La gran idea del milenio

Por Llewellyn H. Rockwell Jr. (Publicado el 24 de noviembre de 1999)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/334.

[Del número de enero de 1999 de The Free Market]

 

Gracias a Dios que este sangriento siglo, la era del comunismo, el nacional socialismo, el fascismo y la planificación central (en resumen, el siglo de la adoración del gobierno) está llegando a su fin. Podemos aprovechar la ocasión para reafirmar nuestra lealtad a la libertad humana, que es la base de la prosperidad y de la misma civilización y repudiar toda fuerza ideológica que se oponga a ella.

Los primeros golpes de los enemigos de la libertad en este siglo fueron la Primera Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique. Estos dos acontecimientos rompieron los corazones a toda una generación de liberales clásicos, porque interrumpieron siglos de progreso hacia la paz y la libertad. Estos hombres entendieron algo que nosotros hoy no: que los momentos en la historia de la humanidad caracterizados por el confort y la seguridad (pro no hablar de la prosperidad) son tristemente escasos.

La verdad es que, para las masas, la historia del milenio ha sido de hambre y enfermedad. Por ejemplo, en el siglo XII se producía una hambruna mortal en Inglaterra cada catorce años. Del siglo XIII al XVIII la hambruna hacía acto de presencia cada diez años. Una hambruna no tiene nada que ver con lo que hoy llamamos privaciones. Estos episodios mataban a decenas de miles de personas y obligaban a la gente normal a comer perros y cortezas de los árboles.

Tampoco era cómoda la vida sin hambrunas. Para las masas, las casas eran diminutas, con un agujero en el techo de paja para que saliera el humo. La fuente del pueblo era el único suministro de agua. La disposición de las aguas fecales era primitiva y los brotes de escorbuto, lepra y tifus eran comunes y esperados. La gente se consideraba afortunada cuando su hijo seguía vivo con un año, mientras que pocos adultos vivían más de 30 años.

Se desconocían las oportunidades económicas, igual que la idea de avanzar constantemente en el prosperidad material. La primera ruptura en esta larga historia de miseria vino con el auge de la sociedad comercial en España y el norte de Italia y luego en la revolución industrial en Gran Bretaña. La gente se mudaba del campo a las fábricas. Se nos dice que las condiciones eran deplorables y los horarios largos y duros.

¿Pero comparados con qué? La alternativa para la mayoría de la gente era la vida de un mendigo o una prostituta o el hambre rural.

Se ha prestado poca atención a los heroicos propietarios de las primeras fábricas. Eran normalmente de origen humilde y asumieron riesgos enormes, al reinvertir sus beneficios en los negocios.

Sus fábricas se abrieron por encima de la oposición de las élites asentadas y afrontaron interminables ataques de propagandistas cortesanos por llenar a la gente de supuesta chusma. Sus únicos defensores intelectuales fueron los economistas liberales clásicos, que veían que sus trabajos representaban libertad y prosperidad para el hombre común.

¿Qué se fabricaba ahí? No bienes para la nobleza, sino ropa y equipos utilizados por la gente normal para mejorar su vida diaria. Como dijo Mises, fue el primer momento en la historia en que la producción en masa se realizó para las masas. (Si no leen nada más este próximo año, vean el tratamiento de Mises de la revolución industrial en las páginas 613-619 de La acción humana).

La población de Inglaterra se dobló en el siglo que siguió a la revolución industrial, prueba suficiente  de que mejoró radicalmente los niveles de vida. En nuestros tiempos también hemos visto un extraordinario florecimiento de la empresa donde y cuando se ha permitido la libertad. Consideremos que en 1900, la esperanza de vida mundial era de media de 30 años. Hoy su media es de 65 años. Como ha argumentado Nicholas Eberstadt, es lo que cuenta para el asombroso aumento de la población global.

¿Pero cuál es la causa fundamental? El desarrollo económico, que ha traído comida, buena alimentación y sanidad, así como medicina al mundo. Y mirémonos hoy, dando por hechos Walmart y Wendy’s, como si hubieran existido siempre y siempre vayan a existir- Nos irrita cuando se acaban en la tienda nuestras costillas favoritas y no tocamos la lechuga que esté marchita. Deberíamos recordar que solo somos la tercera o cuarta generación en la historia mundial que tiene acceso a estas cosas durante todo el año.

¿Y cuál es a su vez la causa del desarrollo económico? La muy denostada institución llamada capitalismo, una palabra que significa nada menos que la libertad de poseer propiedades, comerciar e innovar. El capitalismo ha demostrado ser el más espectacular motor de progreso conocido por el hombre y su expansión, la mejor idea del milenio. Todo el confort material del que disfrutamos hoy, lo debemos a la economía libre, el fundamento menos entendido y más atacado de la vida civilizada.

 

 

Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente del Instituto Ludwig von Mises en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de The Left, the Right, and the State

Published Sun, Oct 16 2011 12:35 PM by euribe