Bienaventurado el estado que así destruyó el automóvil

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 30 de junio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5421.

 

El estado moderno nació y se construyó con la idea de que traería progreso material al mundo.

¡Cómo han cambiado las cosas! Ahora el mismo estado trabaja para invertir el progreso en todas las formas posibles e incluso alardea de las cosas gloriosas que está haciendo para hacer nuestras vidas más miserables.

Tiene incluso el descaro de tratar de vender que él solo puede repeler nuestra lucha constante por tener una vida mejor y espera que les agradezcamos esto a nuestros amos… y paguemos este privilegio.

Estos fueron los pensamientos que me asaltaron cuando leía el informe del New York TimesEn toda Europa, la política urbana es fastidiar a los conductores”. Sí, es cierto: las políticas no tratan de hacer más fácil y menos problemático el conducir, sino más duro y más problemático de forma que la gente abandone sus automóviles y vaya a pie igual que se vivía antes de la invención de la rueda.

Ahora bien, es cierto que la capacidad de subir a un artilugio de acero dirigido por un conductor que puede llevarnos a cualquier sitio que queramos a 200 millas por hora tiene que considerarse uno de los grandes logros en la historia de la humanidad. ¡La voluntad humana desatada! Durante 100 años, dondequiera que encontremos progreso, alegría y realización humana, encontramos un automóvil. El automóvil ha resuelto muy de cerca los grandes problemas que presenta la existencia de escasez de tiempo y espacio y nos ha hecho capaces de lograr tareas esenciales. Trabajamos, vivimos, compramos y viajamos a donde queremos y llegamos a cada lugar en una fracción del tiempo que tomaba a nuestros ancestros.

¿Así que qué hace el estado? Trata de detenerlo. Los gobiernos europeos están “creando entornos urbanos abiertamente hostiles a los automóviles”, dice el Times. “Los métodos varían, pero el objetivo está claro: hacer caro y directamente lo suficiente miserable el uso de automóvil para empujar a los conductores hacia modos de transporte más ecológicamente amigables”.

¿Son los líderes europeos al menos conscientes de que sencillamente están reviviendo el plan de transportes del Presidente Mao? Cuando llegó al poder en 1950, declaró que China sería zixingche de guo, el Reino de las Bicicletas. La bici era una de las tres cosas que todo ciudadano debía poseer (las otras dos: un reloj y una máquina de coser). Se suponía que era un gran símbolo de igualdad y de la voluntad de los ciudadanos de utilizar su propio poder muscular para trabajar por el triunfo del socialismo.

Y así pasa en toda Europa, donde se están cerrando calles, se eliminan estacionamientos y se grava el combustible hasta el punto de ser inasequible. En muchos lugares, los límites de velocidad se están reduciendo a la velocidad de un caminante y en otros se están prohibiendo completamente los automóviles. La idea no es construir la gran utopía socialista sino en su lugar “salvar el medio ambiente” y a la porra el bienestar real de los seres humanos que pagan las facturas que hacen que estos estados vivan y prosperen.

¿Y todo esto es por el medio ambiente? No es la única razón. También dicen que las calles son demasiado estrechas para soportar mucho tráfico automovilístico, ya que la mayoría datan de antes de la edad de automóvil. Es extraño: las calles de las ciudades en Estados Unidos también son pre-automóvil, pero los estadounidenses, como el emprendedor Brigham Young que fundó Sal Lake City, pensaron en hacerlas lo suficientemente anchas como para que los carromatos cubiertos pudieran dar la vuelta. Sobre todo, la razón real es que a los “planificadores urbanos” simplemente no les gustaban así que “en general estaban de acuerdo en que un aumento en el tráfico de vehículos no es deseable para las ciudades en ninguna parte”.

El problema con los “planificadores urbanos” (como indicaba Jane Jacobs) es que no piensan en la gente como individuos con intereses que actúan de acuerdo con sus propios planes con un orden espontáneo resultante que hace grandes las ciudades. En su lugar, quieren planificar una visión a vista de pájaro del lugar y obligan a todos a obedecer le guste o no a la gente. En el peor de los casos, estos planificadores están secretamente horrorizados por la visión de millones de personas viviendo bien y haciendo lo que quieran y, como el Presidente Mao, piden a gritos lo que creen que debería ser un sistema más ordenado.

Armados con el poder del estado contemporáneo (que está destruyendo la prosperidad y el avance de la civilización, porque resulta que es lo único que se le da bien), los planificadores urbanos están alcanzando su objetivo, pero ¿para qué? ¿Invertir un siglo de progreso es una forma de vivir mejor? Eso piensan los planificadores, porque tienen una idea distinta de cómo debería ser la vida. Quieren que la ciudad sea más como un hormiguero que un ligar para elegir, soñar y realizarse. La estática existencia de obreros y campesinos bajo el comunismo parece agradarles mucho más.

El relato del NYT sugiere que es muy distinto en Estados Unidos, donde los planificadores piensan que los automóviles están bien. Pero no es así. La guerra de los automóviles data de hace medio siglo. Ni siquiera las carreteras interestatales se construyeron realmente para automóviles. Se construyeron para que los vehículos militares recorrieran el país y lo controlaran en caso de una invasión o levantamiento. El automóvil no ha tenido nunca realmente amigos en el gobierno. El automóvil es un producto de los mercados privados, utilizado por individuos para alcanzar fines individuales.

Al hablar de mi nuevo libro, It's a Jetsons World, he mencionado que si el gobierno no poseyera las calles y regulara tan duramente la innovación en el transporte, ya tendríamos ahora automóviles voladores. La afirmación puede probarse o refutarse, pero eso es así en un mundo al que faltan pruebas verificables de lo que podría existir en ausencia de controles y castigos del gobierno a la innovación y la producción.

Pero pensemos en qué poco progreso está teniendo lugar realmente, incluso donde el automóvil se tolera moderadamente.

El otro día un Honda Accord nuevo me adelantó y le confundí con un Lexus y me adelantó un Lexus nuevo que se parecía mucho a mi Accord de 1995 y se me ocurrió: ¿están mejorando realmente los automóviles o estamos haciendo un ciclo con los estilos de carrocería como hacemos con los anchos de corbata? Eso es lo que hacen las empresas en sectores en los que los consumidores solo quieren innovación en el estilo pero no en la estructura (la ropa de hombre). Pero eso no es cierto en el transporte. Sí, hay nuevas características de seguridad e interesantes accesorios en los nuevos modelos. ¿Pero por qué nos “automóviles de concepto” de las principales automovilísticas nunca llegan a las carreteras? ¿Y por qué hay quien afirma que los automóviles nunca han sido mejores de lo que fueron hace unos 50 años? ¿Qué innovaciones nos estamos perdiendo?

Es un vasto plan centralizado el que realmente gobierna la fabricación de automóviles en Estados Unidos. Hay estándares de Economía Media Corporativa de Carburante, regulaciones sobre todo, de las ruedas al aire acondicionado, órdenes federales sobre seguridad y tamaño del motor y varios miles de otras cosas. No hay ninguna parte del automóvil que no esté sujeta a una u otra, hasta la forma exacta de las luces de error en el salpicadero. ¿Cuánto espacio queda realmente para la innovación?

Es lo que decía Bastiat de la economía mixta. Nunca sabremos con seguridad qué innovaciones nunca llegaron a ver la ser parte de nuestro mundo económico porque las regulaciones paralizaron a los innovadores. Nunca sabremos con seguridad que tipo de bendiciones materiales podrían haber aparecido si no fuera por el saqueo diario de capital y creatividad que tiene lugar bajo el gobierno del Leviatán.

El gobierno ha sido siempre el enemigo del progreso, incluso cuando afirmaba ser su amigo. En la historia más reciente, estamos escuchando cada vez más declaraciones sinceras de la gente al mando. Quieren retroceder y lo hacen fuerte y bien. Si esto se mantiene, el único terreno con progreso real será el creado en el universo digital, donde los planificadores son o demasiado lentos o demasiado estúpidos como para regular nuestra vuelta a la Edad de Piedra que consideran como su ideal.

 

 

Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de It's a Jetsons World: Private Miracles and Public Crimes y Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo.

Published Fri, Jul 1 2011 4:56 PM by euribe