Libertad de prensa

Por Ludwig von Mises (Publicado el 2 de enero de 2012)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5728.

[The Anti-Capitalistic Mentality (1954)]

 

La libertad de prensa es una de las características fundamentales in el programa de viejo liberalismo clásico. Nadie ha conseguido aportar ninguna objeción sostenible contra el razonamiento de dos libros clásicos: la Aeropagítica de John Milton, de 1644, y De la libertad, de John Stuart Mill, de 1859. La imprenta sin censura es la sangre de la literatura.

Una prensa libre solo puede existir donde haya control privado de los medios de producción. En una sociedad socialista, en la que todas las instalaciones de publicación e imprentas sean propiedad y estén operadas por el gobierno, no puede haber dudas sobre una prensa libre. Solo el gobierno determina quién debería tener el tiempo y la oportunidad de escribir y qué debe imprimirse y publicarse. Comparadas con las condiciones que prevalecen en la Rusia soviética, incluso la Rusia zarista, retrospectivamente, parece un país con libertad de prensa. Cuando los nazis realizaban sus notorias quemas de libros, seguían exactamente los designios de uno de los grandes autores socialistas, Cabet.[1]

A medida que todas las naciones se dirigen al socialismo, la libertad de los autores se va desvaneciendo paso a paso. Cada día se hace más difícil para un hombre publicar un libro o artículo cuyo contenido desagrade al gobierno o a los grupos de presión poderosos. Los herejes aún no son “liquidados” con el Rusia, ni sus libros quemados por orden de la Inquisición. Tampoco hay una vuelta al viejo sistema de censura. Los autocalificados como progresistas tienen a su disposición armas mucho más eficaces. Su principal herramienta de opresión es el boicot a autores, editores, editoriales, librerías, imprentas, anunciantes y lectores.

Todo el mundo es libre de abstenerse de leer libros, revistas y periódicos que les desagraden y de recomendar a otros que eviten estos libros, revistas y periódicos. Pero una cosa completamente distinta es cuando alguna gente amenaza a otra con severas represalias en caso de que no dejen de apoyar ciertas publicaciones y a sus editoriales. En muchos países, los editores de periódicos y revistas se ven amenazados por la perspectiva de un boicot por parte de sindicatos. Evitan la discusión abierta del asunto y se someten tácitamente a los dictados de los jefes sindicales.[2]

Estos líderes sindicales son mucho más susceptibles que las majestades imperiales y reales de tiempo pretéritos. No soportan una broma. Su susceptibilidad ha degradado la sátira, la comedia y la comedio musical del verdadero teatro y ha condenado a las películas a la esterilidad.

En el antiguo régimen, los teatros eran libres de programar las burlas a la aristocracia de Beaumarchais y la ópera inmortal compuesta por Mozart. Bajo el Segundo Imperio francés, La gran duquesa de Gérolstein, de Offenbach y Halevy parodiaba el absolutismo, el militarismo y la vida cortesana. El propio Napoleón III y algunos de los demás monarcas europeos disfrutaban de la obra que les ridiculizaba. En la era victoriana, el censor de los teatros británicos, el Lord Chambelán, no impedía la representación de las comedias musicales de Gilbert y Sullivan que se reían de todas las instituciones venerables del sistema inglés de gobierno. Los nobles llenaban los palcos cuando en el escenario el Con de Montararat cantaba “La Cámara de los Lores no pretende ser una eminencia intelectual”.

En nuestros días está fuera de lugar parodiar en escena a los poderes fácticos. No se tolera ninguna reflexión irrespetuosa sobre sindicatos, cooperativas, empresas dirigidas por el gobierno, déficits presupuestarios y otras características del estado de bienestar. Sindicalistas y burócratas son sacrosantos. Lo que queda a la comedia con aquellos tópicos que hicieron abominables a las farsas de la opereta y de Hollywood.

 

 

Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.

Este artículo está extraído del capítulo 3, parte 4 de The Anti-Capitalistic Mentality (1954).



[1] Cf. Cabet, Voyage en Icarie. París, 1848, p. 127.

[2] Acerca del sistema de boicot establecido por la Iglesia Católica, cf. P. Blanshard, American Freedom and Catholic Power, Boston, 1949, pp. 194-198.

Published Mon, Jan 2 2012 7:11 PM by euribe
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