No hay que rescatar a Europa Oriental

Por Bogdan C. Enache. (Publicado el 24 de marzo de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3376.

 

Hay una nueva crisis subprime en las noticias. Sin embargo, al contrario que la original de EEUU, ésta no incluye solo una caída en los precios de la vivienda sino también una caída en las economías. Los países del centro y este de Europa, después de años de alto crecimiento alimentado por las inversiones de Europa Occidental, se dirigen ahora a una recesión. Los bancos que proporcionaros mucho del crédito en el periodo de auge, ya golpeados por presiones de liquidez debidas a los acontecimientos en EEUU y sus países de origen, afrontan ahora la perspectiva de grandes pérdidas en los préstamos realizados en la mitad oriental del continente.

Con la crisis en EEUU y las economías desarrolladas de Europa Occidental también llegó en fin del auge en las economías emergentes de Europa Oriental. La congelación de los mercados financieros en Estados Unidos y Europa Occidental en el verano de 2007, seguida por un repentino aumento en el riesgo crediticio tras la quiebra de Lehman Brothers, llevó a los inversores a una confusión de liquidez. En Europa Oriental, estos acontecimientos se tradujeron en repatriaciones de capital, menor inversión extranjera y primas de riesgo más altas. La ralentización en las economía desarrolladas y, finalmente, la llegada de la recesión en la segunda parte del pasado año produjo una caída en las exportaciones de Europa Oriental, que exacerbó aún más la caída. Las divisas de la región se desplomaron.

En Europa Oriental, los bancos fueron privatizados durante las décadas de 1990 y 2000. El método preferido de privatización fue la venta (mediante negociación directa con el gobierno en el poder o mediante subasta pública) de una participación mayoritaria en un banco local propiedad del estado a un gran grupo bancario extranjero, considerado capaz de reestructurarlo y hacerlo rentable. Por consiguiente, hoy la mayoría de los bancos de la región (y especialmente en aquellos países que son ahora miembros de la Unión Europea) son propiedad de grandes grupos de Europa Occidental, como el  Raiffeisen Zentralbank o el Erste Bank de Austria, el Swedbank de Suecia, la Société Générale de Francia, el Unicredit de Italia, el KBC de Bélgica, el Bayern Landesbank de Alemania y otros. Las filiales de Europa Oriental de todos estos bancos, a menudo entre los más grandes de sus países de origen, constituyen una parte importante de sus activos. Y a causa de esta enorme exposición, la creciente crisis en Europa Oriental está resultando ahora crítica para su salud financiera. Además, una caída de cualquiera de estos bancos debido a pérdidas en sus operaciones en Europa Oriental añadiría una nueva amenaza a la estabilidad del sistema financiero europeo.

Así que resulta que Europa Oriental se ha convertido en un acreedor subprime de la Europa Occidental. Como pasaba con los dedudores hipotecarios de EEUU, tanto el sector público como el privado en los países de Europa Oriental están altamente apalancados al tiempo que la caída en las divisas y el declinar en la producción significan ingresos menores en el futuro inmediato. A cauda de la profundización en la recesión en Estados Unidos y Europa Occidental, los países de Europa Oriental también están entrando rápidamente en tasas de crecimiento negativo. Y con ellas se produce el aumento en el riesgo de impago de las deudas.

Los bancos se dan cuenta ahora de la gravedad de la situación. Nueve de los bancos occidentales más expuestos en la región, encabezados por el grupo Raiffeisen de Austria, ya han pedido a la Comisión Europea y al Banco Central Europeo (BCE) que vengan al rescate de las economías de la Europa Oriental para evitar las repercusiones posteriores que tendrían los impagos de préstamos en la región sobre la salud financiera de economías en el oeste del continente. Los países más expuestos a una caída en  Europa Oriental son Austria, Francia, Italia, Bélgica, Alemania y Suecia. Solo Austria hizo préstamos por 297.000 millones de dólares a Europa Oriental, según Josef Pröll, ministro de finanzas en Viena. Es el equivalente al 70% del PIB del país.

Sin embargo, Suiza, que no es miembro de la Unión Europea, también está entre los grandes acreedores de Europa Oriental. El bajo tipo de interés de los francos suizos hizo de ellos la principal divisa para el crédito hipotecario en la región. Los préstamos en francos suizos llegaron a ser alrededor del 50% del total en algunos países como Hungría o Polonia. Según un informe de Morgan Stanley, basado en los datos de Banco de Pagos Internacionales sobre préstamo internacional, el préstamo extranjero total en Europa Oriental ha llegado a los 1,6 billones de dólares en septiembre de 2008, de los cuales 1,5 billones los han proporcionado acreedores de Europa Occidental.[1] Sol0o entre 2005 y 2008, el volumen de crédito extranjero absorbido por la región se multiplicó por tres. Todo este crédito proporcionó enormes beneficios a los bancos occidentales presentes en la región y fue, en buena medida, responsable de las tasas de crecimiento medias de alrededor del 6% del PIB real que experimentó Europa Oriental durante los últimos 7-8 años. Viviendas, automóviles y otros bienes duraderos de consumo sufrieron un auge. Al mismo tiempo, los patrones de préstamo se relajaron. Por ejemplo, en Rumanía los bancos anunciaban que tener un documento de identidad era lo único que necesitabas para obtener un préstamo. Esto funcionó bien mientras el crecimiento fue fuerte. Pero ahora las economías de Europa Oriental están hundiéndose, el desempleo está aumentando y la deuda acumulada en estos años pasados podría no poder pagarse.

Carteras de préstamos de filiales de la CEE de bancos europeos occidentales, H1 2008 (en millones de euros)

Fuentes: datos de las empresas, estimaciones de Merrill Lynch

Recopilado por la Oficina de Europa central y países bálticos del FMI, 7 de noviembre de 2008

La perspectiva de un impago de la deuda es real. Las divisas locales están cayendo con rapidez frente al euro, el dólar y el franco suizo, haciendo más difícil a las personas, empresas y gobiernos pagar su deuda en divisas occidentales. Los países bálticos son los más endeudados de la región. La deuda exterior de Estonia representa el 131% de su PIB, la de Letonia es del 116% y la de Lituania es del 72%. Juntos, los países de Europa Oriental tienen que pagar 400.000 millones de dólares de deuda solo este año.

Además, la creciente contracción de la producción está hacendó aumentar los ya grandes déficits en el gasto público en un momento en el que los costes de los préstamos y las primas de riesgo han aumentado considerablemente. Dado el éxodo de capital que se está produciendo y los significativos déficits por cuenta corriente, las divisas de Europa Oriental continuarán perdiendo valor frente al euro y el dólar incluso si el forint húngaro, el zloty polaco o el leu rumano ya han llegado a mínimos históricos. Aunque los bancos centrales en algunos países, como Rusia, Polonia, la República Checa o Rumanía tienen reservas significativas de divisas y las han usado para apuntalar parte de la caída de sus monedas, los desequilibrios macroeconómicos son en general tan grandes que la crisis actual en Europa Oriental tiene potencial para sobrepasar la crisis de divisas asiáticas de mediados de la década de 1990.

Bajo estas circunstancias, los bancos no son los únicos que reclaman a los países más ricos de la Unión Europea (UE), el BCE, el FMI, y el Banco Mundial que rescaten a la Europa Oriental. En el otoño del año pasado, el FMI aprobó un préstamo de 16.400 millones de dólares a Ucrania, cuya moneda, la grivna, ha perdido la mitad de su valor en los últimos seis meses, generando una corrida en las casas de cambio. Pero el gobierno es incapaz de reducir su déficit y la inflación está bastante por encima del 20% anual. Hungría, el país con mayor deuda pública, también recibió un préstamo de 12.500 millones de dólares del FMI, diez veces su cuota normal, así como un préstamo de 8.100 millones de una facilidad de préstamo especial de la UE y un crédito de 1.300 millones del Banco Mundial.

A mediados de octubre, en lo peor de la congelación del crédito, el BCE también vino al rescate de Budapest y proporcionó 5.000 millones de euros en un acuerdo de swap con el banco central húngaro para facilitar liquidez en el mercado monetario. Este acontecimiento supuso una extensión significativa del papel del BCE. Fue la primera vez que el banco, que supervisa la política monetaria de la Eurozona compuesta por 16 naciones, prestaba a un país fuera de la Unión Monetaria Europea. El BCE posteriormente llegó a acuerdos de swap con el banco central polaco y, a pesar de sus reticencias, probablemente lo haga también con otros bancos centrales del este de la UE. En diciembre del pasado año, el FMI, junto con la UE, el Banco Mundial y Suecia, también prestó 10.500 millones a Letonis. Por otro lado, Georgia consiguió una línea de crédito de 750 millones de dólares para sostener su divisa, seguida por Bielorrusia, que recibió 2.500 millones en enero de este año. Finalmente, Serbia está en proceso de conseguir un préstamo de 2.000 millones de dólares. Pero los otros dos países bálticos, Estonia y Lituania, son lo siguientes en la cola la ayuda del FMI, el Banco Mundial y la UE, seguidos por Bulgaria y Rumanía. Desde el inicio de la crisis de Europa Oriental en el otoño del pasado año, el FMI ha prestado 40.000 millones de dólares. Contando los préstamos concedidos a Islandia y Pakistán, la cifra ha llegado a los 50.000 millones.

Los líderes de los países más ricos de la UE, que se reunieron en Berlín antes de la segunda cumbre del G20 después de que empezara la crisis económica mundial, dicen ahora que quieren aumentar la capacidad de préstamo del FMI desde su nivel actual de 250.000 millones a 500.000 millones de dólares. Japón ya ha prometido otros 100.000 millones, pero los grandes países de Europa Occidental podrían no ser capaces de conseguir dinero adicional, aunque discutan la posibilidad de emitir un nuevo eurobono pensado para reducir las primas de riesgo que soportan los gobiernos con calificaciones de crédito soberano más bajas.

Estados Unidos ya tiene una montaña de deuda, mientras que China y los países de Oriente Medio (que tienen las reservas necesarias) rechazar aumentar la financiación del FMI sin recibir a cambio más poder de voto en el cuerpo internacional, una concesión que no quieren hacer los grandes países europeos, cuyos derechos de voto se verían por tanto diluidos.

Concentración de la exposición de la Europa emergente para Europa Occidental, H1 2008

Fuentes: Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review, junio de 2008

Nota: los países se abrevian de acuerdo con los códigos estándar ISO.

La exposición de la Europa emergente para bancos de Europa Occidental se define como la porción de los bancos que reportan en cada país de Europa Occidental en el total de reclamaciones pendientes sobre un país europeo emergente (tanto sectores bancarios como no bancarios). Por ejemplo, alrededor del 42% de la exposición de Croacia (HR) a los bancos europeos que reportan se debe a bancos austriacos, el 38% a bancos italianos, el 13% a bancos franceses, etc. Para los países bálticos, el 85% o más de la exposición de los bancos que informan se debe a bancos suecos.

Al mismo tiempo, dentro de la UE, los países del sur (España, Italia, Portugal, Grecia) e Irlanda, ante un gran trastorno en sus sistema bancario debido a la caída en activos hipotecarios y a ser economías en rápida contracción, quieren que el BCE y la UE canalicen sus recursos principalmente a rescatar sus bancos. La política de quién está rescatando a quién se hará más compleja a medida que se agudice la crisis económica en Europa y el resto del mundo.

La crisis actual de Europa Oriental, igual que la de Estados Unidos o la parte occidental del viejo continente, es un proceso doloroso, pero un rescate internacional concertado de los bancos y gobiernos irresponsables en la región no es la solución. Fuero precisamente esas expectativas, junto a años de política monetaria laxa en Estados Unidos y Europa, las que crearon una cadena de riesgo moral que llevó a la actual crisis económica.

La rebaja gradual de los tipos de interés por parte de la Fed, el BCE en Banco de Inglaterra y otros bancos centrales europeos independientes, como el Banco de Suecia y el Banco Nacional de Suiza, tras la burbuja de las punto-com y el 11-S, proporcionó el incentivo a los bancos europeos occidentales para sobreapalancar sus activos y luego, a través de sus filiales, empezar a conceder préstamos mal suscritos a una virginal Europa Oriental.

Los banqueros centrales de Europa Oriental también se unieron al esfuerzo de sus contrapartes occidentales en estimular la demanda global, pero sus recortes fueron inferiores y sus tipos de interés se mantuvieron comparativamente más altos. Consecuentemente, parte del dinero barato en occidente se trasladó mediante carry trade por parte de instrumentos financieros sofisticados en el este, haciendo que las divisas locales, como el leu rumano, por ejemplo, parecieran fuertes. Cuando se desarrolló la crisis financiera en Estados Unidos y Europa Occidental en el verano de 2007, apareció el carry trade inverso a medida que los inversores recuperaban su dinero en Europa Oriental para cubrir sus faltas de liquidez.. Luego las líneas de financiación de los bancos matrices (que ahora tenían  problemas propios) a sus filiales locales se recortaron. El auge también llegaba entonces a su fin en Europa Oriental. Al aumentar los tipos de interés, los mercados de vivienda y residenciales en Polonia, Bulgaria, Rumanía, los países bálticos y Rusia se pararon y empezaron a decaer: Los bancos locales se quedaron con un paquete de préstamos de valor incierto.

En muchos casos, los altos niveles de deuda pública eran una gran parte del problema. Aunque las economías de la región experimentaron altas tasas de crecimiento en años previos, en muchos países creció la deuda pública. Hungría es el principal ejemplo entre los países de Europa oriental que son miembros de la UE, pero también había déficits públicos relativamente altos en el caso de Rumanía. Entre los no miembros de la UE, Ucrania destaca como país arrasado por los excesos de gasto público.

Las principales divisas flotantes de Europa Oriental: la corona checa, el leu rumano, el rublo ruso, el forint húngaro y el zloty polaco

Rendimiento Forex frente al euro en % desde el 1 de agosto de 2008

Fuente: Danske Bank

Sin embargo, la ralentización económica aumentará los déficits presupuestarios incluso en aquellos países en los que la política fiscal estaba relativamente bien equilibrada. En el caso de Rusia, que, al contrario que casi todos los demás países de Europa Oriental, tiene un superávit por cuenta corriente, la brusca caída en los precios del petróleo en la segunda mitad del pasado año redujo considerablemente sus ingresos. Esto coincidió con un deterioro significativo del entorno empresarial que siguió a la corta guerra con Georgia, su pequeño vecino del sur. Las políticas hostiles del gobierno llevaron a los inversores a sacar su dinero del país, provocando una espectacular caída de la bolsa de Moscú y una caída en picado del rublo.

Hay una tremenda presión en Europa para no permitir la quiebra de ningún que espera amortizaciones masivas en sus operaciones de Europa Oriental y, en el caso de Bulgaria y los países bálticos, las vinculaciones con el euro excluyen formalmente la devaluación de la divisa. Pero un rescate conjunto de la UE, el FMI y el Banco Mundial para la región equivaldría a una continuación de la política de subvención del riesgo y la erosión de la disciplina de mercado que dio lugar a los actuales trastornos.

Los bancos que apostaron por préstamos mal concebidos serían recompensados por su ineficiencia y mantenidos con vida mediante redistribución de riqueza de aquellos negocios y personas que fueron comparativamente más prudentes. El efecto neto de esas políticas es animar al riesgo moral en el futuro, lo que, a su vez, inducirá a una mayor impredecibilidad en el sistema financiero.

Sin embargo, Europa Oriental no es una entidad homogénea, ni siquiera claramente definible.[2] La situación difiere de un país a otro. En algunos casos, particularmente en países exsoviéticos que no pertenecen a la UE, como Ucrania o (más allá de la Europa estrictamente geográfica) Kazajistán, los gobiernos podrían impagar su deuda pública. En los demás lugares, se buscará alguna manera de reestructurar la deuda, mientras que en algunos el problema se resolvería con una combinación de devaluación de la divisa y refinanciación.

La realidad es que no hay ninguna solución sin costes para salir del problema actual. Pero usar al BCE, el FMI o el Banco Mundial para absorber las pérdidas de los bancos insolventes bajo el disfraz de suavizar desequilibrios temporales, en el sistema de la balanza de pagos es la peor solución que uno pueda pensar. Con tiempo, la mayoría de los desequilibrios externos se resolverán. Ahora mismo, la ralentización económica está disminuyendo los déficits por cuenta corriente de la región.

El rápido crecimiento de la prosperidad que tuvo lugar en la mayoría de los países de Europa oriental durante los últimos ocho años ha alimentado granes esperanzas de alcanzar los niveles de vida occidentales. No sorprende que la crisis económica esté generando preocupación y incluso en algunos países desórdenes civiles. Aunque la situación empeorará antes de mejorar, es exagerado el miedo a un colapso económico que lleve de nuevo a la región a las condiciones experimentadas poco después de la caída del sistema comunista de planificación centralizada.

Sin embargo, esto no significa que no haya razón para la preocupación. Las decisiones económicas aplicadas ante la crisis actual darán forma a una potencial prosperidad en el futuro. Un rescate completo de los bancos responsables de hacer malos préstamos solo potenciará un sistema económico de beneficios privados y pérdidas socializadas. Ese sistema es tan incompatible con la economía libre mercado que muchos europeos orientales pensaron que estaban adoptando después de 1989, como el viejo socialismo marxista-leninista.

 

 

Bogdan C. Enache es investigador asociado en CADI, un think tank orientado hacia el libre mercado en Bucarest, Rumanía.



[1] Stephen Jen y Spyros Andreopoulous, “Europe More Exposed to EM Bank Debt than the US or Japan”, Global Economic Forum, 27 de octubre de 2008.

[2] Un descripción maravillosa de cómo, mucho antes de la llegada de comunismo y la Guerra Fría, los viajeros del siglo XVIII de las cortes reales francesa, británica o austriaca inventaron literalmente como una imaginaria zona tapón entre Occidente (o, en resumen, la civilización) y el despotismo oriental o asiático, aparece en el libro de Larry Wolf: Inventing Eastern Europe: The Map of Civilization on the Mind of the Enlightenment (Standford University Press, 1994).

Published Sat, Nov 12 2011 12:06 PM by euribe