¿Deberíamos preocuparnos por la deflación?

Por Doug French. (Publicado el 18 de noviembre de 2008)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3219.

[Este ensayo apareció originalmente en LewRockwell.com]

 

De nuevo hay una preocupación mundial por la deflación de precios. Después de todo, los precios de la propiedad inmobiliaria se han hundido, los precios de las acciones están en el pozo, el precio del petróleo preocupa a los jeques e incluso los precios de los hoteles en Las Vegas se han desplomado. Todas parecen buenas noticias para lo que compramos cosas, siendo al tiempo algo un poco molesto para los vendedores fuertemente endeudados.

Pero el antiguo Gobernador de la reserva Federal Rick Mishkin decía a una audiencia de primera hora de la mañana de la CNBC que “la inflación podría ser demasiado baja”. En el mismo programa, James K. Galbraith, que enseña economía en la Lyndon Baines Johnson School de Universidad de Texas en Austin, metía baza diciendo que ha habido “una enorme sacudida deflacionista” en la economía y que por supuesto el gobierno tenía que intervenir y estabilizar los mercados y rescatar a las empresas.

“La Fed no permitió que se expandiera la base monetaria y tuvimos un pánico en los mercados de liquidez” decía el gurú del lado de la oferta Arthur Laffer a una audiencia de Las Vegas la semana pasada, “que causó lisa y llanamente este pánico financiero”.

Cruzando el charco, Ambrose Evans-Pritchard, escribiendo para el Telegraph, advierte: “Abandonad toda esperanza una vez entréis en deflación”. Los buenos vinos y las trufas blancas han caído de precio y estos precios podrían “extenderse por la economía en general, depositándose como un virus en los sistemas monetarios británico y global”.

“La maldición de la deflación es que aumenta la carga de las deudas”, lo que inquieta a Evans-Pritchard, que continúa argumentando: “La deflación tiene otros rasgos insidiosos. Hace que los compradores esperen. Esperan precios más bajos. Una vez que esta psicología se asienta, puede desatar gradualmente una espiral que se alimenta a sí misma y es difícil de detener”.

Sí, los expertos económicos actuales están preocupados porque los consumidores demuestren colectivamente el buen sentido de retrasar las compras, pagar las deudas y aumentar sus ahorros. Después de todo, esta liquidación de malas inversiones probablemente dure un tiempo. Lo prudente a hacer en tiempos de incertidumbre no es redoblar la deuda y gastar dinero que no tienes.

Pero ahora, repentinamente, el “ahorro” es una mala palabra. De acuerdo con Evans-Pritchard, el ahorro “también redistribuye la riqueza… de forma errónea. Los ahorros se aprecian, lo que es bueno para los ‘rentistas’ con capital. El efecto es una gran transferencia de ingresos de la gente trabajadora con hipotecas a los poseedores de bonos”.

Por supuesto los economistas sólidos no ven a la deflación como algo malo, como apunta Jörg Guido Hülsmann en su recién publicado Deflation & Liberty: “cumple con la muy importante función social de limpiar la economía en cuerpo político de todo tipo de parásitos que han prosperado con la inflación previa”.

Y aunque la definición de Hülsmann de la deflación es la apropiada (una reducción en la cantidad de dinero base, mientras que la corriente principal parlotea acerca de que es una caída en los precios), se mantiene lo dicho: “No hay ninguna razón en absoluto para preocuparse acerca de los efectos económicos de la deflación, salvo que uno haga equivaler el bienestar de la nación con el bienestar de sus falsas élites”, explica Hülsmann.

Pero decir que a los gobiernos y a sus amigos les preocupa la deflación es quedarse corto. El Profesor Peter Spencer, de la Universidad de York, dice que el banco de Inglaterra ha aprendido muchas duras lecciones desde su fundación en 1694. Y sin ningún patrón oro que se interponga, el banco central está “recortando los tipos muy rápido y si es necesario también recurrirá a los helicópteros”, refiriéndose a la idea de Milton Friedman (o de Ben Bernanke) de que los gobiernos son capaces de arrojar puñados de billetes desde helicópteros para detener la inflación.

Esta impresión de dinero “mantendría al lobo [de la deflación] en la puerta”, de acuerdo con el Profesor Spencer. Pero crear más dinero no crea más bienes y servicios. No hay ningún lobo a la puerta de la sociedad. “Desde el punto de vista de los intereses compartidos comúnmente por todos los miembros de la sociedad, la cantidad de dinero es irrelevante”, deja claro Hülsmann. Y si los sobreendedudados y sobreprestadores van a la quiebra, está bien. El hecho es que estas liquidaciones no tienen ningún efecto en la riqueza real de la nación y, como destaca Hülsmann, “no impiden la continuación con éxito de la producción”.

Entretanto, la Fed de Bernanke ha experimentado una racha de crecimiento sin precedentes, más que doblando su balance (a partir de la nada) en un intento de rescatar a la comunidad financiera. Antes, el activo del balance del banco central estadounidense lo constituían títulos del Tesoro con un toque de oro. Ahora la Fed, a pesar de ser el doble de grande, tiene menos títulos del Tesoro, siendo el resto títulos tóxicos que han doblegado a los grandes bancos de Wall Street. Es como si Bernanke estuviera poseído por John Law, el creador de la Burbuja del Mississippi en Francia en 1720. Law no pudo mantener inflada su burbuja y tampoco podrán hacerlo Bernanke y sus colegas banqueros centrales.

Cuando los banqueros centrales tratan furiosamente de reinflar, animados por los medios financieros principales, la autoridades financieras debería desinflar la oferta monetaria, recogiendo velas, igual que están haciendo los consumidores. La deflación es una “gran fuerza liberadora”, escribe Hülsmann, “porque destruye la base económica de los ingenieros sociales, vendedores de humo y lavadores de cerebros”.

 

 

Douglas French es presidente del Instituto Mises y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply y Walk Away: The Rise and Fall of the Home-Ownership Myth. Es doctor en economía de la Universidad de Nevada-Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su tribunal de tesis. French enseña en la Academia Mises.

Published Sun, Jun 12 2011 3:43 PM by euribe