Inflación, deflación, roja-flación, azul-flación

Por Matthew Beller. (Publicado el 24 de julio de 2008)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3040.

 

Se ha venido desarrollando un debate entre la gente en el sector financiero acerca de si Estados Unidos está sufriendo actualmente inflación, deflación, estanflación, reflación, hiperinflación o tal vez cualquier otro tipo de “-flación” que solo podría imaginar el dr. Seuss.

Por desgracia, mucho de este debate es improductivo porque los participantes utilizan diversas definiciones de estos términos, e incluso cuando usan las mismas, discutir sobre una simple etiqueta podría no ser suficiente para describir las fuerzas económicas más profundas operando y cuáles son probablemente su efectos. Dada la confusión, este artículo añadirá algún color al debate al ofrecer definiciones utilizables de los términos inflación  y deflación y luego intentará mostrar lo que está pasando en la economía actual.

¿Qué es la inflación?

La definición de inflación usada más comúnmente (un aumento general en los precios de bienes y servicios) es probablemente la menos descriptiva e indudablemente la que lleva a más equivocaciones. No es coincidencia que sea la definición utilizada por los políticos, los de los principales periódicos económicos y expertos de la CNBC y sea la que se enseña en institutos públicos y universidades. La razón por la que esta definición es equívoca es porque, como describí en un artículo reciente, separa la causa del fenómeno (un aumento en la oferta monetaria) de sus efectos finales (un aumento en los precios de bienes y servicios).

Además, el uso de esta definición también lleva a expresiones ridículas como “inflación de alimentos” para describir los aumentos de precios en unos pocos productos agrícolas concretos. Lo absurdo de esta noción puede verse cuando uno se da cuenta de que nadie se queja nunca de una “inflación de acciones” o una “inflación de viviendas” y que ningún libro de texto de economía contiene una estudio de casos que expliquen cómo la política monetaria produjo la “inflación Beanie Baby” de 1995 a 1999.

Si estamos de acuerdo con el famoso dicho de Milton Friedman de que “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”, entonces deberíamos adoptar una definición que reconozca esto explícitamente. Eminentes economistas austriacos, como Ludwig von Mises, Henry Hazlitt y Murray Rothbard han presentado definiciones que verían ligeramente de una a otra, pero una aspecto común a todas es un aumento en la oferta monetaria.[1] Por tanto adoptaré esa definición sencilla. La deflación se definirá por tanto como una disminución en la oferta monetaria. Sin embargo, para que estas definiciones tengan sentido tenemos que tener asimismo una definición precisa del dinero.

¿Qué es el dinero?

En dinero, como explica sucintamente Frank Shostak, es “aquello por lo que se intercambian todos los demás bienes y servicios”. En la práctica, el dinero es normalmente un bien homogéneo y duradero que es reconocido universalmente como algo de valor y que la gente está dispuesta a aceptar a cambio de bienes y servicios. Podría ser oro o pedazos de papel intercambiados físicamente en transacciones o podrían ser cosas almacenadas en instituciones como bando y de las que se dispone mediante cheques, tarjetas de débito u otros medios.

Sin embargo, las complicaciones aparecen al aplicar esta definición, debido a práctica como la banca de reserva fraccionaria. Cuando un depositante deja una cantidad de dinero en una cuenta corriente en un banco de reserva fraccionaria, el banco puede prestar el 90% de este depósito a otra persona bajo la suposición de que el depositante no retirará todos sus fondos. Cuando el banco extiende un préstamo así, en la práctica el depositante ha prestado su dinero al prestatario, pero sin saberlo. De hecho, tanto el depositante como el prestamista tendrían un título legal a la misma suma de dinero al mismo tiempo. Mientras el depositante crea que puede retirar su dinero del banco en cualquier momento, percibe que posee el 100% de su depósito. Como consecuencia, la oferta monetaria se ha convertido efectivamente en un 190% de la que había originalmente. Pero es solo el primer paso. Como el nuevo dinero se deposita a su vez, se genera aún más nuevo dinero, que puede asimismo depositarse una y otra vez a lo largo del sistema bancario hasta que la oferta monetaria crezca hasta un 1.000% de la original.

Mientras que préstamos como el anterior, a los que Ludwig von Mises llamaba “crédito de circulación”, tienen el efecto de aumentar la oferta monetaria, resultan ser un claro contraste con préstamos en los que el prestamista renuncia temporalmente al derecho a su dinero, como ocurre cuando un depositante compra un certificado de depósito de un banco. Durante el plazo del certificado, el depositante supuestamente entiende que no puede retirar su dinero y ajusta su comportamiento y el uso del dinero basándose en ese entendimiento.

Por subrayar este punto, un préstamo que implica una transferencia temporal de dinero de una parte a otra no aumenta la oferta monetaria. Un préstamo en el que el prestamista retiene de alguna manera el título completo y uso de los fondos prestados aumenta la oferta monetaria.

¿Inflación o deflación?

Determinar si se está produciendo inflación o deflación, resulta así algo tan sencillo como medir la oferta monetaria. Oportunamente, el Instituto Ludwig von Mises empezó recientemente a publicar la Oferta Monetaria Real (TMS, por sus siglas en inglés). Al contrario que los distintos agregados monetarios “M” publicados por la Reserva Federal, la TMS incluye adecuadamente aquellas cuentas que son dinero y excluye las formas de crédito que parecen dinero pero no lo son (por ejemplo, los fondos mutuos del mercado monetario). A continuación se muestra un gráfico de la TMS en los últimos cinco años:

Aunque hay pequeños movimientos a la baja en la TMS de vez en cuando, generalmente ha estado aumentando y ha continuado haciéndolo en la medición más reciente de abril de 2008. Por tanto, de acuerdo con mi definición, estamos experimentando inflación. Aunque esté perfectamente claro, uno debe tener cuidado de no llegar a ciertas conclusiones basadas en esa observación.

Inflación mala, inflación que no es mala

Una razón por la que los economistas austriacos ponen tanto énfasis en el fenómeno de la inflación es que a menudo causa ciclos de auge y declive. Sin embargo el que causa auges insostenibles es un tipo concreto de inflación, a la que llamo “inflación mala”. Es el tipo de inflación que se produce en la banca de reserva fraccionaria, en la que el dinero que pretende usarse para consumo actual se presta a empresas, enviando señales falsas acerca de las preferencias de la gente por el consumo actual frente al futuro, lo que imposibilita que las empresas asignen adecuadamente los recursos. En el grado en que los participantes en el mercado no sean conscientes de la creación de dinero o no sean capaces de determinar su tipo o ajustarlo de otra forma, asumirán empresas en sus negocios y adoptarán patrones de consumo que serán insostenibles. Es precisamente la misma forma en que los esquemas de Ponzi pueden funcionar aparentemente sanos durante años antes de derrumbarse, los auges insostenibles causados por la “inflación mala” podrían persistir un tiempo, pero acabarán en declives cuando la realidad salga a la superficie, los precios se ajusten y las empresas antes rentable vayan a la ruina.

Al otro tipo de inflación que puede producirse lo llamo “inflación que no es mala”. Este tipo de inflación no lleva a dañinos auges y declives, pero tampoco es necesariamente “buena” en ningún sentido. Más bien es una situación natural en un mercado verdaderamente libre. Un ejemplo de este tipo de inflación se encontraría en una sociedad en la que el oro se utilizara como moneda. En dicha sociedad se esperaría que se extrajera de las minas alguna cantidad de oro y se añadiera a la oferta monetaria todos los años. Mientras que el porcentaje de este aumento dilutorio en la oferta monetaria sea aceptable para el pueblo (si lo fuera, se elegiría otro producto para que funcionara como dinero), los empresarios ajustarán sus cálculos y planes de negocio basándose en esta dilución. Si el crecimiento de bienes y servicios fuera más rápido que el crecimiento en la oferta monetaria, la economía experimentaría precios crecientemente más bajos. Los bienes y servicios bajarían de precio respecto del oro y todos ajustarían sus expectativas de estos precios decrecientes y actuarían de acuerdo con ello, exactamente como la gente en la sociedad moderna deben ajustar su comportamiento a los precios crecientes.

Como ejemplo para ver por qué la “inflación mala” lleva a errores en la toma de decisiones, consideremos el ejemplo de un servicio de estacionamiento en un edificio de oficinas. Todas las mañanas llegamos y dejamos el coche al aparcacoches. Por la tarde, recuperamos el vehículo y nos vamos. Ahora supongamos que el aparcacoches ha abierto subrepticiamente un negocio paralelo en el que presta nuestro coche a un taxista durante unas horas diarias (igual que un banco de reserva fraccionaria). Mientras no nos vayamos a lo largo del día, no habrá ningún problema. Sin embargo, si suponemos que podemos retirar el coche en cualquier momento que queramos y tratamos de hacerlo un día, basándonos en esa suposición,  descubriremos que nuestro coche no está y no seremos capaces de cumplir con nuestro compromiso de almorzar que realizamos antes.[2]

Consideremos ahora el escenario anterior con un pequeño cambio: el aparcacoches nos confiesa su negocio paralelo. Suponiendo que lo consentimos (tal vez reduce la tarifa de estacionamiento), no supondremos que nuestro coche esté disponible durante la jornada laboral. Por tanto haremos nuestros planes de acuerdo con ello y evitaremos los errores que serían inevitables en el escenario inicial.

Auges insostenibles

Como apuntaba antes, Estados Unidos sufre inflación y bajo el Sistema de Reserva Federal (FRS, por sus siglas en inglés), la inflación la produce principalmente la extensión de la circulación del crédito por parte de los bancos privados que son miembros del FRS. Como tal es “inflación mala”. Quienes estén familiarizados con la teoría austriaca del ciclo económico podrían por tanto concluir apresuradamente que Estados Unidos continuará experimentando un auge insostenible y los precios de las materias primas continuarán aumentando, como lo han hecho los últimos meses. Sin embargo, sería prematuro llegar a esa conclusión. Las extendidas quiebras empresariales y restricciones en el consumo están amenazando la solvencia de los bancos que son responsables de crear dinero. Al dejara de dar préstamos estos bancos para capitalizar sus pérdidas, la cantidad de dinero en circulación tenderá a decrecer. Esta presión podría acabar anegando cualquier nuevo dinero que el FRS creara en otro lugar y llevar a la deflación.

Quienes insisten en que los responsables de la Reserva Federal tienen la capacidad de sencillamente imprimir tanto dinero como quieran tienen toda la razón en un sentido, pero tal vez no se den cuenta de que la mayoría de la oferta monetaria está en forma del crédito de circulación que producen los bancos en lugar de la Fed. La Fed solo controla directamente la base monetaria, que comprende básicamente la moneda física y las reservas bancarias. Cuando la Fed compra títulos a través de sus operaciones de mercado abierto, la base monetaria aumenta en la cantidad correspondiente, pero son el definitiva los bancos y sus clientes los que determinan el crédito circulante creado a partir de dicha base monetaria. Se ahí toma su nombre la idea de la Fed de “mover las cuerdas”. La Fed puede aflojar las cuerdas a los bancos comprándoles títulos para aumentar sus reservas, pero no puede forzarles a asumir ese aflojamiento prestando estas reservas a empresas. Para ver el tamaño de la base monetaria en relación con la oferta monetaria global, veamos el gráfico que viene a continuación:

Como muestra el gráfico, la base monetaria es de aproximadamente 850.000 millones de dólares, comparada con el TMS, que es de alrededor de 5,4 billones. Por tanto la Fed controla directamente solo alrededor del 15% de la oferta monetaria. Debería advertirse que a pesar de que mucha gente afirma que la Fed ha estado inflando tremendamente durante el pasado año, la base monetaria permanece relativamente plana. Por tanto, la Fed no está “imprimiendo” sino que está confiando en los bancos para expandir el resto de la oferta monetaria. Y mientras continúen experimentando pérdidas (tal vez debidas a las existencias de títulos subprime u otras inversiones dudosas), su capacidad para extender nuevos préstamos se reducirá y habrá presión a la baja en la oferta monetaria y potencialmente deflación.

La respuesta de la Fed

A la mayoría de la gente se le lleva a creer que la deflación es algo malo, pero no lo es. En realidad, es precisamente lo que requiere la economía para eliminar las malas inversiones creadas por las políticas inflacionistas de la Fed. Desgraciadamente, la deflación tiende a ser políticamente inaceptable porque causa, entre otras cosas, un aumento temporal del desempleo mientras los recursos de capital se reasignan a sectores más productivos. Por consiguiente, puede esperarse que la Fed haga todo lo que pueda para evitar la deflación, por no mencionar el hecho de que su presidente, Ben Bernanke, haya dejado registro de explicaciones de la importancia de impedir la “deflación” (utiliza una definición de precios a la baja).

Dado el objetivo de evitar la deflación (usando mi definición), la Fed puede seguir dos caminos. Puede “imprimir” grandes cantidades de dinero e inyectarlo en la economía por distintos medios, pero esto genera el riesgo de llevar a la hiperinflación[3] debido al “efecto multiplicador”: si los requisitos de reserva para los bancos permanecen constantes, cualquier adición a la base monetaria podría generar un aumento de hasta 10 veces esa cantidad en la oferta monetaria general. Así que si la Fed aumenta la base monetaria demasiado aprisa, el mismo potencial de un mayor crecimiento explosivo en la oferta monetaria podría llevar a una completa pérdida de fe en el dólar y su abandono por parte de los bancos centrales extranjeros y otros grandes tenedores de dólares. Y para el gobierno, destruir un sistema de moneda fiduciaria como el dólar es matar a la gallina de los huevos de oro. A pesar de cualquier desacuerdo que uno pueda tener con la teoría económica de Ben Bernanke, éste no está loco. Hasta ahora ha apoyado formas suaves de gasto keynesiano en déficit, pero aún no ha recurrido a imprimir. Encuentre dudoso que siga ninguna política que crea sinceramente que cause hiperinflación.

En lugar de imprimir, la segunda opción de la Fed, es tratar de convencer de alguna manera a los bancos de que concedan más préstamos, a las empresas de que tomen prestado y se expandan y a los consumidores de que continúen consumiendo. Es realmente un buen reto, dado el sentimiento negativo generalizado en el mundo empresarial. El auge inmobiliario ha llevado al despido de muchos trabajadores y a que muchos propietarios de viviendas se den cuenta de que no son tan ricos como creían. Los fabricantes de automóviles y otros vendedores están peleando y otros problemas continúan afectando a caso todas las áreas de la economía. El reto de la Fed se agrava por el hecho de que su rebaja de los tipos de interés ha llevado al que el dólar se debilite significativamente respeto de las divisas extranjeras, lo que ha tenido el efecto de aumentar los precios de las importaciones, llevando a más recortes en el consumo y la inversión.

Para combatir a las fuerzas deflacionistas que afectan a los bancos, vemos a la Fed haciendo todo lo que puede, salvo imprimir dinero, para impedir que experimenten pérdidas. Por eso hemos visto a la Fed realizando acciones que, como ha dicho el expresidentes de la Fed, Paul Volcker, “se extienden hasta el mismo límite de sus poderes legales e implícitos”. Cuando la Fed ofreció 30.000 millones de dólares en financiación a J.P. Morgan para adquirir Bear Stearns, no rescataba a Bear, sino a las contrapartes del crédito de Bear. Si hubiera permitido que Bear fuera a la quiebra, los bancos que hubieran prestado dinero a Bear habrían tenido que asumir pérdidas, reduciendo así sus reservas y su capacidad de extender crédito en otro lugar. Es incluso posible que la quiebra de Bear hubiera hecho que otras grandes empresas se convirtieran en insolventes y también declararan su quiebra.

En otros intentos por impulsar a los bancos a crear dinero, también hemos visto a la Fed crear, uno tras otro, tres nuevos dispositivos de préstamo (TAF, TSLF y PDCF), con la esperanza de que la liquidez adicional que ofrecen induzca a los bancos a conceder más crédito. Aunque cada uno podría haber alcanzado un éxito limitado en hacerlo, no podemos saber qué otro tipo de creaciones imaginativas nos revelará luego al Fed si los bancos continúan experimentando pérdidas y reduciendo la cantidad de crédito de circulación.

Conclusión

En definitiva, el debate sobre si estamos experimentando inflación o deflación es sencillo si solo se trata de observar el cambio en la oferta monetaria. Sin embargo el debate se hace mucho más complejo si su propósito es predecir qué ocurrirá en el futuro. Aunque las medidas de la oferta monetaria podrían ofrecer alguna indicación de hacia dónde se dirigen las cosas, también hay que entender bien cómo funciona el sistema bancario y el papel de empresas y consumidores en la creación y destrucción de dinero. La Fed ya ha tomado varias acciones drásticas intentando evitar la deflación, pero queda por ver si es posible alcanzar tal objetivo sin destruir el dólar y todo el sistema financiero.

 

 

Matthew Beller fue empleado en el Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal y en la SEC. Trabaja para una empresa de inversión privada en Los Ángeles.

 



[1] Mises y Rothbard ofrecen definiciones similares a lo que llamo “inflación mala” más adelante en el artículo. Hazlitt ofrece la definición algo vaga de un “aumento en la oferta de dinero y crédito”.

[2] Un escenario así también llevaría a errores de cálculo en todas partes. Aunque la “oferta de coches” parecería ser de dos, en realidad solo habría un coche. Esto enviaría una señal defectuosa al taxista acerca del número de coches disponibles para su negocio. Si el escenario cambiara de forma que recogiéramos el coche antes de que el taxista llegara a tomarlo prestado, experimentaría una “contracción del crédito” y se quedaría sin ningún coche a tomar prestado. En un sentido muy elemental, es el mismo concepto que subyace la teoría austriaca del ciclo económico: la de que cuando entra dinero en la oferta de fondos prestables cuando no debería hacerlo, envía una señal falsa a los productores acerca de las preferencias de los consumidores para el consumo actual respecto del futuro.

[3] Por hiperinflación me refiero a un escenario en que el dinero pierde su valor tan rápidamente  que los consumidores lo gastan tan rápidamente como sea posible para evitar tenerlo.

Published Mon, Jun 13 2011 7:27 PM by euribe