Nobel de economía: Ya estamos otra vez

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 13 de octubre de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5760.

 

El premio Nobel de Economía de esta año es para dos estadounidenses, Thomas Sargent (NYU) y Christopher Sims (Princeton).Oficialmente, el premio es por “su investigación empírica de causa y efecto en la macroeconomía”.

No hay duda de que estos dos tipos son realmente agudos y los economistas de libre mercado pueden encontrar mucho que les guste en buena parte de la obra de Sargent en particular. Aún así, para actualizar lo que dije de los premiados del año pasado (que estudiaban los mercados laborales) es algo extraño que la profesión económica esté loando ahora mismo a dos científicos por su labor en ayudar a los políticos a dirigir la macroeconomía. Sería algo así como otorgar a Jonas Salk un premio Nobel en medio de la segunda peor epidemia de poliomielitis de la historia.[1]

El premio

De acuerdo con la nota de prensa oficial:

¿Cómo se ven afectados el PIB y la inflación por un aumento temporal en el tipo de interés o un recorte en los impuestos? ¿Qué pasa si un banco central cambia permanentemente su objetivo de inflación o un gobierno modifica sus objetivos de equilibrio presupuestario? Los laureados en ciencias económicas de este año han desarrollado métodos para responder a éstas y otras muchas cuestiones relativas a la relación causal entre política económica y distintas variables macroeconómicas como PIB, inflación, empleo e inversiones.

Estas ocurrencias son normalmente relaciones de doble vía: la política afecta a la economía, pero la economía también afecta a la política. Las expectativas respecto del futuro son aspectos primarios de esta interrelación. Las expectativas del sector privado respecto de la actividad y política económica futura influyen en las decisiones acerca de salarios, ahorros e inversiones. Concurrentemente, las decisiones de política económica se ven influidas por las expectativas acerca de la evolución del sector privado. Los métodos de los laureados pueden aplicarse para identificar estas relaciones causales y explicar el papel de las expectativas. Esto hace posible determinar los efectos de medidas políticas inesperadas, así como de cambios políticos sistemáticos.

A los verdaderos fanáticos de la economía, les recomiendo leer los resúmenes y enlaces que ofrecen Tyler Cowen y Alex Tabarrok (aquí, aquí y aquí): creo que su blog se inventó para poner al tanto a todos el día del anuncio del anuncio del Nobel de Economía cada año. Para quienes realmente quieran indagar en las “autorregresiones de vectores” y cosas así, empiecen con los posts de Cowen y Tabarrok.

Para los lectores de Mises.org, en lugar de centrarme en las técnicas de modelado econométrico, trataré de ofrecer un sumario a grandes rasgos del obstáculo teórico que Sargent y Sims trataron de superar.

Teoría e historia

Mises escribió un libro entero sobre la relación entre teoría e historia económica; escuchar aquí la lectura de David Gordon. Aunque la mayoría de los economistas mainstream nunca han leído la explicación filosófica de Mises, se han hecho concientes por sus propios medios de los problemas durante el siglo XX.

En las décadas de 1950 y 1960, los economistas keynesianos construyeron modelos de macroeconomía que trataban de relacionar variables como el gasto público y el PIB mediante correlaciones históricas. En los modelos más bastos, no había fundamento “micro” de un consumidor optimizador; las relaciones entre las variables agregadas se calibraban a partir de observaciones pasadas.

Aunque gente como Milton Friedman estaban minimizando el paradigma de la vieja escuela keynesiana, el ataque completo vino en la forma de la crítica de Lucas en 1976. Lucas concluía:

Dado que la estructura de un modelo econométrico consiste en reglas de decisión óptimas de los agentes económicas y que las reglas de decisión óptimas varían sistemáticamente con los cambios en la estructura de las series relevantes para quien toma las decisiones, de ello se deduce que cualquier cambio de política alterará sistemáticamente la estructura de los modelos econométricos.

Poe ejemplo, históricamente podríamos ver una aparente relación entre desempleo e inflación de precios, la llamada curva de Phillips. Pero si los políticos trataran de explotar esta correlación histórica utilizando las imprentas, no reducirían en desempleo a largo plazo. Por el contrario, la propia curva de Phillips se trasladaría, ya que los trabajadores aprenderían a esperar aumentos anuales de precios más altos y por tanto reclamarían mayores subidas salariales.

Aparte de ocuparse del espinoso problema de las expectativas y la reacción de individuos inteligentes ante políticas públicas cambiantes, los economistas tienen otro enorme problema cuando tratan de predecir los efectos de distintas medidas: el viejo problema de correlación frente a causación. Como no podemos realizar experimentos controlados en macroeconomía, es notablemente difícil decir concluyentemente qué causó qué.

Por ejemplo, me gusta recordar a la gente prácticamente todos están de acuerdo en que el socialismo completo lleva al desastre económico. Lego apunto que el periodo en la historia estadounidense en que el gobierno de EEUU estuvo más cerca de la planificación central para luchar contra una depresión (estoy hablando del New Deal) fue sin lugar a dudas la recuperación más lenta de la historia de EEUU. Y en nuestro tiempo, la economía empeoró después del paquete de estímulo de Obama más de lo que muchos adivinos keynesianos habían predicho que ocurriría en ausencia de ningún estímulo. ¿Qué más evidencia necesitamos de que el gran gobierno es malo para la economía?

Aún así, siendo estrictos, no podemos saltar fácilmente de las observaciones empíricas a las conclusiones políticas. Cambiando de bando, supongamos que queremos determinar si más policía llevaría a mayores o menores índices criminales. Sería incorrecto mirar sencillamente montones de datos y ver si grandes fuerzas de policía fueron de la mano de mayores o menores índices criminales. Porque los cargos públicos podrían contratar más policías en aquellas áreas que (independientemente) tuvieran índices criminales más altos debido a otras causas.

Pasa lo mismo en la economía. Los déficits presupuestarios masivos van de la mano de las economías en recesión, pero el economista keynesiano podría decir que es porque las recesiones hacen que los ingresos fiscales caigan y llevan a los gobiernos a implantar gasto en estímulo.

En líneas generales, los laureados de este año son honrados por sus contribuciones a superar estos problemas de los individuos racionales y flexibles y la confluencia de causa y efecto en las series reales de datos. Los dos están asociados con la Universidad de Minnesota (una importante avanzadilla de la macro de “agua dulce”) y con el papel de las “sacudidas” externas en el ciclo económico.

¿La prueba del pudding está en el paquete?

Como dije al principio, no hay duda de que Sargent y Sims son realmente gente aguda. Suponiendo que queramos aproximarnos a la macroeconomía de la forma en que lo ha hecho el mainstream durante las últimas décadas, entonces sí que Sargent y Sims han hecho contribuciones seminales y deberíamos felicitarles por un importante trabajo. Por ejemplo, hay una encuesta en el sitio oficial preguntando: “¿Sabes que la obra de Sargent y Sims la usan políticos de todo el mundo?”

Aún así, esperad un momento. Parecemos estar paradójicamente en medio de una de las trampas de causación-correlación que acabo de explicar. Casi todos están alabando la obra de Sargent y Sims diciendo en realidad: “¡Gracias a Dios que disteis a los políticos esas indicaciones, especialmente cuando las necesitan ahora en medio de la peor crisis financiera desde la década de 1930! No podemos ni imaginar lo terrible que sería hoy la economía mundial, si no fuera por vuestros escritos seminales”.

Aún así las cosas bien podían haber sido las opuestas. Los “datos” son igual de consistentes con la conclusión contraria, es decir, que Sargent y Sims dirigieran a la profesión macroeconómica en una dirección que llevara a los políticos a hacer cosas que arrasaron el sistema financiero global, como aquéllas que nos preocupan actualmente acerca del colapso de todo un continente y su divisa. ¿Cómo tendrían que mostrarse las cosas para que castigáramos a todos los macroeconomistas más influyentes, en lugar de darles un premio de 1,5 millones de dólares?

Conclusión

La economía mainstream está atrapada en su actual paradigma formalista. Aunque muchos de sus practicantes pueden darse cuenta de que han fracasado dado el aspecto de la economía mundial, los fans de la Escuela Austriaca saben que solo un estudio cabal de las ideas de Mises, Hayek y Rothbard ofrecerá luz sobre lo que fue mal en la última década.

 

 

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseña en la Mises Academy. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.



[1] Por favor, no me envíen un cooreo electrónico arrogante: Sé que Jonas Salk no recibió el premio Nobel de medicina.

Published Fri, Oct 14 2011 6:03 PM by euribe
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