Por Llewellyn H. Rockwell Jr. (Publicado
el 10 de noviembre de 2008)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3195.
[Este
discurso se realizó en la reunión de participantes del Instituto Mises, el 8 de
noviembre de 2008 en Auburn, Alabama]
Concebí originalmente este discurso
(un alegato por la abolición del banco central) como una actualización aplicada
de mi conferencia de 1995 en la Fundación Heritage sobre “Por qué importa la economía austriaca”.
Porque muchas de las ideas políticas sugeridas dentro del marco austriaco
pueden resumirse bajo la necesidad de abolir el banco central.
La escuela austriaca ha estado
batallando contra el banco central desde 1913 y antes. Ahora mismo, los
escritos de nuestra tradición son importantes que nunca, gracias a nuestros
grandes predecesores, nuestra facultad, nuestros alumnos, nuestros donantes, nuestros
programas de publicaciones, nuestros medios electrónicos y la búsqueda
desesperada por parte de gente de todo el mundo de una explicación de la crisis
actual y una nueva salida.
Nunca las ideas de la tradición
austriaca han alcanzado las alturas de las semanas recientes. Me agrada
informar que el Instituto Mises, después de 26 años de preparación, estaba
listo en todos los aspectos. Tenemos economistas, historiadores, filósofos y
muchos otros trabajando a nivel universitario en todo el país y el mundo que se
han formado en nuestros programas, como la Universidad
Mises, el Seminario Rothbard de Posgrado y las Hermandades Universitarias
Sumner. Estaban listos para ofrecer respuestas en aulas y medios de comunicación.
El Quarterly Journal of Austrian Economics y el Journal of Libertarian Studies
han ayudado a construir los cimientos, como nuestra Conferencia de investigadores austriacos.
Libros como America's
Great Depression y The
Panic of 1819, de Rothbard, Prices and Production [Precios
y producción], de Hayek, y Causes of the Economic Crisis,de
Mises, entre otros 300 títulos, han volado de nuestro almacén. Hemos publicado
nuevos libros sobre este tema, incluyendo Money,
Bank Credit, and Economic Cycles [Dinero,
crédito bancario y ciclos económicos] de Soto.
Ethics of Money Production, de Hülsmann, no podría haber salido en un
mejor momento. Tampoco nuestra nueva edición de Mystery
of Banking, de Rothbard.
Nuestra librería en línea ha sido
la fuente mundial de información para intelectuales y ciudadanos, igual que
nuestro sitio web ha sido fuente de noticias, datos y análisis, con miles de
horas de vídeo y audio a mano que se ocupan del tema. Nuestras oficinas han
estado constantemente ocupadas. Yo diría que ha todos se nos ha gravado como
nunca antes, pero creo que deberíamos reservar esta palabra para el trabajo no
voluntario, no el trabajo del que nos vanagloriamos. Y la prensa mundial nos ha
prestado atención como nunca antes. Los acontecimientos actuales son similares
a los del crash de 1929, pero hay esta vez una diferencia: las ideas de nuestra
tradición están circulando.
El Instituto Mises ha estado
lanzando constantemente este mensaje desde nuestra fundación en 1982. Nuestra
primera conferencia en 1983 fue sobre el patrón oro. Pronto le siguió un libro
sobre el tema. No era un tema de moda y soportamos muchos años de críticas e
incluso ataques porque seguimos centrándonos en los peligros de la Fed y el
dinero fiduciario. Incluso ya a finales de la década de 1980, estábamos
editorializando contra la prioridad federal de dar una casa en propiedad a todo
bicho viviente. Hay una diferencia económica y moral entre propiedad legítima
que proviene del consumo diferido y propiedad prematura que es subvencionada
por el sistema monetario.
Informo de esto, no para que
podamos decir “Os lo dijimos”, sino más bien para subrayar la necesidad de ser
fieles a los principios, alejarnos de la multitud, evitar lo que esté de moda y
seguir la verdad sin que importe nada más. Eso es lo que nos enseñó Mises, y si
no hubiera hecho nada más que ser el más duro resistente de su época ante el
colectivismo de cualquier clase, habría sido suficiente como para merecer el
instituto fundado en su nombre.
En cierto sentido, es trágico que
haga falta una crisis de esta escala para generar este nivel de atención sobre
nuestro trabajo. A todos nos gustaría que solo la búsqueda de la verdad
atrajera la atención hacia lo que hacemos. Pero la escasez de tiempo hace que la
gente tienda a aprender según lo va necesitando. Por esta razón, Google Trends
registra un aumento masivo en búsquedas sobre economía austriaca, siendo
Washington DC la ciudad que lidera esas búsquedas, pero extendiéndose por todas
las áreas del mundo. Los archivos de noticias de Google sobre búsquedas de
Mises muestran más menciones este año que en ninguno desde que se guardan
registros.
Por supuesto, la escuela austriaca
tiene mucho más que ofrecer que una teoría del ciclo económico. Tiene una
teoría del valor, una teoría de la propiedad, una teoría del precio, un teoría
convincente para entender todo el fundamento microeconómico de la ciencia, una
defensa metodológica para la teoría deductiva, una teoría de la producción y el
capital, una defensa del origen y la función del interés, así como
contribuciones a la teoría del comercio, la organización industrial y el
antitrust, una vasta historiografía que pone patas arriba a la ortodoxia, una
crítica enorme e innovadora de la guerra y de los estados intervencionistas y
socialistas, así como una pasión por la libertad como fundamento del desarrollo
social.
Como dije en el anterior discurso
sobre por qué importa la economía austriaca, no estamos hablando simplemente de
una escuela que haya contribuido con una o dos ideas, sino una forma
completamente distinta de pensar acerca del significado y aplicaciones de la
economía y una concepción completamente distinta del orden social. Si el
progreso en el pensamiento económico no se hubiera interrumpido por la teoría
keynesiana y el auge del positivismo en las ciencias sociales, ni siquiera
estaríamos hablando de la escuela austriaca. La teoría misesiana sería la misma
economía.
Por esta razón, podemos esperar que
si la gente se interesa por la teoría austriaca del ciclo económico, esto
acabará llevando a un estudio más profundo y a una transformación intelectual.
Lo que empieza como un interés limitado pasa a ser un interés amplio. Sabemos
que esto sucede a menudo y de esto están hechas las revoluciones intelectuales.
Por ahora, lo que interesa a la
gente es el relato austriaco del declive. Y el relato austriaco es el único
convincente en circulación. De hecho, comparado con el pasado, partes de la
visión de Mises y Rothbard hanentrado íntegramente en la corriente principal,
estando casi todos de acuerdo en que el actual declive se originó en una
burbuja alimentada por dinero fácil. Es un mensaje que nuestros antecesores
nunca consiguieron que se sostuviera completamente.
En la década de 1930, lucharon por
ser escuchados de formas a la nosotros no recurrimos. Casi me choca decirlo,
pero hoy, la idea de que la Fed debería abolirse ya no se acoge con abucheos.
Ya no se ve a la Fed como salvadora de la humanidad.
De hecho, podemos resumir el
alegato por la abolición del banco central muy rápidamente.
Abolir la Fed supondría un enorme
freno al estado planificador. Sin la capacidad de expandir la oferta monetaria
a voluntad, el gobierno federal se convertiría en tan amenazador como el
gobierno estatal o local. Es decir, el gobierno federal seguiría siendo una
imposición intolerable a la vida, la libertad y la propiedad, pero no
tendríamos que preocuparnos acerca de la hiperinflación, las burbujas a gran
escala en sectores concretos, los ciclos económicos de locos, los rescates de
billones de dólares, los controles que llegan a cada tornillo y tuerca de
nuestra vida, el estado de bienestar de la cuna a la tumba o el imperio global
que invade a voluntad todos y cada uno de los países y hace de Estados Unidos
el enemigo de regiones enteras del mundo.
Eso es solo el principio de lo que
significaría el final de la Fed. Cambiaría radicalmente la cultura política en
este país. Las burocracias se tambalearían. El comercio se estabilizaría. El
cálculo del riesgo de inversión sería acorde con el libre mercado. La derecha
ya no podría realizar su quimera de la utopía socialista a nuestra costa. La
derecha tendría que renunciar a su descabellada idea de ser el estado policía
mundial. Las ambiciones de poder de sectores enteros de la sociedad se
rebajarían.
El estado es un peligro siempre y
en todas partes, incluso cuando no tiene el monopolio del dinero ni una
imprenta para pueda crear billetes a voluntad. Pero un estado con la capacidad
de fabricar su propio dinero es una amenaza grave y constante para la
prosperidad y la libertad. Deja el futuro completamente a la discreción de los
gestores del dinero. Vivimos cada día bajo la amenaza de que Estados Unidos sea
la próxima República de Weimar o incluso otro Zimbabue. Todo lo que se
interpone entre nosotros y ese día es la sabiduría y prudencia de la Fed.
Y hemos visto en fechas recientes
cómo trata ésta el asunto cuando golpea la crisis. Hemos aprendido que nada
importa para esta gente salvo el bienestar a corto plazo de ellos mismos y sus
amigos. Renunciarán encantados a nuestro futuro por su satisfacción inmediata.
Hemos aprendido que el Congreso
(con la única y heroica excepción de Ron Paul) no ayuda. También fue comprado
con moneda recién impresa, igual que si el falsificador local estuviera de
acuerdo en colarse en el conejo municipal. Muchos nos hemos preguntado si el
gobierno y su banco central eran capaces o no de repetir calamidades históricas
como los controles de salarios y pecios o la destrucción monetaria total. Pero
ahora vemos que no hay límites institucionalizados al nivel de depredación al
que están dispuestos a llegar.
Pero lo que falta hoy frente al
pasado es una justificación racional. Hubo un tiempo en que los inflacionistas
podían confiar en las promesas del keynesianismo de convertir las piedras en
pan. Hoy pocos creen que sea posible.
Podemos detectar la ausencia de una
teoría sólida en los términos utilizados para debatir la respuesta política.
Por un lado, todos parecen estar de acuerdo en que el préstamo desaforado es el
origen del problema. Por el otro, proponen más préstamo desaforado como
solución al problema. Es como decía Hayek: proponer curar un envenenamiento con
más veneno.
¿Cree alguien que rescatar el
sistema es la respuesta? Tal vez hace unas pocas semanas todavía había
políticos que creían eso. Pero cuando los miles de millones y billones han
fracasado en hacer algo salvo apuntalar compañías muertas, queda claro que
estos rescates no tienen ni pueden tener ningún efecto macroeconómico positivo.
Los gobiernos pueden pretender ser
eficaces de diversas maneras. Pueden prohibir productos “por tu propio bien”.
Pueden ir a ultramar y declarar que están matando a mala gente. Pueden decir
que te están protegiendo de la pobreza en ambos extremos de la vida. Pero una
cosa que el gobierno no puede hacer, y es muy evidente que no puede hacer, es
detener a los precios que quieren caer de caer, si todo lo demás sigue igual.
Un gobierno que entabla una guerra
al sistema de precios es un gobierno con ganas de perder una pelea.
La política de estabilización en
una guerra contra la volición humana. Pensemos en los recientes esfuerzos de
inflar la oferta monetaria. La Fed está creando reservas como nunca antes. Las
están poniendo disponibles para los bancos a niveles sin precedentes. Entretanto,
los bancos juegan sobre seguro y esperan a ver qué es rentable y qué no. Esto
es también aproximadamente lo mismo que pasó en 1930. El banco central trató de
inflar a través de los mercados del crédito, pero acabó topándose contra la
falta de voluntad de la gente se asumir el riesgo.
Lo mismo pasa hoy. Falta el
mecanismo crítico que haga posible que la Fed haga lo que quiere hacer. Es en
realidad como poner a todos en un campo de emergencia y obligarles a pedir
prestado, prestar y gastar, hay muy poco que pueda hacer la Fed para superar
este inconveniente.
Cuando hablas a la gente sobre este
asunto, es mejor utilizar una analogía sencilla. Escoge cualquier producto que
se te ocurra. Digamos que es el precio de la leche el que cae bruscamente y a los
productores de leche no les gusta este estado de cosas. El gobierno promete que
subirá el precio de la leche y lo hace por decreto. Se dice que la leche
costará 6$ por galón. ¿Qué pasará? Se quedará en las estanterías mientras que
los consumidores acudirán a los sustitutivos.
Entonces las propias tiendas
tendrán excedentes y podrían incluso reclamar indemnizaciones. Sin duda no
comprarán más a los productores. Entonces los productores se quejarán. En este
momento, el gobierno puede rescatar a los productores y comprar él mismo la
leche. Tal vez acaben obligando a todos a comprar leche y beberla. Pero al
final, lejos de convertir a los ciudadanos en soldaditos de plomo, no hay nada
que pueda hacer el gobierno para cambiar la realidad subyacente. Una guerra
contra los precios en una guerra contra las elecciones humanas y, en
definitiva, una guerra contra aspectos inalterables de la realidad.
Afrontar esta realidad es mirar
cara a cara la ley económica. La ley económica es algo que nos rodea
constantemente como un hecho de la vida y una fuerza motriz del mundo material.
Negar la ley económica equivale a negar la gravedad o el cambio de estaciones.
Pero sus principios permanecen los suficientemente abstractos como para
requerir un pensamiento cuidadoso para discernirlos y comprender su
significado.
Los malos tiempos son buenos
tiempos para presentar ideas económicas a gente que de otra forma se
contentaría siendo completamente inconcientes. Más absurdamente, los ignorantes
y propagandistas continuarán afirmando que el desplome económico es resultado
del laissez faire o de demasiada poca regulación o de una falta de una muy
necesaria nacionalización y socialización. Una pequeña presentación de la
realidad de la ley económica puede cambiarlo todo.
Pero volvamos a las realidades de
la situación actual. Hay realmente un riesgo de un mayor desplome, dependiendo
de lo lejos que esté el gobierno dispuesto a ir en su guerra contra la
realidad. Por otro lado, hay formas de evitar una calamidad. Pronto oiremos
informes de mucho mayor desempleo. Hay una necesidad urgente de recortar los
impuestos al empleo, acabar con el salario mínimo, reducir los mandatos a las
empresas, abolir los privilegios sindicales, rebajar las cotizaciones a la
Seguridad Social, abandonar la ley de discriminación en el trabajo; todo para
restaurar un mercado libre en el trabajo.
Haya asimismo posibilidades de una
reforma monetaria radical. Un patrón moneda-oro sería lo ideal. A falta de esta
solución, una abolición de las restricciones en la producción de dinero privado
y en la banca sería un paso enorme e importante. Aún tenemos tiempo para
desactivar el poder de la banca central, arruinándola antes de que nos arruine.
Y aquí llegamos a la teoría
positiva del dinero y la banca desde una perspectiva austriaca. Ustedes
entenderán casi toda si asimilan la siguiente idea: El dinero es un producto
como cualquier otro. Debería producirse y gestionarse bajo condiciones
competitivas de mercado, igual que los zapatos, los huevos o los ordenadores.
La banca también es un servicio del mercado que debería gestionar el orden del
mercado, sin implicación del gobierno y así estar sujeta a la disciplina de las
fuerzas del mercado, incluyendo las restricciones contra el fraude.
Establecer un sistema de mercado de
la moneda y la banca no requiere salvo hacer que el gobierno se aparte
completamente. Podría parecer improbable, pero lo mismo parecía el desplome de
la Unión Soviética en 1989. La ideología socialista estaba en quiebra de la
misma forma en que Rusia estaba en quiebra. Lo mismo pasa ahora. Los
principales participantes en el sistema bancario están quebrados de la misma
forma que la política de estabilización está quebrada intelectualmente. No
podemos descartar el impacto de la quiebra intelectual en la historia económica
real.
Hay cierta justicia poética en que
la alarma en el banco central sea la fuerza impulsora del nuevo interés por la
escuela austriaca. La economía austriaca nació con las reflexiones e
innovaciones de Carl Menger sobre la naturaleza y la función del dinero. Maduró
bajo las propias contribuciones y advertencias de Mises sobre los peligros de
la banca central. Hayek se unió a Mises en las décadas de 1920 y 1930 para
centrarse en el ciclo económico y los peligros de usar el sistema monetario y bancario
como herramienta de estabilización. Esto llevó a otras reflexiones sobre
principios macroeconómicos.
Mises y Hajek vivían en un mundo
que había caído presa del keynesianismo, así que su consejo fue rechazado por
estar pasado de moda. Hoy ha desaparecido esa creencia y la gente busca nuevas
respuestas.
Es hora de que le mundo vuelva a la
escuela de pensamiento económico que predijo esta crisis actual, explica sus
orígenes y fuentes y ofrece la única salida factible. No importa que algunos de
sus escritos daten de más de 100 años o, en el caso de nuestros predecesores,
incluso hasta 800 años. La ciencia económica enseña verdades eternas. La moneda
fuerte es una necesidad inmutable siempre y en todo lugar.
Me agrada decir que hoy no tengo
ninguna obligación de explicarles por qué importa la economía austriaca.
Sabemos que es así. Sabemos que es el único aparato técnico que explica
completamente el aparente caos que hoy nos rodea. Pero la escuela austriaca
hace más que sencillamente explicar por qué nos encontramos en el peor desplome
monetario en varias generaciones. Nos muestras la salida, ofreciendo una visión
alcanzable de la comunidad libre y próspera de Mises.
También me agrada decirles que,
igual que los últimos 26 años, siempre pueden contar con el Instituto Mises
para mostrar el camino.
Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente del Instituto
Ludwig von Mises en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de The
Left, the Right, and the State.