Eugen Richter y el final del liberalismo alemán

Por Ralph Raico. (Publicado el 21 de junio de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4503.

[The Review of Austrian Economics, 1990]

 

Prólogo

Durante varias generaciones ha existido una interpretación de la historia moderna condicionando y moldeando las opiniones sostenidas por casi todas las personas cultas respecto del gran tema del socialismo contra la economía de mercado.

Esta interpretación va aproximadamente como sigue: hubo una vez una “clase” (“la” burguesía) que obtuvo la preeminencia con los colosales cambios sociales y económicos de la primera historia moderna y luchó por el dominio. El liberalismo, que hay que admitir que ayudó a alcanzar un grado limitado de liberación humana, era la expresión ideológica de la interesada lucha de la burguesía.[1]

Sin embargo, entretanto apareció otra clase mucho mayor, “la” clase trabajadora, las víctimas de la burguesía triunfante. Esta clase luchaba a su vez por el reconocimiento y la dominación y por eso desarrolló su propia ideología, el socialismo. El socialismo buscaba la transición hacia una liberación humana más alta y amplia. El natural e inevitable conflicto de intereses de estas dos clases (básicamente, los explotadores y los explotados) llena la historia moderna y ha llevado al final, en el estado de bienestar de nuestro tiempo, a una especie de acomodo y compromiso.

Creo que todos estamos bastante familiarizados con este paradigma histórico.

Sin embargo, recientemente ha empezado ha ganar espacio una interpretación distinta. El ilustre historiador Ernst Nolte, de la Universidad Libre de Berlín, ha expresado su aspecto central:

La revolución real y modernizadora es la del capitalismo liberal o de la libertad económica, que empezó hace 200 años  en Inglaterra y se completó por primera vez en EEUU. Esta revolución del individualismo fue cuestionada desde el principio por el llamado socialismo revolucionario, cuya inspiración era la comunidad arcaica con su transparencia de condiciones sociales, como la contrarrevolución más completa, es decir, como la tendencia al colectivismo totalitario.[2]

Aunque el capitalismo “cambi[ó] radicalmente las condiciones de vida de todos los afectados en un periodo de tiempo relativamente corto y les [hizo] mejorar en un grado extraordinario, al menos materialmente”, “no supo cómo despertar amor”.[3] La gran revolución capitalista trajo un movimiento socialista, que “en cierto sentido [era] completamente revolucionario, de hecho reaccionario radical”.[4]

El lugar del liberalismo

Esta concepción más reciente sugiere una nueva interpretación del liberalismo. El liberalismo es, de hecho, la ideología de la revolución capitalista que aumentó prodigiosamente los niveles de vida de la masa del pueblo; una doctrina elaborada gradualmente a lo largo de varios siglos, que ofrecía una nueva idea de orden social, englobando la libertad en la única forma apropiada para el mundo moderno. Paso a paso, en la práctica y en la teoría, los distintos sectores de la actividad humana se alejaron de la jurisdicción de la autoridad coactiva y se entregaron a la acción voluntaria de una sociedad que se autorregula.

Prácticamente todos los pueblos de la Europa occidental y central (así como los estadounidenses) contribuyeron a la acuñación de la idea y el movimiento liberal. No solo holandeses, franceses, escoceses, ingleses y suizos, sino también, por ejemplo, en España, los escolásticos tardíos de la Escuela de Salamanca y de otros centros universitarios[5] y una serie de italianos, especialmente en los inicios de la economía política. En esta evolución, también los alemanes desempeñaron un papel a menudo olvidado.[6]

Particularmente sorprendente para los extranjeros que se han preocupado por el liberalismo alemán ha sido la amarga hostilidad que encontró en su propio tiempo y a manos de los historiadores y que está ligado a la primera interpretación convencional de la historia moderna antes descrita. Paul Kennedy se ha referido muy apropiadamente a “la completa malevolencia y odio ciego que hay detrás de muchos de los ataques en Alemania contra los Manchestertum [manchesterismo, es decir, laissez-faire]”.[7]

La hostilidad se dirigía especialmente contra el hombre que fue durante dos generaciones en Alemania el representante del movimiento liberal que adoptaron todas las naciones civilizadas: Eugen Richter. Ahora la malicia se ha reemplazado por el olvido. El pasado año, en julio, fue el 150 aniversario del nacimiento de Richter y si hubo ninguna reseña de la ocasión en la República Federal, salvo mi propia y modesta contribución, [8] no me consta.

Sin embargo, esto no debería sorprendernos. Como tanto los conservadores como los socialistas (los dos bandos que han escrito la inmensa mayoría de la historia de Alemania) encontraban a Richter insufrible, normalmente se le trataba con desdén o se le ignoraba completamente. Así que permanece desconocido para la inmensa mayoría incluso de la gente culta. Dada la antigua interpretación histórica, esta circunstancia tiene cierto sentido; no se corresponde en modo alguno con la nueva.  Así que hace falta, y realmente desde hace mucho, un intento de evaluar el significado de Richter para el liberalismo germano y la historia alemana.

Diferencias de opinión sobre Richter

Eugen Richter[9] fue el brillante, aunque ocasionalmente demasiado autoritario, líder de Partido Progresistas (Fortschrittspartei) y luego de los liberales (Freisinn), las expresiones políticas del “liberalismo de izquierdas”[10] o liberalismo “determinado” (entschieden), a lo largo de 30 años, en el Reichstag imperial alemán y en la Cámara Prusiana de Delegados; era además un incansable periodista y editor.[11] Fuera de un estrecho grupo de amigos y socios políticos, las actitudes y opiniones sobre Richter, en su tiempo y posteriormente, han sido mayoritariamente muy negativas.[12]

Naturalmente éste es el caso en el bando conservador-autoritario. El Príncipe Heredero Guillermo, posteriormente Káiser Guillermo II, llegó a idear un plan (nunca llevado a cabo) de hacer que Richter fuera “apaleado” por seis jóvenes oficiales[13] y el viejo adversario de Richter, el Príncipe Bismarck confiaba al viejo káiser, Guillermo I, que era entre hombres como Richter donde tenían que encontrarse “el material para los diputados de la Convención [Revolucionaria Francesa]”.[14] Hans Delbrück, cuyo retrato de Richter influyó en escritores posteriores, le comparaba con el demagogo griego Cleón y le calificaba como el líder de un partido cuya mayor pasión se reservaba a las piezas de plata,[15] mientras que para el marxista Franz Mehring, Richter era sencillamente “un servidor y ayudante del Gran Capital”.[16] La “rigidez”, el “dogmatismo” y el “doctrinarismo crítico” de Richter se han atacado repetidamente[17]y un historiador alemán actual sencillamente refleja la visión casi unánime de sus colegas cuando calificaba sumariamente a Richter como “el eterno señor no”.[18]

Aún así, incluso Bismarck se vio obligado a reconocer: “Richter fue sin duda el mejor orador que tuvimos. Muy bien informado y concienzudo; con formas poco serviciales, pero un hombre de carácter. Ni siquiera ahora sigue la corriente”.[19] Otro oponente, esta vez del bando liberal, el primer presidente de la república federal, Theodor Heuss, admitía que Richter fue “el líder más influyente del liberalismo ‘determinado’” y “sin duda en el detalle en el trabajo el diputado más culto en los parlamentos alemanes”.[20] Un observador más cercano en espíritu a él lo expresaba más sencillamente: Richter “era la encarnación de la doctrina liberal”.[21]

La carrera de Richter

Eugen Richter nació el 30 de julio de 1838 en Düsseldorf, hijo de un doctor de un regimiento. El ambiente de la cada paterna era “de oposición”, por ejemplo, la familia leía el Kölnische Zeitung “con avidez”, lo que era evidencia de un comportamiento bastante extraño para su tiempo. La “disposición predominantemente racional-crítica” de Richter se desarrolló en su temprana juventud.[22] Estudió ciencias políticas con Friedrich Christoph Dahlmann en Bonn y con Robert von Mohl en Heidelberg, donde también estudió finanzas públicas con Karl Heinrich Rau, el más famoso experto en la materia. Siendo aún un estudiante, fue a Berlín, donde las reuniones de la Cámara Prusiana de Delegados le interesaron mucho más que sus clases universitarias. Empezó a acudir a las reuniones del Kongress deutscher Volkswirte (Congreso de Economistas Alemanes, una organización reformista liberal) y, a través de artículos en periódicos y revistas, tomó parte ávidamente en el creciente movimiento en pro del liberalismo económico; también fue activo en el movimientos de cooperativas de consumidores.

En 1884, Richter encabezaba un Partido Liberal de izquierdas unido, el Deutschfreisinnige Partei, que ocupaba más de cien escaños en el Reichstag. Parecía haber llegado la hora del liberalismo en Alemania: el káiser, Guillermo I, era muy viejo, el príncipe heredero, Federico, el más liberal de todos los Hohenzollern.

Ocurrió algo distinto de lo que habría sido deseable para los alemanes. La habilidad política que mostró Bismarck contra él, hizo que el Freisinnige Partei fuera aplastado en las siguientes dos elecciones, y cuando Federico finalmente accedió al trono en 1888, ya estaba mortalmente enfermo. Sin embargo, estas vicisitudes no podían hacer mella en las convicciones políticas de Richter. Durante otras dos décadas se mantuvo en los mismos principios, que parecían cada vez más obsoletos e irrelevantes. Fue el último líder liberal auténtico en el parlamento de cualquier potencia europea.

Filosofía social y la estrategia de los dos frentes

Ya como un joven en su primera actividad periodística, Richter destacaba no solo las desventajas económicas del anticuado sistema mercantilista sino al mismo tiempo el infringimiento de la libertad civil y económica que conllevaba ese sistema. Así, en su folleto “De la libertad de comercio de la tabernas” atacaba el sistema de concesiones, que investía a las autoridades políticas con una amplísima autoridad regulatoria y de concesión de licencias para todos los comercios y profesiones:

Mientras la administración de policía en nuestro estado reúna esos poderes legislativos, ejecutivos y judiciales, Prusia no merecerá la calificación de un Rechtsstaat [estado de derecho].[23]

Así que desde el principio, la piedra angular de la filosofía social de Richter era la conexión entre libertad política y económica, una idea que el distinguía a él, y al Liberalismo de Izquierda en general, de la masa de “Liberales Nacionales”. Dos décadas más tarde Richter cerraba su gran discurso contra el arancel proteccionista de Bismarck con las palabras:

La libertad económica no tiene ninguna seguridad sin libertad política y la libertad política solo puede encontrarse segura en la libertad económica.[24]

Esta idea determinó continuamente la estrategia política de Richter. Toda su vida llevó a cabo una “guerra en dos frentes” contra el “pseudo-constitucionalismo” de Bismarck y un mercantilismo recrudecido por un lado y el creciente movimiento socialista por el otro.[25]

Se ha reprochado a menudo esta política a Richter y los demás liberales entschieden. Los críticos mantienen que los liberales de izquierda deberían haberse aliado con los socialdemócratas, en una resistencia común al militarista y autoritario Segundo Reich, se supone que la famosa “rigidez” y “dogmatismo” de Richter fueron en buena parte responsables por el hecho de que un frente unido como ése nunca llegara a producirse. En algunos historiadores llega a dar la impresión de que la oposición liberal a la socialdemocracia en la Alemania liberal solo puede entenderse como producto del “miedo” de los “niveles inferiores”.[26]

Pero apenas puede sorprender que Richter rechazara dicha alianza. Se veía enfrentado a un partido socialista al que no le importaba reconocer su objetivo último (la abolición del sistema de propiedad privada y de la economía de mercado) y que veía a “la lucha de clases entre burguesía y proletariado como el ‘eje de todo socialismo revolucionario’”.[27] Después de 1875, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) era oficialmente un partido marxista y a pesar de posteriores tendencias revisionistas, sus líderes reconocidos, como Bebel, Liebknecht y Kautsky, eran declarados marxistas ortodoxos. Por supuesto, el SPD presentaba varias demandas democráticas “para empezar”, aunque su objetivo último siguió siendo la eliminación social de todos los no proletarios.

El punto de partida socialdemócrata que afrontaba Richter puede apreciarse en Franz Mehring, un importante teórico y biógrafo de Marx. En 1903, Mehring escribía en el Neue Zeit, de la “burguesía” alemana (y sus defensores): “Tenía que ser consciente y básicamente era consciente de que, sin la ayuda de la clase trabajadora, no podría derrotar al absolutismo y el feudalismo. Tenía además que ser consciente, y básicamente también era consciente, de que, en el momento de la victoria, su anterior compañero de alianza se le enfrentaría como un adversario”, momento en el cual la burguesía caería víctima del proletariado en el decisivo conflicto final.

Sin embargo, Mehring insistía en que en este supuesto esto de cosas la burguesía debía llegar a la conclusión “de que un pacto con la clase trabajadora sobre condiciones tolerables [sic] le ofrece su única posibilidad”.[28] Pero para liberales como Richter, el escenario marxista no era en modo alguno tan “tolerable”. Por tanto, es comprensible que Richter sostuviera que el “estado socialdemócrata del futuro”, al ser hipotético, era entonces menos peligroso que el existente estado autoritario militar, aunque esencialmente “mucho peor”.[29]

Incluso dejando aparte el hecho de que “desde 1869, las reuniones del Partido Progresista en Berlín se vieron interrumpidas violentamente por los socialdemócratas”,[30] ¿cómo habría sido concebible una alianza con ellos? Como liberales, los hombres como Richter veían al socialismo como la gran contrarrevolución moderna y creían que alcanzar el objetivo socialista llevaría tanto a una enorme pobreza como a un absolutismo del estado. No había nada en la doctrina socialista del momento que sugiriera otra cosa. Los historiadores harían bien en reconocer que la culpa de la no creación de un frente común contra el militarismo en Alemania debe atribuirse a los propios socialdemócratas.

Imágenes del futuro socialista

Los socialistas se dedicaron a una crítica incansable y cáustica de orden económico liberal. Pero, como apuntaba Richter:

Los socialdemócratas son muy locuaces al criticar el orden social actual, pero se cuidan mucho de aclarar con detalle el objetivo que se supone que se alcanzaría mediante la destrucción de éste.[31]

Esta omisión es la que trata de reflejar en sus Imágenes del futuro socialista.[32] En su tiempo, este pequeño libro, con su subtítulo irónico “Tomado libremente de Bebel”, causó sensación. Se tradujo a una docena de idiomas, con más de un cuarto de millón de copias impresas solo en Alemania.

Debe reconocerse que en algunos aspectos, el relato de Richter es discutible. Se basa demasiado en el patetismo de los problemas familiares bajo en nuevo régimen socialista, aunque cabía esperar eso, ya que se dirigía a una audiencia popular. A veces la obra llega a estar al borde de lo que en principio parece absurdo, especialmente en relación con la igualdad social que supuestamente se obtendría bajo el socialismo, por ejemplo, el nuevo canciller del reich socialista debe limpiar sus propias botas y lavar su propia ropa, en el relato de Richter.

Sin embargo, la explicación de esto es que Richter se tomaba las promesas igualitarias de los socialistas demasiado literalmente, demasiado en serio. No presentía la tendencia del marxismo a traer al poder una nueva clase de funcionarios privilegiados del estado en los niveles más altos.

Aún así, Richter fue capaz de prever muchas de las características mostradas posteriormente por los estados marxistas. La emigración se prohibía en la Alemania marxista, ya que “el derecho de emigrar no puede concederse a gente robusta que tiene obligaciones para con el Estado por su educación y cultura, siempre que estén en edad de trabajar”.[33] Los sobornos y la corrupción se encuentran por todas partes[34] y los productos de la economía nacionalizada son incapaces de cumplir con los patrones de competencia del mercado mundial.[35]

Pero sobre todo Richter destacaba de nuevo la relación entre libertad económica y política:

¿qué tiene de bueno una prensa libre si el Gobierno es propietario de cada imprenta? ¿Para qué vale el derecho de libre reunión cuando todos los locales pertenecen al Gobierno? (…) en una comunidad en la cual no restaba libertad alguna personal o de comercio, incluso la forma de gobierno más libre sería incapaz de restablecer independencia política alguna.[36]

Cuando ocurre lo peor imaginable y el estado socialista resulta incapaz de aprovisionar el ejército alemán cuando su territorio se ve invadido por Francia y Rusia, estalla una contrarrevolución que restaura un sociedad libre.

Marxistas y conservadores: ayuda mutua

Richter presentaba su campaña en dos frentes como parte de la misma guerra, argumentando que era meramente una cuestión de dos formas de paternalismo estatal. Resulta interesante que esta interpretación la apoyaba un bando inesperado, aunque sin la acusación normativa de Richter. Acusado de delitos políticos, el fundador del socialismo alemán, Ferdinand Lassalle, se dirigió así a sus jueces:

¡Señorías, tan grandes son las diferencias que nos dividen a ustedes y a mí contra esta disolución de toda moralidad [que amenaza desde el bando liberal] que debemos mantenernos hombro con hombro! Defiendo con ustedes, la llama vestal primigenia de toda civilización, el Estado, contra estos bárbaros modernos [los liberales del laissez faire].[37]

Richter reiteraba que los partidos de la derecha (los conservadores y los anti-semitas) ayudaban al socialismo “especialmente [por] las protestas contra el capital móvil, contra la ‘explotación’ que supuestamente perpetra y, además, por las promesas sin límite concedidas a todas las clases profesionales de ayuda y provisión del estado”.[38] A su vez, los socialistas ayudaban a los conservadores y anti-semitas mediante sus amenazas revolucionarias, intimidando a las clases medias y llevándoles a los brazos de un fuerte poder estatal.[39]

Socialismo de estado y Sozialpolitik

Richter combatió el programa de socialismo de estado de Bismarck, incluyendo al nacionalización de los ferrocarriles prusianos y el establecimiento de monopolios estatales del tabaco y el brandy y, naturalmente, el giro de Bismarck hacia el proteccionismo, hacia el encarecimiento del coste de las necesidades de la vida por el que el gran canciller, terrateniente y aborrecedor de las “bolsas de dinero de Manchester” manifestaba su compasión por los pobres. Richter consideraba a la barrera arancelaria planeada “el caldo de cultivo ideal para la formación de nuevos cárteles”, lo que ocurrió en la realidad.[40] Aunque Richter, junto con otros líderes liberales, como Ludwig Bamberger, apoyaba la introducción del patrón oro en el imperio recién creado, al contrario que ellos se oponía a la centralización del sistema bancario mediante la creación de un Reichsbank: ese banco central, creía, tendería a privilegiar “al gran capital y las grandes industrias”.[41]

Probablemente el ataque más conocido de Richter en este campo se dirigió contra la Sozialpolitik (reforma social) de Bismarck, con la que nació en moderno estado del bienestar. Richter, junto con Bamberger, fue el principal portavoz contra el programa, que empezó con la Ley del Seguro de Accidentes de 1881 y con los años perseveró en este punto de vista cuando otros críticos liberales se convirtieron a la nueva postura. Una observación fue, y es, considerada como particularmente notoria: “No existe para nosotros [los progresistas] una cuestión social especial. La cuestión social es la suma de todas las cuestiones culturales”,[42] con lo que quería decir que, en un análisis final, el nivel de vida del pueblo trabajador solo puede aumentarse con una mayor productividad, un punto de vista tal vez no falto de sentido.

Sobre todo se reprocha a Richter toda esta oposición a la Sozialpolitik.[43] Si uno lo juzga desde el punto de vista de la historia mundial como tribunal del mundo, Richter sin duda estaba equivocado. El estado del bienestar está conquistando hoy el planeta entero; incluso la grandiosa idea socialista se está reduciendo a una mera serie de programas globales de bienestar. Aún así, al menos una de las razones que aportó Richter contra el inicio del estado del bienestar tiene verdadera coherencia.

Al dificultar o restringir el desarrollo de fondos independientes, unos e ve presionado a lo largo del camino de la ayuda estatal y allí despierta crecientes reclamaciones sobre el estado que, a largo plazo, ningún sistema político puede satisfacer.[44]

Las palabras de Richter dan que pensar cuando consideramos el complejo de problemas que aparecen bajo el título “El exceso de presión del estado social de Weimar” (el “estado social más progresista del mundo” en su tiempo), el derrumbe de la República de Weimar y la consiguiente apropiación del poder por los nacionalsocialistas.[45] Uno podría reflexionar también sobre una circunstancia que hoy parece completamente posible: que, después de que no se hayan materializado tantas “contradicciones” fatales del capitalismo, al final ha aparecido una verdadera contradicción, que bien puede destruir el sistema, que es la incompatibilidad del capitalismo y el estado ilimitado del bienestar generado por el funcionamiento de un orden democrático.

Libertades civiles y Rechsstaat

Aunque la mayoría de los progresistas apoyaba la Kulturkampf (fue el célebre liberal y amigo de Richter, Rudolf Virchow, el que dio a la lucha contra la Iglesia Católica alemana el calificativo de “lucha de culturas”), por lo general, Richter se oponía es este funesto conflicto, que tanto contribuyó a reforzar la hostilidad de la Iglesia Católica hacia el liberalismo.[46] Aunque no desafió a sus colaboradores políticos cercanos como debería (afirmó que la Kulturkampf no le “entusiasmaba especialmente”)[47] su postura fue básicamente la del auténtico liberalismo, de, por ejemplo, los liberales católicos franceses y los jeffersionianos: separación absoluta de iglesia y estado, incluyendo una completa libertad de educación y rechazo por principio a que el estado subvencione cualquier religión.[48]

Respecto de esto, es particularmente importante que, para Richter, “la escuela privada era el último refugio posible”.[49] Al contrario que la mayoría de los liberales alemanes (y franceses y otros) de su tiempo, Richter no se inclinaba por poner obstáculos al sistema de escuelas privadas para promover su propia Weltanschauung secular. Tal como lo expresaba:

Aunque fuera cierto que por el uso de un sistema privado libre de instrucción escuelas de que se crearían e serían menos agradables desde mi punto de vista que las escuelas públicas, no me dejaré arrastrar o renunciaré por miedo a los católicos o miedo a los socialistas.[50]

Igualmente Richter tomó partido contra el emergente movimiento antisemita,[51] con el que coqueteó Bismarck en otro de sus intentos de socavar a los liberales. Richter calificaba a los antisemitas como “no nacionales”, refiriéndose a ellos como “este movimiento que daña nuestra reputación nacional”. A su vez, los antisemitas calificaban a los liberales de izquierda que rodeaban a Richter como “tropas judías de guardia”,[52] e intentaron, igual que hicieron los socialdemócratas, reventar mediante violencia los mítines liberales en Berlín.[53] Hasta el final de la carrera de Richter, las clases medias germano-judías fueron una parte importante de los seguidores liberales, en parte debido al principio liberal de separación de iglesia y estado.[54]

En general, Richter había aprendido bien de los grandes teóricos del Rechsstaat, Dahlmann y Mohl. Luchó contra una propuesta de criminalizar la calumnia y burla de las instituciones del estado, del matrimonio y de la propiedad privada.[55] En el caso de los propios socialdemócratas, se opuso a las famosas e inútiles Leyes Socialistas con las que Bismarck intentó suprimir el SPD.[56] (Sin embargo, en este asunto Richter parece haber actuado una vez, en medio de las maquinaciones del Reichstag, como un político en lugar de cómo un liberal con principios).[57] Igual hizo con las medidas para la supresión de los polacos en los territorios orientales de Alemania. En opinión de Richter, las ideas y los valores culturales en competencia no han de ser combatidos por medio de la fuerza.[58]

La familiaridad de Richter con los asuntos financieros de Prusia y de Alemania no tenía igual.[59] Desde el principio de su desempeño parlamentario, centró su atención muy en particular en el presupuesto militar y este viejo tema, que había producido el gran conflicto constitucional de la década de 1860 y dividido al liberalismo alemán en varias ocasiones, le acompañó a lo largo de toda su vida política. Defensor de los impuestos bajos, especialmente para las clases más pobres,[60] a Richter le preocupaba moderar las enormes demandas de financiación de los militares; en este sentido no dudo en pelear incluso con el venerable conde Von Moltke.

Sobre todo, le preocupaba que la autoridad de los representantes del pueblo, el Reichstag, prevaleciera sobre el ejército, que el ciudadano no se sumergiera en el soldado. De ahí su insistencia en el servicio militar de dos años, en lugar de tres, que llevaría a otra división en el partido liberal en 1893.[61] Su incansable cuestionamiento de cada gasto hizo que una vez Bismarck gritara que de esta forma nunca acabarían teniendo un presupuesto.[62] Respecto de su interrogatorio a un ministro sobre un asunto financiero, Richter escribía, subrayando con orgullo: “Pero no le dejé continuar”.[63] En el campo del gasto de dinero público, bien podría haber sido su lema eterno.

El gran sociólogo Max Weber, que era un liberal nacional en lugar de un liberal de izquierda, declaró sin embargo:

A pesar de la pronunciada impopularidad de Eugen Richter dentro de su propio partido, disfrutaba de una inexpugnable posición de poder, que se basaba en su inigualable conocimiento del presupuesto. Fue sin duda el último representante que podía comprobar todo penique gastado, hasta en la última cantina, con el Ministro de Guerra; al menos es lo que, a pesar de cualquier molestia que sintieran, me ha sido reconocido a menudo por caballeros de este departamento.[64]

En esta continua característica de la actividad de Richter es posible ver el ejemplo más significativo en la historia del liberalismo parlamentario del punto de vista expresado por Frédéric Bastiat, cuando escribía sobre la paz y la libertad y su relación con los “fríos números” de un “vulgar presupuesto estatal”:

La relación es lo más cercana posible. Una guerra, una amenaza de guerra, una negociación que pudiese llevar a la guerra, nada de esto es posible que se produzca salvo en virtud de una pequeña cláusula inscrita en este gran libro [el presupuesto], el terror de los contribuyentes. (…) Busquemos primero de todo la frugalidad en el gobierno: tendremos por añadidura paz y libertad.[65]

Guerra, paz e imperialismo

Sobre las cuestiones de la guerra y la paz, Richter compartía las opiniones de los liberales radicales u “hombres de Manchester” del siglo XIX, que eran hostiles a la guerra y muy escépticos con los argumentos a favor de grandes establecimientos militares y aventuras coloniales.[66] En Gran Bretaña, esta fue la postura de Richard Cobden y John Bright, y posteriormente de Herbert Spencer; en Francia, la de Benjamin Constant, J.-B. Say, Bastiat y muchos otros. Los liberales alemanes también dieron un gran valor a la paz (aunque su actitud se veía algo torcida por el problema de la unificación nacional). John Prince Smith y sus seguidores fueron portavoces del ideal de “paz a través de libre comercio”.[67]

Richter criticó los aumentos en la fuerza de las fuerzas militares de Alemania “que [han] contribuido sustancialmente a un consiguiente aumento recíproco en relación con Francia y Rusia”.[68] Las Actas Navales del almirante Von Tirpitz, a partir de 1898, que al poner a Alemania en un rumbo de colisión con Inglaterra, resultaron ser tan nefastas, fueron rechazadas y denunciadas por Richter.[69] La “Weltpolitik” [política mundial] de Guillermo II, simplemente no la entendía. A la pregunta de “¿Qué es la ‘Weltpolitik’?”, Richter replicaba: “Querer estar allí donde algo vaya a ir mal”.[70] Bajo su liderazgo, el Freisinnige Volkspartei continuó rechazándola. La creciente hostilidad entre Inglaterra y Alemania casi le llevó a la desesperación.[71]

Richter experimentó la Edad del Imperialismo, que empezó para Alemania con las iniciativas de Bismarck en 1884-85 en África y los Mares del Sur. Aunque rechazó estas primeras iniciativas, su actitud acabó siendo algo ambivalente y requiere un examen.

La postura inicial de Richter, que expresaba en junio de 1884 era que “la política colonial es extraordinariamente cara” y

La responsabilidad para el desarrollo material de la colonia, así como para s formación [ha] de dejarse a la actividad y espíritu empresarial de nuestros conciudadanos marineros y comerciantes; el procedimiento seguido debería tener menos la forma de anexión de provincias ultramarinas al Reich Alemán que la forma de concesión de licencias, siguiendo el modelo inglés (…) al mismo tiempo, a las partes interesadas en la colonia debería dejárseles esencialmente su gobierno y debería acordarse solo la posibilidad de jurisdicción europea y la protección que pudiésemos proporcionales sin tener allí guarniciones permanentes. Respecto del resto, esperamos que el árbol generalmente crezca mediante la actividad de los jardineros que lo plantaron, y si no es así, entonces la planta resulta un aborto y los daños afectan menos al Reich, ya que los costes que necesitamos no son significativos, que a los empresarios, que se equivocaron en sus apropiaciones.[72]

El defecto de Richter no fue el “dogmatismo” total, sino el pragmatismo ocasional

Un crítico de Richter, el posteriormente influyente historiador radical-demócrata de Weimar, Eckart Kehr, mantenía que Richter rechazaba las Actas Navales y la Weltpolitik meramente por “motivos capitalistas”, simplemente porque no eran rentables.[73] La verdad es que, como siempre, Richter justificaba su postura con estadísticas y razones “pragmáticas” de todo tipo. Pero incluso Kehr tuvo que reconocer que, para Richter, también había otros principios implicados. Como dijo, el punto de partida de Richter era

que el estado debería dejar las exportaciones a los exportadores, a la industria y a los comerciantes y no debería identificarse con los intereses de la clase exportadora. (…) Si la industria (…) valora la protección proporcionada por los barcos de guerra, que vayan y vendan parte del beneficio que han conseguido así y construyan ellos mismos sus cruceros.[74]

En otras palabras, en esta cuestión Richter defendía el mismo principio que en las cuestiones de Sozialpolitik y el arancel proteccionista: el estado existe para el bien común y no tendría que rebajarse a un instrumento para intereses especiales. Por muy ingenua que pueda ser esta actitud, demuestra que Richter mostraba trazas de lo que podría llamarse el humanismo cívico o republicanismo clásico del tipo de Stein-Hardenberg.[75]

El defecto real en la aproximación de Richter al imperialismo es que nunca planteó sistemáticamente la pregunta “¿Rentable para quién?” Es verdad que Richter se opuso a los planes coloniales de Bismarck en la convicción de que lo esencial era “el gravamen a los relativamente desposeídos en favor de los relativamente propietarios”.[76] Aún así, en la siguiente década, cuando Alemania ocupó Kiaochow, en China, y emprendió la construcción de un ferrocarril en Shandong, Richter se mostró más dócil que de costumbre.[77] Declaró:

[Los Freisinn] vemos la adquisición de la Bahía [de Kiaochow] de forma distinta y más favorablemente que los anteriores izados de bandera en África y Australia [es decir, Nueva Guinea]. La diferencia para nosotros es que (…) China es un antiguo país civilizado (…) y que las transformaciones que se han producido en China, especialmente por la última Guerra Chino-Japonesa, podrían hacer que parezca deseable poseer allí una base para salvaguardar nuestros intereses.[78]

Aún así, los últimos discursos parlamentarios de Richter, en 1904, tanto en el Reichstag como en la Cámara de Delegados de Prusia, se ocupaban de cuestiones coloniales de una forma muy negativa. De nuevo se ponía a sí mismo, sobre todo como “el representante de toda la comunidad, el representante de los contribuyentes” y se quejaba del “olvido de las urgentes necesidades en política interior respecto de las demandas de una política colonial mal concebida”.[79]

Para explicar la inconsistencia de Richtr en esta área, resulta pertinente el comentario de Lothar Albertin: Richter “respecto del imperialismo, seguía sin una teoría [theorielos]”.[80] Nunca fue capaz de evolucionar hacia la interpretación del imperialismo de un Richard Cobden, por ejemplo, según la cual la expansión económica apoyada por medio del estado siempre redunda en favor de ciertos intereses y en contra de los contribuyentes y la mayoría. Así que en este aspecto Richter pertenecía, en la sugestiva tipología de Wolfgang Mommsen, a los liberales entschieden “pragmáticos”, en lugar de a los liberales radicales “de principios”.[81]

La rendición liberal

La capitulación final del liberalismo alemán la inició Friedrich Naumann,[82] considerad hoy en lo que se suponen círculos liberales de la República Federal como una especie de santo secular. Ambicioso y dotado de un enrome vigor, Naumann era también intuitivo políticamente. Reconocía cómo habían cambiado las reglas del juego político:

Lo que destruyó fundamentalmente al liberalismo fue la aparición de los movimientos de clase en la política moderna, la entrada de os movimientos agrarios e industrial-proletarios. (…) El viejo liberalismo no era representativo de un movimiento de clase, sino una visión mundial que equilibraba todas las diferencias entre clases y órdenes sociales.[83]

En algunos aspectos, Naumann anticipó la idea central de la Escuela de la Elección Pública cuando describió la evolución de la democracia moderna:

Las clases económicas contemplaban hacia qué fin podrían hacer uso de los nuevos medios del parlamentarismo (…) gradualmente, entendieron que la política es esencialmente un gran negocio, un toma y daca [Markten] en busca de ventajas, sobre cuyo seno se recogen la mayoría de las recompensas que genera la maquinaria legislativa.[84]

También Richter entendía esto.[85] Sin embargo, la pequeña diferencia era que el oportunista Naumann aceptaba las nuevas reglas del juego y deseaba ver un movimiento liberal revivido que las adoptara sin reservas.[86] Junto con su íntimo amigo, Max Weber, Naumann trató de crear un liberalismo más “adaptado” a las circunstancias del siglo XX y ganarse a líderes liberales como Theodor Barth para su estrategia. Frente al desesperadamente prosaico Richter, Naumann sabía cómo articular una visión política y ofrecérsela a una nueva generación alejada de las ideas liberales clásicas.[87]

En la concepción de Naumann, el liberalismo tenía que hacer las paces con la socialdemocracia, asumiendo la causa de la Sozialpolitik y otras “reclamaciones” de los trabajadores. Al mismo tiempo tenía que arrebatar la causa nacional a los conservadores, convirtiéndose en el más celoso defensor de la Weltpolitik y el imperialismo y aprendiendo a apreciar la búsqueda alemana de autoridad y prestigio en el mundo (Weltgeltung). Debía al tiempo “absorber elementos del estado socialista”[88] y desarrollar “una comprensión de la lucha de poder entre las naciones”.[89] En resumen, el liberalismo debía convertirse en “nacional-social”. Naturalmente, a Naumann le volvía loco la creación de la armada. Ya en 1900, estaba completamente convencido de que la guerra con Inglaterra era “segura”.[90]

Por el bien del futuro del liberalismo en Alemania, Eugen Richter tenía que ser “definitivamente combatido”.[91] Hacia Richter, entonces el gran anciano del liberalismo de izquierda, Nuemann tenía una especie de educado desdén. Declaraba ante una de sus audiencias nacionales sociales:

Eugen Richter es inmutable y ésa es su grandeza [Risas]. Pero por debajo este hombre, con su tenacidad única en el trabajo y voluntad (que deben admirarse incluso por quienes le consideran un fósil peculiar), hay una serie de personas que dicen, en asambleas y en privado: Por supuesto estamos a favor de la armada, pero mientras Richter esté vivo… El hombre sin duda tiene su grandeza [Risas].[92]

¿Evolución o disolución del liberalismo?

Incluso desde las filas de los líderes más jóvenes del propio partido de Richter había una crítica creciente hacia su postura sobre las colonias y la armada. En 1902, en el Reichstag, uno de los mismos protegidos de Richter, Richard Eickhoff, felicitó al ministro de la guerra en nombre de sus votantes por un nuevo contrato de armamentos, aprovechando la oportunidad para reclamar aún más contratos y haciendo un broma: “l'appétit vient en mangeant” [el apetito viene al comer].[93] Con la muerte de Richter en 1906, la negatividad del viejo liberal y la constante crítica en asuntos militares (y la historia del manchesterismo alemán) llegaron a su fin. Ocho años después llegaría ese verano de 1914 y la confrontación con la poderosa y hostil coalición que incluía a Inglaterra y que Richter había temido y contra la que advertía y que resultó ser un desastre para Alemania.

Pocos años después de la muerte de Richter, el entonces muy conocido historiador nacionalista Erich Macks hablaba de la “superación del viejo liberalismo”. Este liberalismo, es cierto, había saturado e impregnado toda la vida de las naciones modernas; sus efectos continuaban sintiéndose por todas partes. Era indestructible. Pero, añadía el biógrafo y adulador de Bismarck,

Ahora se ha visto eclipsado junto con su principio político más distintivo. La idea de una fuerza estatal aumentada, la idea de poder, lo ha desplazado. Y es esta idea la que en todas partes llena poderosamente a los hombres principales y los domina decisivamente: hemos visto esta misma tendencia, aparte de en Rusia, donde nunca desapareció, en [Theodore] Roosevelt y en [Joseph] Chamberlain y la hemos reconocido en Bismarck y en el Káiser Guillermo II.[94]

El liberalismo alemán como “espíritu comerciante ingles”

En último término, la hostilidad entre Inglaterra y Alemania, contra la que había luchado tan amargamente Richter, contribuyó en buena medida al estallido de la Gran Guerra – la hostilidad, debería advertirse, no la competencia económica, ya que Inglaterra y Esrados Unidos también eran en ese sentido competidoras (y, por supuesto, también clientes), una circunstancia que no generó disputas. El odio de Alemania a Inglaterra[95] encontró su culminación y su reducción al absurdo, en una obra del intelectual que era entonces probablemente el más famoso historiador económico del mundo, Werner Sombart, un líder de la intervencionista Verein für Sozialpolitik. Para entender lo que significaba el antiliberalismo alemán de principios del siglo XX, la mejor obra a consultar es el libro de Sombart. Titulado Comerciantes y héroes,[96], apareció en año 1915, durante la guerra.

La tesis subyacente es que existen dos “espíritus” cuyo eterno enfrentamiento comprende la historia mundial, el espíritu del comerciante y el espíritu del héroe y dos pueblos que encarnan hoy cada uno de ellos. Naturalmente, los ingleses son los comerciantes, los alemanes los héroes. La obra de Sombart, en la medida en que no es un himno en honor de la guerra y la muerte, es a menudo divertida, por ejemplo, cuando el autor afirma: “El fundamento de todo lo inglés es indudablemente la insondable limitación espiritual de su pueblo”[97] o cuando dedica un capítulo a la ciencia ingles sin mencionar siquiera a Isaac Newton[98] o cuando mantiene que los ingleses desde el tiempo de Shakespeare no ha producido nada valioso culturalmente.[99]

Mucho más serio que estas paparruchas y característico del momento es que Sombart secundara a Ferdinand Lassalle en rechazar el ideal liberal como simplemente del “estado vigilante”.[100] Muchos en las siguientes dos generaciones se harían eco del juicio de Sombart sobre el liberalismo alemán, cuando describía su edad de oro y declinar:

Pero luego llega otro periodo sombrío para Alemania, cuando en las décadas de 1860 y 1870 los representantes de la llamada Escuela de Manchester voceaban muy desvergonzadamente bienes ingleses importados en las calles de Alemania como si fueran productos alemanes. (…) Y hoy se sabe bien que esta “teoría de Manchester” se ha dejado desdeñosamente de lado por parte de teóricos y prácticos en Alemania por ser totalmente errónea e inútil.

Las dos frases que cierran este pasaje van sin embargo entre interrogaciones:

¿Así que tal vez podamos decir que en la concepción del estado es el espíritu alemán el único que ha alcanzado el dominio en la propia Alemania? ¿O sigue el espíritu comerciante inglés revoloteando por encima de algunas cabezas?[101]

Respecto de Richert, no tendría sentido negar que siempre le rodeó un cierto aire de “espíritu de comerciante” o, más bien, de mentalidad de clase media. Hay sin duda algo de cierto en la acusación de Theodor Heuss de una “monumental cualidad pequeñoburguesa” en Richter.[102] No sabía idiomas y las pocas veces que viajó al extranjero fueron para pasar sus vacaciones en Suiza. Richter parece haber tenido poco interés en los asuntos de otros países, incluso en la fortuna del movimiento liberal en ellos. Theodor Barth, portavoz de un liberalismo de izquierda asociado con los grandes bancos y casas exportadoras, replicaba bromeando a la pregunta de que distinguía a su propio partido del de Richter: si un hombre podía distinguir un vino del Mosela de uno del Rin, era un miembro del partido de Barth, si no, lo era del de Richter.[103]

Pero la “cualidad pequeñoburguesa” de Richter era algo que sentían, entendían y a lo que respondían que sus seguidores en las clases medias alemanas, en las profesiones liberales y los pequeños negocios, particularmente en las grandes ciudades y sobre todo en Berlín.[104] Un resto que decrecía con los años, representaban un versión alemana del “hombre olvidado” de William Graham Sumner.[105] Seis años después de que se publicara la descripción clásica de Sumner en Estados Unidos, el periodista Alexander Meyer escribía en el Freisinnige Zeitung de Richter que los liberales eran

el partido del hombre pequeño, que depende de sí mismo y de sus propios poderes, que no reclama nada al estado, sino que solo desea que no se le impida mejorar su posición respecto de sus capacidades y trabajar por dejar a sus hijos un mejor legado del que recibieron.[106]

Se echa un raro vistazo al “hombre olvidado” alemán en el conmovedor retrato que hace el eminente director de orquesta Bruno Walter, de su padre, un judío berlinés:

contable en una gran empresa de sedas, para la que trabajaba, ascendiendo progresivamente y ganando más, durante cincuenta años. Era un hombre tranquilo, con un sentido estricto del deber y completamente fiable, y fuera de su profesión solo se ocupaba de su familia (…) votaba liberal y veneraba a Rudolf von Virchow y Eugen Richter.[107]

Innegablemente un “pequeño burgués” de los pies a la cabeza, esos hombres amaban poco la Weltpolitik y las guerras vigorizantes o para la eliminación de todas las condiciones sociales en nombre de un sueño marxista y se mantuvieron con Richter hasta el final.[108]

“Lo que aún puede significar Richter para nosotros”

En 1931, el 25 aniversario de la muerte de Richter, el historiador social-liberal Erich Eyck planteaba la cuestión de Eugen Richter podía “aún significar algo para nosotros”.[109]

Después de todo lo que ha pasado Alemania desde los tiempos de Richter, es más fácil determinar dónde reside su importancia. Fue, respecto de Alemania, el principal defensor de la revolución liberal mundial que constituye el sentido de la historia moderna. Durante cuatro décadas luchó, como político y publicista, por lo que Werner Sombart desdeñaba como el “espíritu comerciante inglés”: por la paz, una vida decente para todas las clases mediante la economía de mercado y el libre comercio, el pluralismo y el pacifismo en lugar de la lucha violenta de visiones de mundo y valores culturales y el respeto de los ciudadanos por sí mismos en lugar de la servidumbre. A pesar de todos los reproches conservadores, fue siempre un patriota orgulloso. Pero nunca entendió por qué los alemanes, de entre todos los pueblos, no deberían disfrutar de sus derechos individuales.

Florin Afthalion ha destacado, en el caso de Frédéric Bastiat:

¿Cómo vamos a explicar que un hombre que luchó por el libre comercio un siglo antes de que las naciones industrializadas hicieran de él su doctrina oficial, que condenó el colonialismo también un siglo antes de la descolonización (…) que, sobre todo, proclamó un era de progreso económico y enriquecimiento de todas las clases de la sociedad, debería olvidarse, mientras que la mayoría de sus adversarios intelectuales, profetas del estancamiento y la pauperización, que estaban equivocados, siguen obteniendo las llaves en la ciudad?[110]

El caso de Eugen Richter es similar y tal vez más lamentable. Indudablemente, Richter “fracasó” en su momento. Pero si se usa esto como fundamento para olvidar al más importante de los líderes políticos del verdadero liberalismo alemán, entonces la réplica correspondiente sería: ¿qué político en la historia moderna alemana antes de Adenauer y Erhard no fracasó antes o después?

Por lo que fue y lo que representó (si puede decirse así: por el mero hecho de que este gran hombre “nunca confió en ningún gobierno”[111]), el áspero liberal renano merece ser mejor tratado por los historiadores y no ser completamente olvidado por los alemanes.

 

 

Ralph Raico es miembro senior del Instituto Mises. Es profesor de Historia Europea en el Buffalo State College y especialista en la historia de la libertad, la tradición liberal en Europa y la relación entre la guerra y al aumento del estado. Es autor de The Place of Religion in the Liberal Philosophy of Constant, Tocqueville, and Lord Acton. Puede estudiarse la historia de la civilización bajo su guía aquí: en MP3-CD y en casete.



[1] Ver, por ejemplo, Theo Schiller, Liberalismus in Europa (Baden-Baden: Nomos, 1979), p. 19: “Nuestro punto de partida es la conclusión universalmente aceptada [sic] de la situación y el interés social de la burguesía era el fundamento del liberalismo clásico”.

[2] Ernst Nolte, “Between Myth and Revisionism, The Third Reich in the Perspective of the 1980s”, en H.W. Koch (ed.), Aspects of the Third Reich (Londres: Macmillan, 1985), p. 24. Nolte apunta que presenta la opinión de Domenico Settembrini, de la Universidad de Pisa.

[3] Ernst Nolte, Marxism, Fascism, Cold War, Lawrence Krader (tr.) (Atantic Highlands, N.J.: Humanities Press, 1982), p. 79.

[4] Ibíd., viii. De hecho, son notables las similitudes y conexiones históricas entre  las acusaciones conservadoras y socialistas al capitalismo liberal; ver, por ejemplo, ibíd., p. 23-30.

[5] Alejandro A. Chaufen, Christians for Freedom: Late Scholastic Economics (San Francisco: Ignatius Press, 1986).

[6] Ver Ralph Raico, “Der deutsche Liberalismus und die deutsche Freihandelsbewegung: Eine Riickschau”, Zeitschrift fur Wirtschaftspolitik 36, nº 3 (1987), pp. 263-281.

[7] Paul M. Kennedy, The Rise of the Anglo-German Antagonism, 1860-1914 (Londres: Allen and Unwin, 1980), p. 152.

[8] Ralph Raico, “Eugen Richter: Ein unerbittlicher Liberaler”, Orientierungen zur Wirtschafts- und Gesellschaftspolitik 37 (Septiembre de 1988), pp. 77-80.

[9] Los trabajos sobre Richter son muy pocos. Ver, sobre todo, Felix Rachfahl, “Eugen Richter und der Linksliberalismus im Neuen Reich”, Zeitschrift fiir Politik 5, nº 23 (1912), pp. 261-374. También, Eugen Richter, Jugenderinnerungen (Berlín: Verlag "Fortschritt," 1893); ídem., Im alten Reichstag: Erinnerungen, 2 vols. (Berlín: Verlag Fortschritt, (1894-1896); Oskar Klein-Hattingen, Geschichte des deutschen Liberalismus, vol. 2: Von 1871 bis zur Gegenwart (Berlín-Schoneberg: Fortschritt-Buchverlag der “Hilfe”, 1912); Leopold Ullstein, Eugen Richter als Publizist und Herausgeber: Ein Beitrag zum Thema “Parteipresse” (Leipzig: Reinicke, 1930) y Jesse Rohfleisch, Eugen Richter: Opponent of Bismarck, inédito., historia, Universidad de California-Berkeley, 1946. La obra más reciente sobre Richter, Ina Suzanne Lorenz, Eugen Richter: Der entschiedene Liberalismus in wilhelminischer Zeit 1871 bis 1906 (Husum: Matthiesen, 1980), es notable sobre todo sobre la inagotable aversión de la autora por su objeto de estudio y su total falta de comprensión del liberalismo clásico en Alemania y en general.

[10] “Liberalismo de izquierda” es una traducción directa de Linksliberalismus y se refiere al movimiento político alemán que va de mediados a finales del siglo XIX en oposición a los Liberales Nacionales partidarios del régimen. No tiene conexión alguna con lo que se llama habitualmente “liberalismo de izquierdas” en la actualidad.

[11] Kurt Koszyk y Karl H. Pruys, Wörterbuch zur Publizistik (Munich-Pullach/Berlín: Verlag Dokumentation, 1970), pp. 223-225.

[12] Ver también Ralph Raico, “Der deutsche Liberalismus”, p. 275.

[13] De acuerdo con el informe sobre el Príncipe Heredero Rodolfo de Austria-Hungría; Bngette Hamann, Rudolf: Kronprinz und Rebell (Munich/Zurich: Piper, 1978), p. 333.

[14] Otto von Bismarck, Werke in Auswahl, vol. 8, pt. A, Erinnerung und Gedanke, Rudolf Buchner (ed.), con Georg Engel (Stuttgart: W. Kohlhammer, 1975), p. 732.

[15] Hans Delbrück, Vor und nach dem Weltkrieg. Politische und historische Aufsätze 1902-1925 (Berlín: Stollberg, 1926), pp. 136-148; Annelise Thirnme, Hans Delbriick als Kritiker der wilhelminischen Epoche (Diisseldorf: Droste, 1955), pp. 31-32.

[16] Franz Mehring, Gesammelte Schriften, Thomas Höhle, Hans Koch y Josef Schleifstein, (eds.), vol. 14, Politische Publizistik, 1891 bis 1914 ( Berlín Oriental: Dietz, 1964), p. 35. El por qué es precisamente del “Gran Capital” resulta desconcertante, salvo porque se ajusta al punto de vista marxista radical de Mehring. Por ejemplo, Richter se oponía fieramente a los grandes bancos y exportadores que promovían el colonialismo alemán.

[17] Ver, entre innumerables otros, a Thomas Nipperdey, “Über einige Grundzüge der deutschen Parteigeschichte”, en Moderne deutsche Verfassungsgeschichte (1815–1918), Emst-Wolfgang Böckenforde (ed.), con Rainer Wahl (Colonia: Kiepenheuer and Witsch, 1972), p. 238, donde el autor escribe sobre el acento de Richter en la orientación teórica del liberalismo “hasta el mismo extremo del dogmatismo rígido”. Típico de muchos historiadores no alemanes es Kenneth D. Barkin, The Controversy over German Industrialization, 1890–1902 (Chicago: University of Chicago Press, 1970), p. 239, que se queja de que Richter “no se hubiera despojado del dogmático principio liberal de la no intervención”.

[18] Winfried Baumgart, Deutschland im Zeitalter des Imperialismus, 1890-1914. Grundkräfte, Thesen, und Strukturen, 5ª ed. (Stuttgart: W. Kohlhammer, 1986), p. 135. Curiosamente, Baumgart aprueba este veredicto en relación con el giro del Liberalismo de Izquierdas hacia el apoyo a la agresiva política de armamento de Guillermo II, que fue posible por la muerte de Richter.

[19] Rachfahl, “Eugen Richter”, p. 371. Theodore Barth, uno de los muchos opositores liberales a Richter, declaraba: “Bismarck no podía igual dialécticamente a Richter y los frecuentes estallidos del temperamento de Bismarck contra el implacable hombre de la oposición ha menudo derivaban de la sensación de que el omnipotente canciller no estuviera a la altura en la discusión con Richter”. En Politische Porträts, nueva ed. (Berlín: Schneider, 1923), p. 84.

[20] Theodor Heuss, Friedrich Naumann: Der Mann, das Werk, die Zeit, 2ª ed. (Stuttgart/Tiibingen: Rainer Wunderlich, 1949, p. 180.

[21] Rachfahl, "Eugen Richter," p. 372.

[22] Ibíd., p. 262-263.

[23] Ibíd., p.266.

[24] Richter, Im alten Reichstag, vol. 2, p. 114.

[25] August Bebel, líder de los socialistas alemanes, describía un temprano encuentro con Richter: “cuya naturaleza fría y reservada ya sorprendió ya entonces. Richter daba la impresión de que nos consideraba a todos con un desdén soberano”. August Bebel, Aus Meinem Leben (1910; reimpresión, Frankfurt del Main: Europaische Verlaganstalt, n.d.), p. 92. Uno se pregunta por qué, dado el carácter y los bien conocidos principios de Richter, el líder socialista estaba sorprendido en los más mínimo.

[26] Ver, por ejemplo, Konstanze Wegner, Theodor Barth und die Freisinnige Vereinigung. Studien zur Geschichte des Linksliberalismus im wilhelminischen Deutschland (1893–1910) (Tübinga: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck], 1968), p. 138.

[27] Ernst Engelberg, „Das Verhältnis zwischen kleinbiirglicher Dernokratie und Sozialdemokratie in den 80er Jahren des 19. Jahrhunderts“, en Otto Pflange (ed.), con Elisabeth Müller-Luckner, Innenpolitische Probleme des Bismarck-Reiches (Munich/Vienna: Oldenberg, 1983, p. 26. El historiador germanooriental añade: “esta idea fue aceptada no solo por los líderes más influyentes que rodeaban a August Bebel, sino asimismo por la mayoría de sus miembros y simpatizantes”.

[28] Franz Mehring, Gesammelte Schriften, vol. 14, p. 553.

[29] Citado en Peter Gilg, Die Erneuerung des demokratischen Denkens im wilhelminischen Deutschland. Eine ideengeschichtliche Studie zur Wende vom 19. zum 20. Jahrhundert (Wiesbaden: Franz Steiner, 1965), pp. 135-136. Gilg añade, muy razonablemente: “A esta oposición [de Richter] contribuyó naturalmente la teoría de la revolución del programa socialdemócrata, que permitía solamente la colaboración como medio para alcanzar un gobierno autocrático, así como la competencia con éxito de la socialdemocracia en la lucha por las masas votantes urbanas”. Ibíd., p. 135.

[30] Richter, Im alten Reichstag, vol. 2, 63, p. 178. “Esto ocurría”, según Richter, “con el permiso del Ministro del Interior”. En Gran Bretaña, los cartistas habían usado antes similares métodos violentos contra reuniones del movimiento contra las Leyes del Grano; ver Wendy Hinde, Richard Cobden. A Victorian Outsider (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1987), p. 65.

[31] Richter, Politisches ABC-Buch: Ein Lexikon parlamentarischer Zeit- und Streitfragen, 9ª ed. (Berlín: Fortschritt Verlag, 1898), p. 307.

[32] Richter, Sozialdemokratische Zukunftsbilder Frei nach Bebel ([1891] Berlín: Verlagsanstalt Deutsche Presse, 1907). En 1922, en su Socialismo, Ludwig von Mises asumió la misma tarea, pero a un nivel estrictamente científico.

[33] Richter, Zukunftsbilder, p. 32.

[34] Ibíd., pp. 42-43.

[35] Ibíd., p. 48.

[36] Ibíd., pp. 50, 52.

[37] Citado en Werner Sombart, Händler und Helden: Patriotische Besinnungen (Munich/Leipzig: Duncker und Humblot, 1915), p. 77.

[38] Richter, Politisches ABC-Buch, p. 306. La hostilidad de Bismarck a Richter y los liberales de izquierda por su liberalismo económico era intensa, por ejemplo, su referencia demagógica al “Partido Progresista y su camarilla de políticos manchesterista, los representantes de las bolsas de dinero sin remordimientos, han sido siempre injustos con los pobres, siempre tan trabajado para limitar sus capacidades, para impedir que el estado les ayude. El laissez faire, el mayor autogobierno posible, la falta de restricciones, la oportunidad de que los pequeños negocios sean absorbidos por el Gran Capital, de la explotación de los ignorantes e inexpertos por los listos y astutos. Se supone que el estado solo ha de actuar como policía, especialmente para los explotadores”. Willy Andreas y K. F. Reinking, Bismarcks Gespräche: Von der Reichsgründung bis zur Entlassung (Bremen: Carl Schiinemann, 1965), p. 339.

[39] Richter, Politisches ABC-Buch, p. 322.

[40] Fritz Blaich, Kartell- und Monopolpolitik im kaiserlichen Deutschland. Das Problem der Marktmacht im deutschen Reichstag zwischen 1870 und 1914 (Diisseldorf: Droste, 1973), 230, p. 259.

[41] Richter, Im alten Reichstag, vol. 1, p. 112.

[42] Ibíd., vol. 2, p. 86. Cursiva en el original.

[43] Ver, entre otros, Dieter Langewiesche, Liberalismus in Deutschland (Frankfurt del Main: Suhrkamp, 1981, pp. 195-196, en el que la oposición de la izquierda liberal se atribuye en parte a la “ceguera manchesteriana”. Oskar Stillich, Die politischen Parteien in Deutschland. vol. 2, Der Liberalismus (Leipzig: Klinkhardt, 1911), p. 125, se refería al “frío laissez faire en el ámbito de la cuestión de los trabajadores” e incluso mantenía que “El liberalismo era indiferente y sin sentimientos hacia los intereses de las grandes masas”. Erich Eyck, Bismarck, vol. 3 (Erlenbach-Zurich: Rentsch, 1941), p. 372, mostraba una rara aunque limitada compresión por la postura liberal izquierdista: “A pesar de todo, esa oposición no dejaba de tener una justificación interna. Pues se basa en la idea de que el sentimiento de responsabilidad personal, del ciudadano individual, respecto de su propio destino es indispensable para el buen desarrollo de un pueblo, y de que la omnipotencia del estado es, a largo plazo, incompatible con la libertad del individuo”. También Eyck estaba sin embargo a favor de la política bismarckiana, como todos los historiadores alemanes actuales que he consultado. Pero debería ser evidente de que incluso la cuestión de los efectos económicos del programa no es tan sencilla como se supone habitualmente y no puede resolverse con una pura suposición: La sozialpolitik de Bismarck se basaba, en último término, en deducciones (ya fueran directas o indirectas) sobre los salarios de los trabajadores. Cf. W.H. Hutt, The Strike-Threat System: The Economic Effects of Collective Bargaining (New Rochelle, N.Y.: Arlington House, 1973), p. 206-215.

[44] Richter, Politisches ABC-Buch, p. 173. Cursiva en el original.

[45] Cf. Jurgen von Kruedener, “Die Überforderung der Weimarer Republik als Sozialstaat”, Geschichte und Gesellschaft 11, nº 3 (1985) Kontroversen uber die Wirtschaflspolitik in der Weimarer Republik, Heinrich August Winkler (ed.), pp. 358-376.

[46] Richter, Im alten Reichslag, vol. 1, pp. 54-55.

[47] Ibíd., p. 78.

[48] Rohfleisch, Eugen Richter: Opponent of Bismarck, pp. 37-40, y Rachfahl, "Eugen Richter", p. 278.

[49] Urs Müller-Plantenberg, “Der Freisinn nach Bismarcks Sturz: Ein Versuch über die Schwierigkeiten des liberalen Biirgertums, im wilhelminischen Deutschland um zu Macht und politischem Einfluss zu gelangen” (discurso inédito; Universidad Libre de Berlín, 1971), p. 201.

[50] Ibíd.

[51] Ver Richter, Im alten Reichstag, vol. 2, 176–83, pp. 200-203 y los artículos “Anti-Semiten” y “Juden”, en ABC-Buch, pp. 17-23 y 174-179; también Alfred D.Low, Jews in the Eyes of the Germans: From the Enlightenment to Imperial Germany (Philadelphia: Institute for the Study of Human Issues, 1979), pp. 392-394.

[52] Fritz Stern, Gold and Iron: Bismarck, Bleichröder, and the Building of the German Empire (Nueva York: Viking/Penguin, 1987), p. 524.

[53] Para proteger sus mítines contra ataques antisemitas, los liberales habían recurrido a una especia de agencia de policía privada; Richter, Im alten Reichstag, vol. 2, p. 203.

[54] Low, Jews in the Eyes of the Germans, pp. 389-390.

[55] Richter, Im alten Reichstag, vol. 2, pp. 128-129.

[56] Ibíd., pp. 81-84; Wolfgang Pack, Das Parlamentarische Ringen um das Sozialistengesetz Bismarcks 1878-1890 (Diisseldorf: Droste, 1961), pp. 81-82.

[57] Ibíd., pp. 153-160.

[58] La constante lucha de Richter por el Rechtsstaat y el predominio del parlamento es tan bien conocida en la literatura que la afirmación de Leonard Krieger “El liberalismo radical tendía en él a ser resumido en el dogma de la libertad económica”, The German Idea of Freedom (Boston: Beacon Press, 1957), p. 397, solo puede explicarse por un partidismo político simple.

[59] Rachfahl, “Eugen Richter”, pp. 274-275.

[60] Ver, por ejemplo, Richter, Im alten Reichstag, vol. 1, pp. 103, 127; vol. 2, pp. 58, 68-69.

[61] Müller-Plantenberg, Der Freisinn nach Blsmarcks Sturz.

[62] Rohfleisch, Eugen Richter: Opponent of Bismarck, p. 103.

[63] Richter, Im allen Reichstag, vol. 1, p. 68.

[64] Max Weber, Gesammelte Politische Schriften, Johannes Wickelmann (ed.) (Tubinga J.C.B. Mohr [Paul Siebeck]), 1958, p. 333. La alusión de Weber a la impopularidad de Richter se refiere a otros líderes liberales, no a los votantes liberales normales.

[65] Frédéric Bastiat, “Paix et liberte, ou le budget républicain”, Oeuvres complètes, vol. 5 (París: Guillaumin, 1854), pp. 410-411. Incluso Lorenz, en su despectivo trabajo sobre Richter, Eugen Richter, p. 235, se ve obligada a admitir que, con todos los regateos de Richter sobre gastos militares, en muchos puntos un puede notar “el espíritu de la oposición incondicional, que, más allá del ahorro de dinero, quería limitar [también] el militarismo del pueblo”.

[66] Cf. E.K. Bramsted y K.J. Melhuish, Western Liberalism. A History in Documents from Locke to Croce (Londres/Nueva York: Longman, 1978), pp. 278-284. Sin embargo, Richter siempre mantuvo una distancia respecto del movimiento pacifista alemán organizado, aunque su primo, Adolf Richter, y un colaborador político cercano, Max Hirsch, estuvieron entre sus líderes. Roger Chickering, Imperial Germany and a World Without War. The Peace Movement and German Society, 1892–1914 (Princeton: Princeton University Press, 1975), pp. 252, 254.

[67] Julius Paul Kohler, Staat und Gesellschaft in der deutschen Theorie der auswärtigen Wirtschaftspolitik und des internationalen Handels von Schlettwein bis auf Fr. List und Prince-Smith (Stuttgart: Kohlhammer, 1926), pp. 22-42.

[68] Richter, Im alten Reichstag, vol. 1, p. 93.

[69] Richter, ABC-Buch, “Die deutsche Flotte“, pp. 416-490.

[70] Citado por Müller-Plantenberg, Der Freisinn nach Bismarcks Sturz, p. 284. En opinión del autor “ningún político burgués luchó contra la política militar, naval y colonial de la Alemania de Guillermo tan aguda, enérgica y constantemente como Eugen Richter”.

[71] Paul Kennedy, The Rise of the Anglo-German Antagonism, 1860–1914, pp. 150-151.

[72] Citado en Hans Spellmayer, Deutsche Kolonialpolitik im Reichstag (Stuttgart: Kohlhammer, 1931), pp. 15-16.

[73] Eckart Kehr, Schlachtflottenbau und Parteipolitik, 1894-1901 (Berlín: Ebering, 1930), p. 293.

[74] Ibíd., pp. 297-298.

[75] Es también más evidente el humanista cívico que el liberal sesgado en la defensa de Richter de un “ejército ciudadano” reclutado obligatoriamente. Esto pretendía poner al ejército bajo el control del pueblo en general, en lugar de los gobernantes, tema central de las luchas constitucionales en la década de 1860.

[76] Hans-Ulrich Wehler, Bismarck und der Imperialismus (Colonia/Berlín: Kiepenheuer und Witsch, 1969), p. 444.

[77] Spellmayer, Deutsche Kolonialpolitik im Reichstag, pp. 81, 89.

[78] Citado  en Ludwig Elm, “Freisinnige Volkspartei”, en Die biirgerlichen Partien in Deutschland, Dieter Fricke, et al. (eds.), (Berlín [Oriental]: Das europaische Buch, 1970), vol 2, p. 84.

[79] Rachfahl, “Eugen Richter”, pp. 369-370.

[80] Lothar Albertin, “Das Friedensthema bei den Linksliberalen vor 1914: Die Schwäche Ihrer Argumente und Aktivitaten”, en Karl Holl y Günther List (eds.), Liberalismus und Imperialistischer Staat. Der Imperialismus als Problem liberaler Parteien in Deutschland, 1890-1914 (Gottingen: Vandenhoeck and Ruprecht, 1975), pp. 92-93.

[81] Wolfgang Mommsen, “Wandlungen der liberalen Idee im Zeitalter des Imperialismus”, en ibíd., p. 122.

[82] Ver Peter Theiner, Sozialer Liberalismus und deutsche Weltpolitik: Friedrich Naumann im Wilhelminischen Deutschland (1860–1919), (Baden-Baden: Nomos, 1983) y William O. Shanahan, “Liberalism and Foreign Affairs: Naumann and the Prewar German View”, The Review of Politics, vol. 21, nº 1 (Enero de 1959), pp. 188-223.

[83] Friedrich Naumann, “Der Niedergang des Liberalismus”, Werke, vol. 4 (Opladen: Westdeutscher Verlag, 1964), p. 218.

[84] Ibíd., p. 220.

[85] Ver, por ejemplo, sus apuntes relativos a la legislación de Bismarck (“el vestíbulo del Reichstag parecía un mercado”), citado en Raico, “Der deutsche Liberalismus”, p. 279.

[86] Friedrich Naumann, “Klassenpolitik des Liberalismus”, Werke, vol. 4, pp. 257-258.

[87] De Richert, Urs Müller-Plantenberg, Der Freisinn nach Bismarcks Sturz, p. 89, escribía muy correctamente: “En sus abecés para votantes liberales, Richter convertía un montón de estadísticas, fechas, hechos y párrafos legislativos en argumentos racionales, que, faltos de una totalidad que tras ellos pudiera llegar a la luz, nunca podrían tener un efecto completo”.

[88] Friedrich Naumann, “Liberalismus als Prinzip”, Werke, vol. 4, p. 252.

[89] Friedrich Naumann, “Niedergang des Liberalismus”, ibíd., p. 224.

[90] Paul M. Kennedy, The Rise of the Anglo-German Antagonism, 1860–1914, p. 340. Típico del tratamiento histórico de la dicotomía Richter-Naumann, Winfried Baumgart, Deutschland im Zeitalter des Imperialismus, 1890–1914, p. 160, escribe de “la mitigación del anterior dogmatismo” liberal tanto en política exterior como interior que “ha de atribuirse al trabajo de Friedrich Naumann”. Sin embargo, dicho esto, uno bien puede ser de la opinión de que incluso más importante que si una posición política exterior concreta era o no “dogmática” es si promovía la paz o la guerra. Uno también puede cuestionar si el propio concepto de “dogmatismo” tiene mucho valor heurístico en lugar de polémico.

[91] Friedrich Naumann, “Niedergang des Liberalismus”, Werke, vol. 4, p. 234.

[92] Ibíd., p. 232. Theodor Heuss sigue fielmente a su mentor Naumann cuando escribe de Richter: veía “el objetivo del poder del estado solo en la distorsión del militarismo”, Friedrich Naumann: Der Mann, das Werk, die Zeit, p. 242.

[93] Roger Chickering, Imperial Germany and a World Without War. The Peace Movement and German Society, 1892–1914, p. 255.

[94] Erich Marcks, Männer und Zeiten: Aufsätze und Reden zur neueren Geschichte 4ª ed. rev. (Leipzig: Quelle und Meyer, 1916), p. 260.

[95] Respecto al mismo odio de la fiel Inglaterra a Alemania, ver mi contribución, “The Politics of Hunger: A Review”, The Review of Austrian Economics (1988), pp. 253-259, reimpreso en mi colección Great Wars and Great Leaders: A Libertarian Rebuttal.

[96] Werner Sombart, Händler und Helden: Patriotische Besinnnngen (Munich/Leipzig: Duncker und Humblot, 1915).

[97] Ibíd., p. 9.

[98] Ibíd., pp. 17-34.

[99] Ibíd., p. 48.

[100] Ibíd., p. 25.

[101] Ibíd., p. 75.

[102] Heuss, Friedrich Naumann: Der Mann, das Werk, die Zeit, p. 180.

[103] Konstanze Wegner, Theodor Barth und die Freisinnige Vereinigung. Studien zur Geschichte des Linksliberalismus im wilhelminischen Deutschland (1893–1910), p. 100.

[104] Ibíd., pp. 99-101.

[105] William Graham Sumner, “On the case of a Certain Man Who is Never Thought Of” y  “The Case of the Forgotten Man Further Considered” (1884), en ídem., War and Other Essays, Albert Galloway Keller (ed.), (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1911), pp. 247-268.

[106] Citado en Müller-Plantenberg, Der Freisinn nach Bismarcks Sturz, p. 146.

[107] Bruno Walter, Thema und Variationen; Erinnerungen und Gedanken (Estocolmo: Bermann-Fischer, 1947), pp. 16 y 21.

[108] Cf. con la opinión de Fanz Mehring, que reconocía sardónicamente “que [Richter] no creó el Freisinnige Partei a su imagen y semejanza, sino que ellos le eligieron como líder, porque veían en él su imagen más ajustada”. Gesammelte Schriflen, Thomas Höhle, Hans Kock y Josef Schleifstein (eds.), vol. 15, Politische Publizistik 1905 bis 1918 (Berlin [Oriental]: Dietz, 1966), p. 165.

[109] Erich Eyck, “Eugen Richter”, en Auf Deutschlands Politischem Forum (Erlenbach-Zurich: Rentsch, 1963), p. 47.

[110] Florin Afthalion, “Introduction”, en Frédéric Bastiat, Oeuvres économiques (París: Presses Universitaires de France, 1983), p. 8.

[111] Müller-Plantenberg, Der Freisinn nach Bismarcks Sturz, p. 200.

Published Mon, Oct 10 2011 6:58 PM by euribe