Votadme, por favor

Por Stefano R. Mugnaini. (Publicado el 5 de mayo de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5238.

 

Vi recientemente Please Vote for Me. Es un documental acerca de una clase china de tercer grado a la que se dio el privilegio sin precedente de elegir a sus propios monitores de clase.

La película se filma en la ciudad de Wuhan. Pasé un año maravilloso enseñando inglés (o al menos inglés sureño) en la Provincia de Hubei, en la línea de tren que parte de Wuhan. Esa experiencia me hizo apreciar la magnitud de las elecciones. Sé lo que se jugaban: he visto el poder que tiene el monitor de clase. Es el equivalente en el aula al antiguo Politburó soviético: su autoridad sobre sus pares as casi absoluta.

El proceso de elecciones incluye representación, cantos y bailes y una buena dosis de gritos. Solo por esa razón merece la pena verla. Please Vote for Me es una historia emocionante. Es un drama político del que estaría orgulloso el Distrito de Columbia. El apoyo se compra y se vende. Los ayudantes cambian de bando. Hay mentiras, traiciones y sobornos; los padres incluso organizan viajes al campo para la clase de sus estudiantes para ganar votos. Los niños se acusan entre sí de comer demasiado lento, ser quisquillosos y no prestar suficiente atención en clase. Es un gran teatro político, y asombroso dada la situación política a la que se encuentran expuestos. Pero es más que eso.

Lo más chocante es el diálogo entre los candidatos y sus padres en los preparativos de las elecciones. Dicen verdades acerca de la naturaleza e la libertad que se han olvidado en al América Libre. Entienden la idea de la libertad como algo innato, mientras nosotros parecemos conformarnos con dejar que se lleven al nuestra cada vez más con regulaciones y legislación.

La profesora escribe la palabra “democracia” en la pizarra. Dice “Democracia. ¿A que es nuevo? Elegiréis a vuestros propios monitores”.

Uno de los candidatos, Cheng Cheng, va a casa y pregunta a su padre: “¿Qué clase de cosa es la democracia?” La respuesta de su padre es concisa, pero poderosa: “La democracia se da cuando el pueblo es su propio amo”.

Luego, se muestra a otro niño, Luo Lei, explicando el proceso de elecciones a sus padres. Ambos son policías por lo que no es sorprendente que intenten idear formas de obligar a otros alumnos a votar por él. El padre dice: “Debes hacer trampa”. Luo es categórico en rechazar esa ayuda. Su padre dice: “Necesitas algunos trucos para poder ganar”. Luo responde con “¡No! No quiero controlar a otros. Creo que deberían pensar por sí mismos”.

Tuve que ver dos veces esa parte. Habla de algo increíble acerca de nuestra naturaleza. Estamos hechos para la libertad. Estos niños, que en su país totalitario no tienen formación ni educación con la que puedan siquiera identificar el proceso democrático o el valor de la libertad, reconocen instintivamente su esencia. Es el ser libres para pensar por nosotros mismos, de elegir por nosotros mismos qué hacer y qué ser.

La segunda lección que recibí de esta película es el atractivo de la corrupción, la corrupción que se alimenta del poder. A medida que se acercan las elecciones, la civilidad de los niños se viene abajo y prueban a usar el soborno y el escándalo para ganar votos.

Pero la película me animó mucho. Parece como si viéramos amenazados todos los días nuestros derechos. Todo lo que “no debe infringirse” se infringe constantemente. Nuestro gobierno obtiene todo lo que quiere y la expresión es cada vez menos libre. A medida que el gobierno se apropia de las libertades civiles, somos testigos de la agonía mortal de la república. Estados Unidos haría bien en recordar las dos verdades que aparecen en esta película:

  • La democracia se da cuando el pueblo se gobierna a sí mismo. No “el pueblo”, sino los individuos.
  • Ser un cargo electo no otorga el derecho a controlar a otros: todos mantenemos el derecho a gestionar nuestros propios asuntos.

Al ver la erosión de todo tipo de libertad justificada basándose en desastres, crisis y apropiaciones abiertas de poder por parte del gobierno, no podemos perder nunca de vista las lecciones que aprendí de un niño de ocho años en la China comunista: No importa no que quieran hacer, existimos para ser libres. La libertad está dentro de nosotros. Y la libertad nos obliga a pensar y mantenernos por nosotros mismos. Ojalá siempre defendamos la verdad, aunque duela.

 

 

Stefano R. Mugnaini es ministro en la Essex Village Church of Christ, en Charleston, Carolina del Sur y licenciado universitario trabajando para obtener este año su primer grado en teología.

Published Mon, May 9 2011 7:10 PM by euribe