Economía para polímeros

Por Gene Callahan y Robert P. Murphy. (Publicado el 5 de septiembre de 2000)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/499.

 

Revisar las ideas intelectuales es a menudo un trabajo duro, que incluye andar trabajosamente a través de numerosas referencias y contemplar las opiniones del autor. Por eso es un verdadero placer encontrarse de vez en cuando una obra tan descaradamente falto de sentido común que podemos atacarlo con alegría sin tener que trabajar mucho.

Una obra de este tipo ha atraído recientemente nuestra atención, cuando nuestra maliciosa mirada se dirigió a un artículo en The New Scientist, titulado “Así funciona el dinero”. El autor del artículo, Mark Buchanan, destaca la obra de dos físicos, Jean-Philippe Bouchaud y Marc Mézard, que han decidido que podría ser divertido jugar a los economistas por un rato. Están dispuestos “explicar” el “misterio” de la distribución de la riqueza. Es el tipo de trabajo que podría fácilmente generar una crítica mucho más larga que el artículo original, ya que casi cada frase pide una corrección. Sin embargo, las limitaciones de tiempo y espacio solo nos permiten explorar los cañones más profundos de esta Fosa de las Marianas intelectual.

El artículo no tarda mucho en meterse en esos cañones. Empieza así:

La vida es tan injusta. Lo ricos se hacen más ricos, mientras el resto nos apañamos. Es culpa de la sociedad o hay fuerzas más profundas operando (…)

En tres frases breves se nos lleva primero a un cliché trillado: “La vida es tan injusta”. A esto le sigue una falsedad empírica: “el resto nos apañamos”, cuando  después de todo, el nivel de vida en las economías de mercado, incluso para los más pobres, ha venido aumentando constantemente durante varios siglos. (Por cierto, que nos preguntamos en qué sentido se las apaña Buchanan. ¿Almuerza con su editor en los mismos comedores a los que van los trabajadores de los talleres clandestinos?) Luego aparece un antropomorfismo inválido: la sociedad no es una persona ni un agente moral y no puede echársele ninguna culpa. Por fin, ni siquiera se ha demostrado que haya algo por lo que echar la culpa a alguien. Después de todo, si los ricos se haciendo más ricos justamente, entonces el tema de la culpa ni siquiera aparece.

La sensacional nueva contribución de estos físicos a una ciencia de la que aparentemente no saben nada es “haber descubierto un enlace entre la física de los materiales y los movimientos del dinero, un enlace que explica por qué la riqueza se distribuye de una forma muy similar en todas las economías modernas”. Como el autor confunde aquí “riqueza” y “dinero” (la doctrina mercantilista desacreditada hace mucho tiempo) esperábamos que este “enlace” incluiría alguna explicación de los precios, ya que los pedazos de papel con retratos de presidentes son bastante poco apropiados para satisfacer directamente la mayoría de los deseos humanos.

Sin embargo no vemos tristemente equivocados, pues la naturaleza de este enlace es que Bouchaud y Mézard simplemente realizan algunas ecuaciones que es posible que describan la distribución de la riqueza en una economía , luego descubren que estas ecuaciones resultan ser como las que describen el movimiento de algo llamado un “polímero dirigido” en una superficie bacheada. Con un criterio “riguroso” como éste por haber encontrado un enlace, aseguramos que podríamos encontrar un “enlace” entre el porcentaje de bateo de Babe Ruth en 1929 y el crash de octubre del mismo año.

Buchanan procede a presentarnos la ley de Pareto:

En el siglo XIX, los economistas estaban seguros de que cada sociedad tendría una distribución única de la riqueza, dependiendo de los detalles de la estructura económica. Pero se quedaron estupefactos en 1897 con la afirmación un ingeniero nacido el París llamado Vilfredo Pareto. Las estadísticas, insistía, muestran otra cosa. No solo una minoría de gente inmensamente rica siempre acumula la mayoría de la riqueza, sino que la forma matemática de distribución es la misma en todas partes.

Los economistas que creían que las economías tendrían “una distribución única de la riqueza”, dependiendo de “los detalles de la estructura económica”, no tenían ninguna razón para estar “estupefactos” por el descubrimiento estadístico de Pareto, a pesar de su insistencia en lo contrario. Podría ser sencillamente que los “detalles” de cada país son tales que cada uno genere un resultado único que documentó Pareto, resultados únicos que son todos de alguna forma similares. Si, por ejemplo, la riqueza tiende a concentrarse en las manos de los más productivos, no hay razón para esperar que este “resultado” difiera mucho de un país a otro.

Revisemos la “ley” de Pareto: Descubrió que la riqueza se distribuye de acuerdo con 1/W^E, donde E está “siempre entre 2 y 3 para todos los países europeos que miró [Pareto]”.

Que tiemble el misterio. ¿Podéis imaginar un físico anunciando una “ley” para la que una constante esté “siempre entre dos y tres”, pero solo para los países europeos (es decir, no en los laboratorios del tercer mundo) en los que se ha realizado el experimento? Si uno se permite esta ligereza en el ajuste de las curvas, puede encontrar todo tipo de “leyes” sorprendentes.

De hecho, todo el trabajo de investigación de Bouchaud y Mézard equivale a intentar explicar las “dinámicas del éter” o las “propiedades mecánicas fluidas del flogisto”. ¡El fenómeno que intentan modelar, el de una “distribución” de la riqueza, ni siquiera existe en una economía de mercado! En el mercado no intervenido, la riqueza no se distribuye, es decir, no hay una fase distintiva a la que podamos llamar distribución de la riqueza que quede aparte de la creación de riqueza. Bill Gates es “inmensamente rico”, por usar la terminología de Buchanan, porque produjo una “inmensa cantidad de cosas”, que un “inmenso grupo de gente” valoraba “enormemente altamente”. No es a través de algún misterioso proceso de dinero saltando baches en respuesta al empuje de “moléculas comerciales” como Gates consiguió tanto y el tipo que pide en la esquina no. Gates produjo un montón de riqueza y el otro tipo no.

Como dice Mises:

Ahora bien, en la economía de mercado no existe este supuesto dualismo de dos procesos independientes, el de la producción y el de la distribución. Solo hay un proceso en marcha. Los bienes no se producen primero y luego se distribuyen. No existen las apropiaciones de porciones de una existencia de bienes sin dueño, Los productos pasan a existir como propiedad de alguien. Si alguien quiere distribuirlos, uno debe confiscarlos antes. Es indudablemente muy fácil para el aparato de compulsión gubernamental dedicarse a la confiscación y expropiación, Pero eso no prueba que pueda construirse un sistema duradero de asuntos económicos a partir de esa confiscación y expropiación.

La queja de Buchanan es similar a fijarse en la muy injusta distribución de los triplistas en la NBA: ¡Una proporción exagerada de triplistas se encuentra entre los mejores veinte tiradores!

Hay que reconocer que Buchanan si da la siguiente advertencia: “Ver cómo se relacionan la economía modelada y un polímero dirigido requiere algo de imaginación”. ¡Ya te digo! Para que el modelo de Bouchaud y Mézard (B&M) se considere como una obra con sentido en economía, tendríamos que imaginar que el mundo funciona algo así:

La riqueza, en el mundo de B&M no la poseen los que la producen. De hecho, aparentemente no se produce en absoluto. Simplemente anda por ahí, esperando a ser distribuida. Podemos imaginar un valle, con colinas, como el pequeño gráfico que emplea Buchanan, lleno de neveras, coches, sacos de trigo, casas terminadas, computadoras, etc., en otras palabras, riqueza. Una banda de humanos pasa las montañas que lo rodean y entra en el valle. Al azar, tal vez basándose en donde estén situados en el grupo, cada uno se apodera de una porción de esta riqueza.

Ahora empiezan a intercambiarla al azar. No intercambian porque perciban una ventaja en el intercambio, sino porque el “calor” del “entorno comercial” que les rodea les hace que lo hagan. (No está claro cómo llega a producirse este “entorno comercial” salvo a través de las decisiones de intercambiar de la gente, pero no importa). Los intercambios de esta gente tienen las mismas probabilidades de darles desventajas como ventajas. Nunca aprenden de este hecho ni mejoran su habilidad para comerciar.

Para Buchanan, un modelo así sugiere que “La teoría económica está a punto de crecer”. Dice: “El modelo ofrece lo que podría ser la primera lección de economía firmemente asentada en las matemáticas”. Buchanan (y Bouchaud y Mézard) han caído presa de la creencia mística de que, para ser “científico”, cualquier campo de estudio debe reproducir los métodos de la física. Hace más de 100 años, el gran economista austriaco Carl Menger apuntaba, en sus Principios de economía política, lo absurdo de esta postura:

Los intentos pasados de trasladar las peculiaridades del método natural-científico de investigación a críticamente a la economía han llevado a los más graves errores metodológicos y a imaginar frívolamente analogía externas entre el fenómeno de la economía y los de la naturaleza. [Francis] Bacon dijo de los investigadores de la descripción: “Magna cum vanitate et desipientia inanes similitudines et sympathias rerum describunt atque etiam quandoque affingunt” [las similitudes y simpatías de cosas no son reales… describen y a veces inventan con gran vanidad y locura]

Al desarrollar su artículo, Buchanan llega a recomendaciones políticas. Dice que si pudiésemos “cambiar el exponente” (en la ecuación de Pareto) a 3, entonces el 20% más rico de la población solo tendría el 55% de la riqueza, lo que es “mejor que” en Estados Unidos ahora mismo. Esta declaración normativa, por supuesto, no está justifica, pues ¿cómo puede la física probar algo acerca de las distribuciones ideales de la riqueza?

Sin embargo este artículo no era completamente desagradable. Tenía algunos gráficos bonitos y daba una explicación ajustada y concisa de un reciente descubrimiento en física, una empresa para la que es apropiado el proceso mecanicista y sin pensamiento de modelado matemático. A pesar de todo, sí parece ser un salto importante emplear este supuesto éxito en las predicciones del comportamiento de los polímeros a diseñar cambios sociales cuya deseabilidad se basa en una filosofía implícita de erróneo altruismo y bastante envidia del viejo estilo.

 

 

Gene Callahan es investigador adjunto en el Instituto Ludwig von Mises y autor de Economics for Real People. Visite su sitio web.

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseña en la Mises Academy. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.

Published Wed, Dec 21 2011 5:47 PM by euribe