El escorbuto, entre otros problemas, desapareció

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 13 de julio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5446.

[Prólogo a It's a Jetsons World: Private Miracles and Public Crimes (2011)]

 

Estaba una mañana leyendo acerca de cómo en el pasado muchas personas morían de escorbuto y solamente porque los viajeros en alta mar tenían acceso limitado a la fruta y la vitamina C. El escorbuto estaba documentado en el mundo antiguo y, en los 300 años posteriores a 1500, puede haber matado hasta a 2 millones de marineros. El miedo al escorbuto ha sido una de los millones de miedos aterradores que han consumido la psique humana durante toda la historia humana hasta fechas muy recientes. Ahora sabemos y nos preocupamos muy poco por él.

Esa misma mañana, estuve en el bufé de desayuno de un hotel y había expuesta para todos una cantidad fruta y zumos que parecía interminable, fruta de todos los tipos y de todas partes del mundo. Estaba en grandes boles sin límite en lo que la gente podía tomar.

Mis ojos se abrían de asombro y estuve pensando en el milagro y sus implicaciones, mientras todos los demás se tomaban un vaso tras de otro de lo que querían en el bar de zumos. Estoy bastante seguro de que nadie pensaba sobre ello.

Lo que es más, si me encontrara deseoso de fruta en cualquier lugar en que pudiera estar viajando, podría sacar mi dispositivo digital y buscar una tienda local. Las herramientas de navegación que llevarían allí desde donde estuviera. Cuando llegara allí, podría comparar precios con todas las demás tiendas para asegurarme de obtener el mejor negocio y luego empezar una videollamada con cualquier lugar del mundo y contar lo estupenda que era la naranja que me acabo de comer. Luego pude descubrir rápidamente las propiedades nutricionales con una búsqueda e incluso hacer un vídeo de mi fiesta y postearlo con un dispositivo inalámbrico y ese vídeo puede alojarse en minutos en un sitio externo, para que lo vean todos mis amigos cuando lo enlace en una cuenta de Facebook (también con un dispositivo inalámbrico que tengo a mano) y luego este vídeo puede convertirse en extrañamente popular y generar un millón de vistas en unos pocos días. Todo esto es nuevo. Nada de esto habría sido posible hace solo 5 años y ni siquiera hace 12 meses.

Sí, hay una revolución en marcha, una que está ocurriendo mucho más rápidamente que la Revolución Industrial. Vivimos en medio de ella y aún así hay una extraña falta de conciencia respecto de ella. En la medida en que somos conscientes de ella, nos quejamos. Nos quejamos de que hay demasiada comida disponible y eso nos tienta a ser gordos. Nos quejamos de la digitalización de la sociedad. Vemos películas sobre los males ocultos de las tiendas de alimentación y nos preguntamos si se ha usado un spray en la fruta con productos químicos malsanos que nos van a producir autismo o cáncer u otra cosa. La economía de mercado produce milagros a cada momento y aún así apenas nos damos cuenta o nos preocupamos y, lo que es peor, denunciamos la realización este sueño de toda la historia, esta llegada del cielo a la tierra y la llamamos decante y peligrosa.

Es una tragedia, en mi opinión. Deberíamos ser conscientes de las relaciones de causa y efecto que operan en el mundo de la acción humana y dan lugar al orden globalmente extendido que llamamos economía de mercado, un orden alimentado por las elecciones humanas, el emprendimiento y el incansable aprendizaje y copia y agrupado por señales de precios, propiedad privada y libertad de comercio. Estas instituciones son los milagros que se nos confieren cada día, el mundo de los Supersónicos que me asombra todos los días.

También tenemos que ser conscientes de lo contrario, el pantagruélico aparato de compulsión y coerción llamado el estado, que opera con principios que no anacrónicos hasta la médula. Su principio es la violencia y sus contribuciones al orden social son prisiones, trastornos económicos  y guerra. Es torpe, estúpido y desagradable en extremo y es la principal rémora del mundo actual. El contraste con el mercado es abrumador.

Una suposición subyacente en este libro que no es diferente de la que se encontraría en innumerables libros de esta tendencia: no hay nada que el estado tenga que hacer o no pueda hacerse mejor dentro de la matriz de la acción y el intercambio voluntario. Espero que los ejemplos que aporto aquí sean una explicación convincente de esta idea en marcha en nuestro tiempo.

¿Por qué es importante este mensaje? El conocimiento se pierde fácilmente en la historia humana. La humanidad ha conocido de forma variable la causa y cura del escorbuto para luego desaparecer la sabiduría y tener que redescubrirse de nuevo. Esto ocurrió varias veces. Y la última vez en que se descubrió de nuevo la cura para el escorbuto fue ya en el siglo XX. Lo mismo pasa con la libertad humana: el verdad de sus organización y poder productivo era conocida en el mundo antiguo, pero la verdad tiene que volver a redescubrirse. Este libro es una contribución a la esperanza de que el conocimiento no se perderá.

 

 

Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de It's a Jetsons World: Private Miracles and Public Crimes y Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo.

Este artículo en el prólogo del nuevo libro de Jeffrey Tucker, It's a Jetsons World: Private Miracles and Public Crimes (2011).

Published Fri, Jul 15 2011 5:31 PM by euribe