversores y ejecutivos de empresas para realizar más inversiones de nuevo capital, o incluso mantener abiertas las actuales líneas de producción.

Por ejemplo, una de las demandas hechas por los demócratas es que cualquier recorte fiscal sea temporal y limitado a individuos de baja renta. Aunque alabo cualquier rebaja de impuestos a cualquier en cualquier momento, la idea de que este plan “estimularía” la economía es sencillamente ridícula. En el mejor de los casos, permitiría reducir los inventarios existentes, pero ése es aproximadamente la extensión de sus cualidades de “estímulo”. Aparentemente, cualquier cosa que pueda permitir sólidas posibilidades de crecimiento económico a largo plazo es anatema para los políticos nacionales de ambos partidos.

Por desgracia para las clases políticas (y el resto de nosotros que tenemos que convivir con las clases políticas), la clave para establecer una recuperación económica es soportar la liquidación sin tratar de interferir. Como cualquier político que “no haga nada” por detener la recesión, ya sea interviniendo para mantener a las empresas en el negocio o repartir generosidad pública a quienes pierden sus empleos, se verá sometido a duras críticas, la perspectiva de la no intervención durante este periodo crítico es prácticamente nula. Así que los políticos “compasivos” son aquéllos que realmente están haciendo el mayor daño a la economía.

Durante la campaña presidencial de Bill Clinton de 1992, su director, James Carville, puso carteles de “Es la economía, estúpido” en todas las sedes de campaña y otros lugares. Tal vez necesitamos es un nuevo lema para luchar contra la recesión: Es la liquidación, estúpido. Aunque dudo que la frase cuaje en Bush y sus rivales políticos, al final realmente es la liquidación. Quienes ignoren este grano de verdad son realmente los estúpidos.

 

 

William Anderson, investigador adjunto del Instituto Mises y enseña economía en la Universidad de Frostburg State.

Published Mon, Apr 11 2011 7:10 PM by euribe

Comments

# re: ¿Está lo peor aún por llegar?

Tuesday, May 3, 2011 7:55 AM by jtimon

Silvio Gesell no era inflacionista ni Italiano.