Lo que nos pueden enseñar los turcos acerca del reciclaje

Por Doug French. (Publicado el 10 de junio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5347.

 

Después de luchar con el sindicato de maestros en Wisconsin, el gobernador del estado, Scott Walker, propuso un presupuesto estatal que habría eliminado el reciclaje obligatorio. La ira llegó rápida y furiosa. Un editorial en TheJournalTimes.com empezaba con

El reciclaje se ha convertido en un servicio demasiado valioso como para echarlo al vertedero.

A algunos cargos públicos les preocupa que las comunidades de Wisconsin se conviertan en una especie vertedero del salvaje oeste si el presupuesto del Gobernador Scott Walker se aprueba tal cual. Bajo el plan, se acabarían las subvenciones a los programas locales de reciclaje y los municipios ya no estarían obligados a llevar a cabo esos programas.

El editorial continúa diciendo que el reciclado es más limpio que la basura, disminuye el uso de energía, crea empleos e impide que toneladas de basura acaben en los vertederos.

El gobernador se guardó rápidamente su plan cuando fracasó en conseguir el respaldo de parlamentarios republicanos clave, que decían que su plan iba demasiado lejos. Así que los residentes en Wisconsin pueden esperar seguir ordenando y separando su papel, plástico y latas bajo el pulgar de las autoridades de Wisconsin. Ahora es radical creer que la gente debería simplemente tirar lo que no quiera. Permitir que la gente haga esto es “ir demasiado lejos”.

Obligar a la gente a gastar tiempo separando basura cambia de raíz la separación del trabajo. Los residentes de Wisconsin podrían contratar especialistas que vinieran a sus hogares a separar la basura, pero eso sería costoso e ineficiente. Además, el mandato del gobierno no hace ninguna consideración a qué materiales tienen valor en el mercado de la chatarra.

Así que mientras que en ciertas ciudades de Estados Unidos se obliga a la gente a ordenar su basura, en varios lugares del mundo los residentes tiran su basura sin preocupación. Su basura será ordenada y retirada por los 15 millones de recogedores de basura estimados en el mundo.

Pasen una temporada en Estambul y verán (muchos) hombres empujando lo que parecen ser grandes bolsas de lona colgadas de marcos de acero sobre dos ruedas. Están pos todas partes: áreas residenciales y comerciales.

Antes de que os camiones municipales lleguen a vaciar los contenedores, estos recogedores de basura peinan los desperdicios, sacando papeles, plásticos o cualquier otra cosa que sepan que pueden vender. Los recogedores de basura habituales se dice que ganan de 50 a 100 liras turcas cada semana.

Pero hay un considerable margen al alza dependiendo de lo que pueda encontrar en la basura.

En palabras de un recogedor de basura:

Todo contenedor de basura contiene un nuevo sueño. Vas a un contenedor. Metes la mano y empiezas a soñar sobre lo que podrías encontrar. Tal vez sea algo valioso. Y si no lo encuentras en este contenedor, vas al siguiente. De esta forma, puedes andar durante siete u ocho horas diariamente.

Hay eskicis que han ganado 17.000 liras en un día. Mevlüt Çavuş es el director de una chatarrería en Sarıyer y lleva en el negocio de la chatarra desde hace 15 años. Tiene dos hijos trabajando para él y el menor también lo hará cuando sea mayor.

Un sacerdote pidió a Çavuş que viniera a limpiar una iglesia en Yeniköy. El resultado:

Cuando volví al almacén descubrí esa estatua de plata que pesaba 8,5 kilos y un candelabro en una de las cajas. Los vendí por 17 mil millones de liras [equivalentes  a 17.000 liras de hoy] y me compré un Citroen. Siempre hay sorpresas como éstas de vez en cuando en nuestra profesión.

Los recogedores de basura recogen materiales durante horas y luego los llevan a almacenes donde los chatarreros compran y venden lo desperdiciado. Emir Altıngöller gestiona lo reciclado, comprando a 40 kuruş y vendiendo a 60 kuruş. En los días peores gana 10 liras, mientras que en los mejores gana 10 veces más. “Está agardecido y contento son su botín porque dice que aprecia ser su propio jefe”, escribe Fatma Turan para Today's Zaman.

Los estadounidenses que se ven obligados a reciclar no reciben nada por separar su vidrio y plástico y deben pagar una tasa mensual para entregar sus reciclables sin cargo en los contenedores apropiados, los días señalados, a empleados con salarios sindicalizados y trabajando para las compañías de basura locales que resultan ser monopolios protegidos. En Suecia, todos los ciudadanos deben hurgar en su basura. Per Bylund explica que el reciclaje sueco

funciona de la forma en que funcionan todas las estructuras planificadas centralmente: aumenta y centraliza el poder mientras que los resultados intentados (esperados) no se materializan. En este caso, la estructura funciona: la gente sí separa su basura en diferentes contenedores, pues no tienen otra alternativa. Asimismo, las empresas públicas de recogida de basura no tienen que trabajar mucho para ganar más que nunca. La gente está molesta, pero realmente no reacciona. Los suecos por lo general se quejan mucho (de todo), pero no se resisten: están habituados a verse presionados por un gobierno poderoso y han tolerado este sino ya desde 1523.

En Estambul, los eskicis afrontan los riesgos de todos los empresarios. No se les paga por horas. Lo que pescan en los receptáculos de basura puede ser valioso o no de un día para otro y la competencia crece.

Murat Ayduda dice al Today's Zaman  que el negocio era terrible hace unos pocos años. “La gente tiraba hierro a la basura y yo también. Pero las cosas empezaron a mejorar hace solo unos meses”. Pero a medida que han subido los precios, más competidores han entrado en el mercado. “Antes había una sola chatarrería en una ciudad, pero hoy hay varias en cada barrio”.

Así se supone que funciona el mercado. Y hay un mercado para la chatarra como para cualquier otra cosa. Hay oportunidades de empleo para todos, sin que importe el nivel de habilidades. Sin embargo, probablemente a los estadounidenses les horrorice ver empresarios por tanto carros con basura de otra gente a través de la calle y viviendo en chatarrerías. No tienen que preocuparse. Las leyes de salario mínimo, las licencias de negocio, los requisitos del OSHA y todo lo demás harán que algunos estadounidenses hurguen en su propia basura para cumplir con los edictos del gobierno.

“El reciclaje privado es la segunda profesión más antigua del mundo, si no la primera”, escribe Floy Lilley.

A los recicladotes se les llamaba traperos o chatarreros. Siempre se ha reciclado todo lo que tenga valor. Automáticamente sabemos si algo tiene valor cuando alguien se ofrece a comprárnoslo o vemos gente llevándose cosas de nuestra basura o buscando en los contendores.

No cabe duda de que el reciclado es valioso, pero, como cualquier otra cosa, es mejor que dejemos que el mercado lo coordine.

 

 

Douglas French es presidente del Instituto Mises y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply y Walk Away: The Rise and Fall of the Home-Ownership Myth. Es doctor en economía de la Universidad de Nevada-Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su tribunal de tesis. French enseña en la Academia Mises.

Published Fri, Jun 10 2011 4:43 PM by euribe